Escenario-3: El mundo - ágora — cambiar las personas que cambian las cosas para la sostenibilidad de todas las formas y modos de vida en el planeta
“El problema del ‘modo clásico’ de innovación no es necesariamente su origen europeo sino el hecho de que, siendo una concepción particular, desarrollada desde cierto lugar, por ciertos actores y en ciertos idiomas, haya sido impuesto a todos como el único modo posible para la innovación del desarrollo (…) Si el ‘modo clásico’—eurocéntrico—no ha resultado satisfactorio para promover el bienestar inclusivo, ha llegado la hora de innovar nuestra forma de innovar” (Arturo Escobar; Prefacio: ¿Por qué innovar nuestra forma de innovar?, en De Souza Silva et al. 2005: 18, 19)
El Holocausto y la bomba atómica quebraron el encanto de la humanidad con la ciencia. La neutralidad de la ciencia es un mito (Leiss 1974), porque ésta aporta tanto para avances relevantes de las sociedades (Bush 1945) como a la desigualdad de la humanidad (Morazé 1979) y a la vulnerabilidad del planeta (Kovel 2002). Mayo de 1968 dejó huellas culturales que demarcan el inicio de la era de la indignación con los excesos cometidos en nombre del “desarrollo”. ¿Qué premisas sostienen la civilización occidental y hacen vulnerables a la humanidad y el planeta? ¿Qué valores sostienen la sociedad industrial cuya coherencia productiva, simbólica y de consumo no está en correspondencia con los límites del planeta?
Las respuestas a estas y otras preguntas críticas establecieron la crisis de significados de la ‘civilización del tener’. Ahí tuvo origen la revolución cultural cuyo compromiso con la totalidad de la realidad crea la metáfora de la trama de vida para traducir la complejidad, interdependencia, diversidad y contradicciones de la existencia. Dicha metáfora crea una imagen organizativa distinta de las formas c onocidas de organización dentro del marco del ‘modo clásico’ de innovación.
A partir de la metáfora de la ‘trama’ de vida, surge otro ‘régimen de verdades’ sobre qué es y cómo funciona la realidad. Bajo la prevalencia de la revolución cultural, dicho régimen de verdades se materializa en una visión contextual de mundo (Anexo-1) donde el c ontexto es la referencia, la interacción la estrategia y la ética el garante de la sostenibilidad de todas las formas y modos de vida en el planeta (De Souza Silva et al. 2005). Dicha concepción contextual de la realidad es influenciada por las contribuciones de ciertas corrientes de pensamiento como el ambientalismo, feminismo, ecología profunda, neo-marxismo y teoría de la complejidad. Dichas contribuciones consolidan el paradigma constructivista (Anexo-2) detrás de los marcos orientadores de un número todavía pequeño pero ya creciente de procesos de cambio institucional.
Una consecuencia es la creación de otra ‘praxis’ en la ‘innovación para el desarrollo’, una teoría de acción contextual que responde a la metáfora del mundo-trama de relaciones y significados entre diferentes formas y modos de vida. A pesar de la complejidad de la imagen de una ‘trama’ para interpretar la realidad, el ‘mundo-trama’ es un de Ágora. Conforme fue inventado en la Grecia clásica, el Ágora es hoy un espacio democrático de interacción intercultural e interinstitucional para la negociación entre actores sociales con intereses en conflicto pero con por lo menos un propósito común. Los marcos orientadores del cambio institucional derivados de la racionalidad comunicativa de la revolución cultural combinan las metáforas, premisas y promesas constructivistas que influencian la percepción, decisiones y acciones de líderes, gerentes, estrategas, donantes y facilitadores de los procesos de transformación institucional.
En este escenario, la filosofía de innovación es la de cambiar las personas que cambian las cosas. En el Ágora, la interacción es la estrategia inevitable ya que en este escenario la responsabilidad de la sostenibilidad es de la sociedad. Los problemas de vulnerabilidad de la humanidad y del planeta son percibidos como ‘problemas antropogénicos’—creados por la acción humana. Eso implica que la sostenibilidad es una ‘propiedad emergente’ de la interacción humana (Röling 2000). Si el régimen de verdades del ‘modo clásico’ hizo vulnerable a la humanidad y el planeta cambiando las cosas para cambiar las personas, el constructivismo propone contribuir a nuestra sostenibilidad cambiando las personas que cambian las cosas. Se cambian los modos de interpretación e intervención dominantes en la construcción de la vulnerabilidad. Se cambian a las personas que tienen razones para transformar de forma significativa las reglas, roles y arreglos de su realidad. Dichos actores hacen un proceso de deconstrucción y descolonización del ‘modo clásico’ de innovación, que condiciona su forma de ser, sentir, pensar, hacer y hablar. Si la estrategia filosófica (cambiar las personas) y metodológica (deconstrucción y descolonización) es sostenida, existe una fuerte posibilidad de que los procesos de cambio institucional sean exitosos.
En este escenario, la sociedad es responsable por la innovación para la transformación institucional; los marcos orientadores del cambio son contextuales, interactivos y éticos. La sabiduría está dentro y fuera de la organización, porque la complejidad de un proceso de cambio institucional requiere un diálogo de saberes entre el conocimiento sistematizado de los expertos y el conocimiento tácito de los actores locales. La concepción y ejecución del cambio ocurren de forma interactiva, combinando razón y emoción. Los participantes entienden el ‘por qué’ cambiar, ‘para el beneficio de quiénes’ realizar el cambio, ‘qué’ cambiar y ‘con quiénes’ realizar el cambio, antes de definir el ‘cómo’ realizar el cambio. Los fracasos internos y externos emergen de complejos procesos de interacción social donde hay conflicto entre el poder (política) y el saber (ciencia) afectando la vida (ética). Así, los ‘excluidos’— pobres, hambrientos, desempleados —
emergen de relaciones asimétricas en procesos desiguales de generación, acceso, distribución y apropiación de información, riqueza y poder. Si el contexto es cambiante, las organizaciones sostenibles son las organizaciones cambiantes, las que aprenden cambiándose a sí mismas.
Asumiendo a las personas como ‘talentos’ humanos, practicando la ‘gerencia en la turbulencia’ con ‘gerentes solidarios y éticos’, confiando en la interacción humana para movilizar la imaginación, capacidad y compromiso de los interesados en la solución de problemas antropogénicos, considerando la complejidad y multi-causalidad de los problemas complejos, haciendo de las teorías pos-coloniales, no-eurocéntricas, su fuente de inspiración teórica y orientación práctica (apoyadas por teorías transdisciplinarias: Teoría de la Red de Actores, Teoría Crítica, Teoría del Discurso, Teoría Feminista y Teoría de la Complej idad, cuando esta es desarrollada por filósofos), valorizando las historias locales sobre los diseños globales, considerando las relaciones entre poder (política) y saber (ciencia) que afectan la vida (ética), deconstruyendo, descolonizando y reconstruyendo modos de interpretación e intervención dominantes, y asumiendo el contexto como
referencia para diagnósticos y propuestas, los procesos constructivistas de transformación institucional son relevantes y sostenibles; su éxito es muy probable (De Souza Silva et al. 2006).
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