Escenario-1: El mundo-máquina—cambiar las cosas para cambiar las personas hacia una mayor eficiencia productiva
“Al nivel existencial humano, la característica más alarmante de la nueva economía tal vez sea el hecho de estar modelada…por máquinas…el denominado ‘mercado global’ no es un mercado, sino una red de máquinas programadas según un único valor — hacer dinero por hacer dinero — y con absoluta exclusión de cualquier otro… No se trata de una cuestión de técnica, sino de política y…valores humanos” (Fritjof Capra, Las Conexiones Ocultas: Implicaciones sociales, medioambientales y biológicas de una nueva visión de mundo, en Capra 2003a:185; subrayado nuestro)
Al final de la primera mitad del siglo XX, el ‘sistema de técnicas’ del industrialismo ya emitía algunas señales de agotamiento, anunciando una crisis que se materializó a partir de los años 60. Las respuestas a dichas señales y crisis también empezaron temprano. A pesar de lo poco visibles inicialmente, varias revoluciones científico-técnicas emergieron en la robótica, nuevos materiales, biotecnología, nanotecnología y tecnología de la información, con esta última prevaleciendo en el desarrollo de las demás, que dependen de sus avances para sus propios avances. La prevalencia de la racionalidad electrónica de la revolución en la tecnología de la información se manifiesta a través de su potencial para (i) conectar diferentes medios de comunicación próximos o remotos; (ii) permitir la traducción de distintos lenguajes (escritos, visuales, sonoros) que antes no se comunicaban al lenguaje informático-digital; y, (iii) dinamizar, de forma comprensiva y en tiempo real, el flujo de distintos tipos de información entre actores que no necesariamente precisan estar próximos ni conocerse previamente.
Por lo tanto, la crisis del sistema de técnicas del industrialismo dio origen a una revolución tecnológica, cuya comprensión se ha cristalizado en la metáfora de la red para traducir la complejidad de las relaciones que dinamizan sus posibilidades (Castells 1996). Dicha metáfora crea una imagen organizativa distinta de las formas de organización conocidas dentro del marco del ‘modo clásico’ de innovación. A partir de la metáfora de la ‘red’, surge otro ‘régimen de verdades’ sobre cómo funciona la realidad. Bajo la prevalencia de la revolución en la tecnología de la información, dicho régimen de verdades se está materializando en una visión cibernética de mundo (Anexo-1) donde la información es el factor estratégico crítico para la creación de riqueza y poder (Castells 1996). Dicha concepción cibernética es influenciada por el racionalismo. La
convergencia entre la informática, biotecnología, nanotecnología y neurociencias (Grupo ETC 2003), y la contribución de la nueva ciencia de la complejidad, están consolidando el paradigma neo-racionalista (Anexo- 2).
La consecuencia es la configuración de otra ‘praxis’ en la ‘innovación para el desarrollo’, una teoría de acción instrumental que responde al ‘neo-racionalismo’ dominante en el mundored. A pesar de la sofisticación de la imagen de una ‘red’ para interpretar y transformar la realidad, el ‘mundo-red’ es todavía un ‘mundo-máquina’. Se trata de una máquina cibernética que funciona como un sistema de información complejo, auto-regulado, conocible, describible, controlable, manejable y predecible que atiende a las ‘leyes’ naturales de la complej idad. Los modelos para el cambio institucional derivados de la revolución tecnológica actúan bajo la herencia positivista del ‘modo clásico’ de innovación combinando metáforas, premisas y promesas neoracionalistas que condicionan la percepción, decisiones y acciones de muchos líderes, gerentes, estrategas, donantes y facilitadores de procesos de transformación institucional.
En este escenario, la filosofía de innovación para la transformación institucional es la de cambiar las cosas para cambiar las personas. En la máquina no hay gente. La ‘máquina’ antigua era constituida de ‘partes’ y ‘piezas’. Los cambios se restringían principalmente en el ‘(re)arreglo’ y/o ‘reemplazo’ de ciertas ‘partes’ y ‘piezas’. En la máquina cibernética el abanico de opciones es amplio, complejo y sofisticado. La novedad está en el cambio de ‘procesos’—no del ‘régimen de verdades’ de las personas—afectando las reglas, roles y arreglos previos. Los pocos cambios dirigidos a las personas enfatizan el desarrollo de nuevas habilidades para operar sistemas complejos, pero no para transformar ‘regímenes de verdades’. Cuando hay la necesidad de introducir nuevas verdades, el proceso es mucho más de inducción e imposición de una ‘lista’ de lo
que ‘no se debe hacer’ y otra ‘lista’ de lo que ‘se debe hacer’.
Hoy es común la ‘adquisición’ de computadoras, ‘implantación’ de redes electrónicas, ‘reingeniería’ de procesos y la ‘capacitación’ de los empleados para que estos ‘absorban’ las nueva tecnología, sus códigos y las nuevas reglas, roles y arreglos institucionalizadas. Antiguas ‘estructuras’ y ‘funciones’ se hacen obsoletas y nuevas son definidas como relevantes en la eterna búsqueda de ‘eficiencia’. Sólo la ‘dimensión— dura — organizacional’ es cambiada sin transformar de forma relevante la ‘dimensión — blanda — institucional’ constitutiva de la forma de ser, sentir, pensar, hacer y hablar de las personas. Las personas no están conscientes de sus antiguas verdades ni del por qué ellas ya no son válidas. Modos de interpretación e intervención son ‘mecánicamente reemplazados’, y no ‘transformados’ con la participación consciente de los actores que podrían cambiar por convicción y no por conveniencia. Estos cambios siempre crean un nuevo ‘documento’ pero difícilmente otro ‘comportamiento’, lo que explica sus fracasos.
En el escenario neo-racionalista, las máquinas están en el comando de la innovación para la transformación institucional. Los modelos para el cambio se presentan como universales, funcionan de forma mecánica y asumen que son neutrales. La sabiduría está fuera y no dentro de las organizaciones; los expertos son los que tienen el ‘conocimiento científico’ imprescindible para el éxito. El cambio tiene como finalidad la mejoría de la eficiencia productiva, y su dinámica tiene un efecto alienante entre los participantes, porque la dimensión estratégica de su concepción es desarrollada lejos de los que realizan su ejecución, dividiendo los que cambiarán por convicción de los que se adaptarán por imposición o conveniencia. Los fracasos internos y externos son vistos como consecuencia de la ineficiencia, porque las sociedades y organizaciones eficientes son sostenibles. El mundo es de los más eficientes. Los ‘excluidos’—pobres, hambrientos,
desempleados—son los que no lograron ser eficientes.
Asumiendo a las personas como ‘recursos’ humanos, practicando la ‘gerencia de la eficiencia’ con ‘gerentes eficientes e indiferentes’, confiando en la tecnociencia como fuente de solución para los problemas, reduciendo problemas complejos a una cuestión de información, haciendo de la Teoría de Sistemas, Reingeniería, Calidad Total, Teoría del Caos, Matemática Fractal, Modelos de Simulación Computacional, Sistemas de Información Gerencial y Balanced Score Cards su fuente de inspiración teórica y orientación práctica, asumiendo la morfología de la ‘red’ como la panacea para los problemas organizativos, sin valorizar las historias, saberes, valores y aspiraciones locales, promoviendo el individualismo y la indiferencia como estrategias del éxito, ignorando las relaciones entre poder (política) y saber (ciencia) que afectan la vida (ética), sin (de)(re)construir los modos de interpretación e intervención dominantes, y sin tomar el contexto como referencia para sus diagnósticos y propuestas, los procesos neo-racionalistas de transformación institucional son extremadamente vulnerables, y su fracaso es muy probable (De Souza Silva et al. 2006).
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