VALORES PARA TRASCENDER HACIA LA DIMENSIÓN ÉTICO TRANSFORMACIONAL
Por Lila de Nazaret Atencio de Perez, desde Venezuela
El mundo cambia rápidamente, los avances obligan a que el ser humano enfile junto con el otro, con el hermano, sus acciones para ponerse a tono con las nuevas situaciones. Bajo esta premisa, las organizaciones no escapan a estos cambios, especialmente si afecta su quehacer y hacer organizacional.
En este sentido los valores, elementos claves de la cultura organizacional, constituyen una de las vías más expeditas para conocer todo aquello que en la organización se considere importante. Son eventos esenciales del proceso de cambio y modernización que permiten crear una plataforma sólida y resistente para compartir el diario trajinar. La estrategia se basa en desarrollar trabajadores ético transformacionales, cuya actuación se fundamente en valores identificados con equidad, justicia, ética, honestidad, humanitarismo, entre un gran numero de ellos de igual o mayo relevancia relacionados con la dignidad y el respeto a los derechos humanos, sin desconocer otros valores presentes en la organización como la productividad, la eficacia, la responsabilidad y otras de mayor o igual importancia para el desarrollo y mantenimiento de la organización. Los nuevos tiempos y tendencias como expresa Koter (2000) requieren de un liderazgo transformacional; inspirador, visionario que se convierta en el “motor” de sus seguidores, y por ende en el “líder” del cambio.
Trabajador-líder hacia una trascendencia en valores
Los valores producen un efecto poderoso en el trabajador-líder cuando los acepta amplia y genuinamente, mejoran la calidad y precisión del quehacer organizacional, así como la capacidad para la administración y las actividades que realiza; ya que siente que será tratado con justicia e igualdad en caso de que sus planes fracasen, y premiado cuando decide con creatividad, independencia, innovación, compromiso y autorrealización. Su finalidad es buscar el éxito personal y organizacional a través de su motivadora inspiración, gestionada por medio del respeto, dignidad, vocación, flexibilidad, empatía, colaboración, cooperación, creatividad, innovación, diversión, visión y confianza.
En un análisis antropológico de los valores Siliceo, Casares y González (2000:51) expresan que estos representan normas e ideales de comportamiento sobre los que descansa una cultura con modo de vida integrado. Orientan y le dan significación a la visión y a la misión de un grupo identificado por principios, creencias, actitudes, comportamientos, roles, entre otros. En ellos, consciente o inconscientemente se refleja la generación presente y el modo como desea vivir respecto a la realización humana del grupo y de los individuos. Los valores desde esta óptica:
Son aquellas concepciones prácticas (y normativas) heredadas o, si es el caso, innovadas por generaciones presentes, en las cuales la sabiduría colectiva descubre que se juegan los aspectos más fundamentales de su sobrevivencia física y de su desarrollo humano, de su seguridad presente y de su voluntad de trascender al tiempo mediante sus sucesores. En este tiempo, se puede decir que toda cultura es un valor pero no todo en la cultura forma parte de su escala de valores. Los valores sólo identifican y reproducen actitudes y concepciones que se encuentran en los cimientos mismos de la dinámica cultural y de la vida social.
Por otra parte una vez que el hombre establece cual es el fin que desea perseguir en su vida como explica Cortina (1996), se puede determinar entonces el estilo de conciencia y de conducta que conjuntamente con los valores permitan alcanzar metas intermedias y finales. Para esta autora es importante orientar la conducta sobre la base de estos valores conscientes. Los valores de libertad y responsabilidad constituyen elementos importantes en el mundo ético. De acuerdo a esta aseveración, se tiene la libertad de elegir y decidir en un sentido u otro; en consecuencia la persona es responsable de su elección.
Es por ello que para elegir la decisión que sin afectar al otro, dé la respuesta más asertiva a una situación o problema, el hombre debe considerar el valor como una preferencia que los actores sienten o consideran que se justifica, ya sea moralmente a través de razonamiento y por juicios éticos centrados en el respeto a las opiniones divergentes; acorde con el orden social. En este particular los valores se modifican, adaptan, organizan y relacionan entre sí junto con el desarrollo de las personas. Los sistemas de valores personales expresan la participación de los actores en el proceso de influencia; el fin ultimo es lograr la disposición a aceptarlos no por imposición sino porque los comparte.
El eje central gira en torno a formular un proceso transicional centrado en la figura del trabajador como líder constructor de su eticidad y de todos aquellos valores que lo conducen al respeto hacia la dignidad humana, para trascender hacia el liderazgo transformacional. De esta manera se proponen como valores para esa transición ético transformacional, aquellos que se identifican con el individuo en su ser personal y libre, deseable en sí mismo. Nicolas (1993) los identifica como trascendentales y los concentra en cuatro categorías: la verdad, el bien, la belleza y la unidad.
La verdad
¿Dónde esta la verdad? ¿Y qué es la verdad? ¿Es cierto que la verdad no es una quimera? La verdad está en el espíritu del hombre, incluso es una obra de su espíritu, pero no es un simple producto cultural; porque si las ideas, los pensamientos, la doctrina, los principios y las creencias del hombre pueden ser verdaderas, no lo son por obra de su decreto libre de su voluntad, ni tampoco por decisión de una sociedad cultural. La verdad no es una forma de ver, es una conformidad del espíritu del hombre con la realidad material que requiere del hombre que la comprenda, se necesita que su espíritu se apodere de su sentido inteligible. Cuanto más material es la realidad, más tendrá que someterse a los métodos materiales de investigación, se trata de toda la parte experimental del trabajo científico.
La verdad entonces, gracias al espíritu que la origina y la comprende, es espiritual y libre; pero además, es verdad para todo espíritu que la comprenda por encima de todo, porque el sentido de lo real sólo es aprehendido y entendido por el espíritu. La verdad es el bien de la inteligencia humana universal. Y es un bien para toda inteligencia humana. Por eso es un valor que se ha de concebir como trascendental, ya que no es ni temporal, ni cultural; es universal y real. No es tampoco una singularidad fugitiva como la opinión, ni una quimera como las que fabrica la imaginación, es como expresa Nicolas (1993:60:
“… bien y alimento de la inteligencia espiritual y libre, que ha sabido arrancar ese tesoro a la realidad sensible.
Numerosa verdad: tantos sentidos que liberar de lo real, por obra de tantos espíritus humanos y tantas disciplinas intelectuales.
Lo verdadero es el fin trascendental de mi inteligencia. Tengo que buscarlo igual en medio de las dificultades de su conquista que en los gozos que procura tanto si al final lo consigo como si fracaso.
La verdad por ser esencia que encierra su propio significado, es muy difícil de conseguir, por ello la necesidad que tiene de asirse al espíritu del hombre desde su ser interno, con la humildad del espíritu ante lo verdadero, el servicio del espíritu a lo verdadero y el bien espiritual de la verdad.
El bien
Si existen muchos hombres escépticos sobre su poder para conocer la verdad, son todavía mayores aquellos confundidos con el bien. El bien es una verdad para vivirla, una verdad que toma forma en cuanto necesita: mi cuerpo, mi corazón y mi vida. Pero ¿qué es el bien? Es todo aquello que ofrece ayuda, aliento, placer, felicidad. Sin embargo el bien trascendental, es universal y real, dando respuesta a la libertad del espíritu humano, quien podrá discernir que todo el orden natural, todo el terreno cultural, toda la vida humana de relaciones intimas y personales, están cargadas de bien. En definitiva todo aquello deseable; que ayuda, alienta, da placer y felicidad es un valor trascendente. Sin embargo, estos muchas veces están en entredicho por el bien moral, por causa del deber impuesto por coacción.
EL bien responde a lo que el hombre es espiritual y libre, que aspira al bien trascendental. ¿Pero cómo es un hombre fuente de bien? Poniendo en práctica dos límites: el primero es lo que se conoce como la necesidad natural o de otro tipo, considerada como una constricción. El segundo es la voluntad divina, filtrada a través del enorme prisma de la existencia del individuo, identificado con la conciencia. Nicolas (1993:62) explica que hablar muy de cerca de la conciencia no es sólo:
…. la obligación moral, o la ley de Dios, ley natural de Dios, por así llamarla, ya que no se trata en este caso de un decálogo que exigiría la fe para reconocerla. La ley moral en nuestra conciencia bajo la forma del deber es tan natural como el deseo de los bienes naturales. No se requiere ninguna fe; puede admitirla y reconocerla la filosofía sóla… Lo obligatorio y lo deseable deben unirse necesariamente.
A partir de estas concepciones sobre el bien visto como un valor trascendente, se llega a la firme convicción de que la ley moral, es decir el bien, le pide en la generalidad de las veces al ser humano, que posponga el disfrute de los bienes materiales y culturales, a ese bien espiritual que es el ser del hombre. Esto en definitiva, llevaría al hombre a construir una vida llena de felicidad, de dignidad, de valores y de satisfacciones.
La belleza
Este valor ofrece dificultad para ser asimilado por el hombre en el mundo, debido que no es como el bien que hay que cumplirlo o que hay que utilizarlo aunque sólo sea para gozar de él; se trata de un bien deseable de mirar, de ver.
¿Será acaso la belleza una forma de la verdad que también hay que ver con los ojos de la inteligencia, o sea que hay que comprender? Desde luego que no; porque en este caso se trata de comprenderla y experimentarla. Es un sentimiento que hace surgir un gozo desinteresado, se trata de amor a los valores, amor a las personas. Se trata de un valor de contemplación hacia el espectáculo de la naturaleza, hacia el rostro del otro (el prójimo) y hacia el propio cuerpo humano. En todo caso al ser la belleza un sentimiento desinteresado, es también una forma de amor. Es una mirada, es esa mirada que constituye un acto de amor, ese amor se contenta con ser una mirada. Se trata por tanto de contemplación. La belleza es lo que queda por saborear y por ver en el ser, independientemente de los demás valores que siempre es posible buscar y encontrar.
De allí, que la pureza y elevación de este valor trascendental para el hombre debe estar liberado de los problemas intelectuales y morales, liberado de las constricciones naturales, de las necesidades físicas, liberado del imperio de los deseo del disfrute. Así, la belleza natural, lo mismo que la belleza de las obras de arte, remite al ser humano la belleza como valor trascendente: toda realidad rica dada gratuitamente a la conciencia, para ser solamente contemplada. Nicolas (1993:65) se hace la siguiente interrogante:
¿Eclipsa la belleza el valor de la verdad y el valor del bien? No, desde luego; incluso, en cierto modo, eso dos valores se manifiestan más allá de ella: el misterioso autor de todo ser, así como el artista, llena forzosamente su obra de esos otros bienes y nosotros podemos, a veces debemos, buscarlos en ella. Pero la belleza es otra cosa y no pide más que ser contemplada. En este sentido, se dirá que aparece. Lo cual no es verdad más que relativamente, puesto que está ciertamente allí, como algo hermoso, allí, en el ser, pleno a su vez de riquezas.
La belleza como valor trascendental en todo caso, se puede gozar de ella en todas partes y crearla en todas partes. De allí, esos gozos estéticos tan familiares que quizás se tiendan a descuidar. Lo mismo que el bien, lo mismo que la verdad, la belleza trata siempre según la medida de buscar los medios para encontrar el ideal transformacional del ser humano.
La unidad
Es menester que los valores sean convergentes y que estén unidos, puesto que son los valores del ser objeto de la metafísica, uno y diverso y son por otra parte valores-visión-misión del ideal fundamental de la persona, puesto que están por encima de su diversidad cultural y remiten a la única causa del ser, el respeto por la dignidad de la persona humana, la unidad entonces, es la identidad del ser más profundamente conocida. De allí, surge el principio de la identidad que explica la ley natural de la armonía y la unidad de todos los seres. La unidad acompaña a todo cuanto existe, o por lo menos debería acompañarlo, porque donde la unidad falta surge el desorden, desintegración, descomposición, destrucción, conflicto, odio, entre otras desuniones propias de la unidad. Es por ello, que se hace imprescindible convencer a todas las personas que aman realmente la verdad, el bien, la unidad del hombre; que ellos como valores son portadores de la belleza trascendental, a la que debe estar integrado todo ser humano consciente que vive en el mundo, y no con el mundo, que está con las personas y no para las personas. En definitiva como expresa De Vries (1999) “que vive con y no vive de”.
De estos valores trascendentales; la verdad, el bien, la unidad y la belleza; surgen todos los valores identificados con la conducta y el comportamiento de las personas, entre los cuales se destaca con mayor significación para transcender hacia la dimensión ético transformacional en la organización son; creatividad, justicia, responsabilidad, prudencia, solidaridad y tolerancia.
Creatividad
El valor de la creatividad se presenta como un potencial interno que posee el ser humano, encierra un cúmulo de características personales y sociales que la hacen valiosa, resaltando las actitudes relacionadas con el temperamento, los valores y las emociones. Fomenta otros valores como; la espontaneidad, flexibilidad, originalidad, capacidad para descubrir relaciones, deseos de correr riesgos, gran sensibilidad, curiosidad, buena productividad, inconformismo, amor, libertad, imaginación, perseverancia, excentricidad, comunicación, motivación y otras relaciones de personalidad. En fin, propicia la autonomía, autosuficiencia, independencia, deseo de aventura y autorrealización.
Justicia
Este es un valor que pone en orden las relaciones entre las personas, hace que se respeten mutuamente los derechos y permite que se cumplan los deberes; siempre va acompañada de la sencillez, la sinceridad y la gratitud. Si hubiera entre las personas una práctica frecuente de este valor, habría un bienestar casi completo y habría mucha paz, como tanto predico San Francisco de Asis. La paz es obra directa de la justicia ya que está asida a la caridad y al bien al otro (el prójimo) promueve la unión de los corazones. En palabras textuales, él, recitaba frecuentemente esta plegaria, tomada de Siliceo (1997:121):
” Señor, ¡hazme un instrumento de paz!/ Donde haya odio, siembre yo amor/ Donde haya injuria, perdón/ Donde haya duda, fe/ Donde haya error, verdad/ Donde haya sombra, luz/ Donde haya desaliento, esperanza/ Donde haya tristeza, alegría.
¡Oh Divino Maestro! Consedeme que no busque ser consolado, sino consolar/ que no busque ser comprendido sino comprender/ que no busque ser amado, sino amar/ porque dando, recibo/ perdonando es como tu me perdonas/ y muriendo en Ti, nazco para la vida eterna.
Entre algunas de las prácticas ético transformacionaels que el trabajador como líder puede fomentar hacía sus iguales dentro de la organización están:
- Insistir en actuaciones justas, explicando situaciones injustas.
- Conducirlos a comprender y vivir mejor los motivos del valor de la justicia.
- Interactuar en situaciones particulares haciendo énfasis en las condiciones y circunstancias de las personas cuando toman decisiones.
- Hacer ver las necesidades de rectificación cuando se han tomado algunas decisiones erradas.
El trabajador-líder que desea practicar el valor de la justicia debe considerar tres aspectos: alteridad, derecho estricto e igualdad. La alteridad depende no sólo del acto de justicia hacia el otro, sino porqué el acto de justicia también puede ser con la propia persona; y tiene distintas respuestas. El derecho estricto, significa que no se trata de un regalo sino de algo debido. Por otra parte al hablar de igualdad se refiere a una adecuación exacta entre lo debido y lo entregado. En el valor de la justicia deben existir tres estructuras claramente identificadas: la relación del individuo consigo mismo (justicia comunicativa), el todo social para con los individuos (justicia distributiva) y los individuos con el todo social (justicia legal).
Responsabilidad
El valor de la responsabilidad significa dar respuesta a la llamada del otro. Aquello que pide respuesta puede ser la conciencia o bien el tu de un semejante, el nosotros de la sociedad y en ultimo término el yo. Para ello es preciso haber aprendido a oír y a escuchar, no sólo a nuestro yo interior, sino al del otro. El ser responsable se refleja en al acción de rendir cuentas, obedecer a la propia conciencia, obedecer a la autoridad, obedecer a los padres; pero no es un acto pasivo de esclavo sino un acto operativo de compromiso por convicción.
La responsabilidad puede corresponderse con una oportunidad de contribuir en una tarea común, sea en el orden de la información o en la decisión. En todo caso la responsabilidad es una vivencia profunda de algo importante. Es por ello que en el ámbito de la esencia propia del ser, la persona responsable asume las consecuencias de sus propios actos, intencionados o no, responsabilizándose de lo que es; a saber convivir, a saber decidir, a saber hacer y a saber construir; con una visión y una misión trascendental el futuro exitoso que desea para él y para el otro.
Prudencia
Buscar un nuevo arte para vivir sin el protagonismo y el heroísmo, debe ser una práctica fundamental de las personas desde su condición humana como actores principales de su organización, por cuanto la eficacia en sus metas estarían directamente relacionadas con la discrecionalidad y la prudencia que son virtudes consideradas por Aristóteles, como indispensables para el buen juicio del hombre como tomador de decisiones. El sabio del corazón será llamado prudente, considerado no como pusilánime y falta de audacia, si no como el hábito de actuar bien, clarificar el fin y buscar los medios para alcanzarlos. Al cultivar la virtud de la prudencia, el hombre se hace más audaz y menos insensato; la templanza del prudente no es insensibilidad; su justicia no es dureza y su paciencia no es servilismo. El hombre prudente entonces no significa el no equivocarse, sino rectificar cuando comete algún error, asumiendo con responsabilidad el riesgo por la decisión tomada.
Los tres actos más importantes de la sabiduría son: pedir consejo, juzgar rectamente y decidir; siendo la virtud de la prudencia el fundamento clave para reconocer las propias limitaciones del ser humano. La existencia de determinadas opiniones opuestas y juicios de valor representan esos límites que muchas veces no se deben dejar pasar por alto en bien del hombre y de su organización. Retrasar una respuesta cuando la decisión afecta la otro es un acto de prudencia. Aubenque (1999) haciendo una de las exposiciones más sugerentes y atractivas sobre la prudencia expresa que ella es la síntesis de todas las virtudes, es el buen juicio, el arte de la medida de las cosas y de la oportunidad en el obrar; implica valor, templanza, justicia y sabiduría práctica. Entiende que es la forma de poner de manifiesto y dar explicación al porqué el ser humano actúa desde la contingencia, la precariedad y la imprebisivilidad; de allí que deba medir su forma de comportarse, enfrentarse al azar y aceptar el riesgo de equivocarse.
Cuando se habla de prudencia la discreción es el condimento esencial que permite al hombre ponderar, callar y comedirse; ya que esta es una virtud caracterizada por el callar antes de emitir un juicio o una opinión al momento de la toma de alguna decisión, es una maravilla que se ha de administrar con sentido de responsabilidad, de cara a Dios y a los hombres, contribuyendo con su fortalecimiento; dotando de significado a la sabiduría del corazón y a la inteligencia del saber del conocimiento.
El éxito y la excelencia en una organización depende en gran parte de que sus líderes y seguidores sean prudentes, ponderados y discretos; sean objetivos, sin apasionamientos banales, no inclinando la balanza hacia el lado de la conveniencia para no crear fricciones al momento de la toma de decisiones. Significa cultivar la paz y la comprensión desde su propia condición humana, actuando con la práctica de la ética dialógica desde el “ser”, equilibrado con el deber ser.
Solidaridad
Juan XXIII definió este valor como universal ya que está presente en los hechos reales para identificarse con el otro, con sus necesidades, su pobreza espiritual y material. Por su parte Juan Pablo II señala que en este mundo deshumanizado y desequilibrado por la pobreza de muchos países sobre la riqueza de otros, es necesario solidarizar la globalización. Es un valor que representa un concepto abstracto que exige para todas las personas el derecho a satisfacer sus necesidades básicas de trabajo, salud, seguridad, educación y cultura.
La solidaridad va de la mano con la compasión y la sensibilidad, es decir es la capacidad para percibir el sufrimiento del otro y acompañarlo en sus sentimientos no como frase sino como experiencia, no puede quedarse en la percepción y el acompañamiento espiritual; necesariamente debe traducirse en hechos.
Tolerancia
Es un valor que constituye la piedra angular para encontrar y establecer el equilibrio entre dos situaciones controvertidas. Significa también el respeto por la opinión ajena fruto de la madurez de la persona. Es un valor universal de carácter social relacionado con la convivencia, la indulgencia, la consideración y hasta el consentimiento de los errores del otro.
Es una de las virtudes más importantes para la convivencia, porque los seres humanos tienen distintas apreciaciones de los hechos, distintos modos de entender la realidad o los ideales, distintas maneras de enfrentarlo, de actuar, de ser y madurar; razón por la cual es bueno ser comprensivo y tolerante. No juzguéis y no seréis juzgados. Con la misma vara que midas serás medidos dice el evangelio; y como el hombre es un ser imperfecto, ojalá Dios sea comprensivo y perdone la faltas que pueda cometer.
Visión y Misión ético transformacional
Para este siglo que ha comenzado, las organizaciones y cualquier sociedad civil organizada sea familia, vecindad, ciudad, país, nación, continente; deben aplicar los conceptos de visión y misión en su quehacer diario, asidos a los valores trascendentes que caracterizan a cada cultura. En estos términos van de la mano con el liderazgo y las tareas que los líders deben realizar y con las que se deben comprometer, en bien propio para responder con coherencia al otro (su prójimo). Porque todo ser humano y en particular los líderes, sin importar el campo de acción en que se desenvuelva (desde la familia hasta las grandes corporaciones, pasando por toda clase de empresa y organización social), ha de definir su tarea a partir de una visión, de una misión y de un código de valores acordados por convicción y no por coacción.
La visión debe entenderse según Siliceo A., G.-Angulo y Siliceo F. (2001), como la capacidad de desarrollar un proyecto de futuro, un sueño, un anhelo, un objetivo trascendental que se debe alcanzar. La misión es la acción cotidiana que define la identidad y tarea de un individuo o grupos (que podría reunirse en las preguntas: quiénes somos y para qué estamos en este mundo). En otras palabras, una misión es la razón de ser o existir de dicho individuo o grupo y la causa y fin de su actividad.
Visión
Es la capacidad de desarrollar la opción fundamental, el ideal, la futurización de un proyecto, es en definitiva todo aquello que representa el progreso o desarrollo de una meta. Toffer (citado por Siliceo “et al” 2001) expresa que la visión se identifica con no detener el futuro, es una responsabilidad moral para moldearlo para cambiar el destino en la dirección que se quiere.
La preocupación por el destino del hombre debe constituir el interés de todo esfuerzo técnico que nunca de olvidarse en medio de diagramas y ecuaciones según Einstein (citado por Siliceo “et al” 2001). La visión se identifica con las preguntas ¿hacia donde vamos? y ¿Qué queremos llegar a ser? García y Dolan (1999) señalan que la visión se genera a partir de:
• La historia y circunstancia personal y familiar del individuo.
• La percepción del mundo interior y exterior.
• El compromiso con uno mismo.
• El compromiso con los demás.
• El deseo de encontrar un destino mejor.
La visión se convierte en misión cuando:
• Se inicia el camino que se ha visualizado.
• Se confía en la voz interior y se es congruente con ella.
• Se tiene fortaleza y se actúa a pesar de las adversidades.
• Se da y recibe al mismo tiempo.
• Se es responsable y comprometido con el logro de la meta.
Misión
Siliceo, Casares y Gonzalez (2001) definen la misión como la acción cotidiana que define la identidad y tarea de una persona o grupo identificada con las preguntas ¿Quiénes somos? y ¿Para que estamos en este mundo? Sólo una vida vivida para los demás, vale la pena vivirla, en este sentido se debe vivir la vida dando a ésta un sentido trascendente mediante tres acciones: sobrevivir mientras este en mis manos, ayudar a quien lo necesite y aprender con un sentido positivo ante la vida.
Se entiende por misión según Ramirez y Cabello (1996), el objetivo fundamental de la empresa a través del cual se pretende establecer la meta fundamental que guiara a sus acciones.
Vivir ético transformacionalmente en el Contexto Organizacional
A partir de estos valores es oportuno realizar una autoevaluacion reflexiva sobre la forma de vivir organizadamente, y en este sentido la persona debe romper con esos viejos paradigmas centrados en el todo depende de, donde todo es relativo, se debe emerger hacia la construcción de los fundamentos éticos y de moralidad como auténticos principios y valores trascendentes por convicción y no por coacción. En este particular las condiciones indispensables para delimitar una nueva perspectiva del liderazgo desde la ética del ser, se pudieran señalar:
- Adscribir valores trascendentes a sus decisiones cotidianas.
- Decidir teniendo presente ser servidor social, sensible y cariñoso.
- Tomar las decisiones teniendo presente la participación voluntaria, espontanea y creativa.
- Poseer vocación profesional fomentando: el aprender a aprender, el aprender haciendo, el aprender ha ser, el aprender ha convivir y el aprender ha decidir.
- Decidir y actuar siendo en verdadero líder, administrador, comunicador y animador.
- Ser un líder: responsable, humano, sincero, confiable, honestos, honrado puntual, integro, ético, virtuoso, autogestionario, conciliador y negociador.
- Ser un modelo a seguir, racional e inteligente fomentando la justicia, la ecuanimidad, la comprensión, la tolerancia, la receptividad y el respeto.
- Ser un líder tomador de decisiones que impulse los cambio y transformaciones que necesita su organización.
- Practicar del liderazgo centrado en la ética y en valores para fomentar la criticidad y la creatividad.
- Fomentar valores de identidad nacional, regional y local.
Con estos pivotes, las concepciones sobre las nuevas teorías del liderazgo con paradigmas más acordes con la ética del ser, llevan a considera el estilo para liderizar, como el icono de transformaciones trascendentales en la organización; responsabilidad que descansa en el Liderazgo Transformacional. Es un estilo distinto en cuanto a su forma así como por los resultados que produce, constituyendo el principal vector de direccionalidad para convertir trabajadores sociales en agentes de cambio ético transformacionales.
El liderazgo transformacional se plantea entonces, como un proceso para producir cambios centrados en valores a través de dos niveles: el social desarrollado por Burns (1978) y el de Bass (1985) que apunta hacia lo particular y lo sitúa en la organización. Los autores expresan que el auténtico liderazgo no se logra diciendo que se quiere cambiar, este es un proceso de vital importancia donde el líder se propone una visión y una misión que le brinda la oportunidad de inspirar a otros a seguirle. Son confiables y coherentes entre el pensar, el sentir y el actuar, con una disposición al cambio no solo del contexto, sino de él, como ser humano. Covey (1997) propone que un líder transformacional debe practicar los siete hábitos de la gente eficaz: ser proactivo, visualizar el futuro, sabe priorizar, habilidad para negociar, utiliza la sinergia, vive la cultura de comprender para ser comprendido y esta siempre en constante aprendizaje.
Es por ello que el liderazgo transformacional reconoce, explota y crea necesidad o demanda de un seguidor potencial. Pero más allá de eso, este líder busca motivos viables, busca satisfacer necesidades altas, comprometiéndose con las personas, busca en definitiva, una relación de emulación y evaluación mutua que convierta seguidores en líderes y líderes en agentes ético transformacionales. Esto se explica en el hecho de que no sólo existe una relación de poder, sino de necesidades mutuas, aspiraciones y valores compartidos (personales-profesionales-organizacionales). Este es el estilo de líderes que necesita la organización, ya que respetando los principios y creencias, se originan valores éticos, morales y trascendentes capaces de transformar todo lo que toca. Las consideraciones acotadas introducen a la puesta en práctica del liderazgo transformacional con sus máximos exponentes: Burns (1978) con su teoría social y Bass (1985) con su teoría individual para cambiar personas sociales en agentes de cambio transformacional.
a) Teoría Social del Liderazgo Transformacional de Burns
El carácter social del liderazgo defiende el enfoque de un líder centrado en valores trascendente, donde las ideas se manejen mediante un proceso de moralidad como esencia propia del hombre. El liderazgo transformacional como expresa Burns, propone la interacción de una persona con otras, actuando como líder o seguidor para alcanzar conjuntamente valores del más alto nivel. Los propósitos de ambas partes que en un inicio pudieron ser diferentes, luego se integran y el poder del líder cumple la función de apoyo recíproco para el beneficio de todos.
Este tipo de liderazgo eleva el nivel ético de los líderes para actuar decidiendo desde el ser, (significado denotativo) convirtiendo personas meramente sociales, en agentes morales que toman decisiones ajustadas a valores trascendentes relacionados con: la verdad, el bien, la belleza y la unidad trascendental, así como valores aptitudinales y actitudinales identificados con: creatividad, justicia, prudencia, responsabilidad, solidaridad y tolerancia asidos a la integridad del ser humano. Por otra parte es dinámico, asumiendo seriamente el compromiso que lo vincula con sus seguidores, quienes se comprometen y se sienten identificados con el líder para convertirse en nuevos líderes. El ejercicio de este liderazgo anula emociones bajas como ambición, miedo, envidia y odio. Surge de los deseos, necesidades y aspiraciones de los seguidores. Se identifican cinco tipos: intelectual, ideológico, reformador, revolucionario, heroico; a los que se llega con la historia de vida identificadas con características esenciales.
INTELECTUAL
Líder analítico y normativo. Se interesa en valores que trascienden las necesidades prácticas. Es fiel a las ideas y al conocimiento.
IDEOLÓGICO
Líder con metas especificas que generan cambio social y político. Tiene necesidades personales de estima y autoactualización. Persigue objetivos en forma intensa ya que tiene una visión trascendente.
REFORMADOR
Líder que busca transformaciones armoniosas con cambios graduales hacia un ideal. Se identifica con valores morales. Es coherente con lo que piensa, dice y hace. Actúa posesionado entre el liderazgo transaccional y el transformacional.
REVOLUCIONARIO
Este líder se identifica con el cambio radical retando al sistema, con nuevas ideas que no respetan fronteras.
HEROÍCO
Líder con carisma para identificarse con sus seguidores. Tienen capacidad para derribar obstáculos. Es una relación sin conflicto.
Finalmente se puede concluir que Burns plantea su visión del liderazgo para un marco general y macro, como lo es la sociedad, una organización, una familia.
b) Teoría Individual del Liderazgo Transformacional de Bass
Este estilo fue acuñado por primera vez por Bass (1985) quien expresa que el líder debe inyectar nueva vida y transformarse él y a sus seguidores a fin de conseguir metas más elevadas. Plantea que el líder no es la persona que toma las decisiones, sino que se moviliza de acuerdo al reconocimiento que le hace el grupo como líder en juicios basados en su manera de ser, por su posición existencial frente a la vida, frente a sus semejantes y frente al mundo que le rodea.
Su comportamiento como líder, así como las decisiones que tomen estarán fundamentadas en sus valores. El liderazgo transformacional en esta teoría persigue estimular el desarrollo de sus colaboradores, de sus capacidades, motivaciones, creencias y principios y no sólo su desempeño. Es por ello que el proceso para liderizar debe plantearse en forma individual, ya que de esta manera los seguidores sienten confianza, admiración, fidelidad y respeto hacia el líder.
Este estilo propone transformar los seguidores en cuanto a la importancia y valores de las acciones, así como también induciendo a los seguidores a transcender sus propios intereses, poniendo primero los de la organización. En este contexto es capaz de activar necesidades del más alto nivel. Para este líder transformacional Bass establece cuatro factores o dimensiones para el liderazgo: carisma como influencia idealizada, inspiración, estimulación intelectual y consideración individualizada.
CARISMA
El líder decide identificado con la influencia idealizada. Es honesto y genera confianza. Comparte éxitos. Remueve el sentimiento de que todo es posible. Genera admiración y es portado de una visión y misión orientadora de las decisiones.
INSPIRACIÓN
Genera dedicación y compromiso. Promueve entusiasmo en el grupo. Las metas son vistas como sueños. Brinda significado motivador, comunicando altas expectativas.
ESTIMULACIÓN INTELECTUAL
Este líder es receptivo a las ideas y sugerencias de los seguidores. Busca que se realicen todas las actividades. Promueve cursos de perfeccionamiento. Ofrece medios para solucionar problemas. Evalúa las premisas y supuestos básicos para decidir. En su liderazgo considera importante el cambio y la innovación.
CONSIDERACIÓN INDIVIDUALIZADA
Este líder se preocupa por los seguidores y es sensible a las peculiaridades personales, tratándolos de acuerdo a sus potencialidades y necesidades. Mantiene una actitud de dialogo y comunicación, estimulando a desarrollar planes personales. Así mismo reconoce logros y brinda apoyo.
Referencias Bibliográficas
Aubunque, Pierre (1999) La Prudencia en Aristóteles. Editorial Crítica. España.
Burns, James (1978). Leadership. Harper & Row. USA.
Bass , By Avolio, B. (1994). Improving organizational effectiveness through transformational leadership. Sage, Thousand Oaks, C.A.
Cobey, Stephen. (1997). Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Editorial PAIDOS. España.
Cortina, Adela. (1996). Ética de la Empresa. Editorial Trotta. España.
De Vries, Roberto. (1999). Vida Sustentable. Editorial Rayuela. Venezuela.
Kotter, John. (2000). El líder del cambio. Editorial Mc. Graw-Hill. México.
Ramirez, David y Cabello, Ramirez. (1997). Empresas Competitivas. Una estrategia de cambio para el éxito. Editorial McGraw Hill. México.
Siliceo, A, Casares, D y Gonzalez, J. (2000).Liderazgo, Valores y Cultura Organizacional. Editorial McGraw-Hill. México.
Simonne, Nicolas. (1993). Para Comprender la Filosofía. Editorial Verbo Divino. España.
Siliceo, A., G-Angulo, B., Siliceo, F. (2001) Liderazgo el don del servicio. Editorial Mc. Graw-Hill. Mexico.
