La ideología de un vaso de agua

Por Jorge Majfud, desde Uruguay / EE.UU.

Desde la muerte de las ideologías supimos que no había ninguna posibilidad para la muerte de las ideologías. Para que una cultura, un pueblo o un individuo carezcan de algún tipo de ideología antes es necesario privarle de la capacidad de sostener alguna idea. Mínimo de dos, ya que un par de ideas ya conforman el embrión de un sistema de ideas, es decir, una ideología. El único método conocido para privar a alguien de alguna idea es la lobotomía o la más tradicional decapitación. Para privarnos al resto de pensamiento no es necesario este tipo de intervenciones quirúrgicas. Basta con la propaganda.
La sola idea de la muerte de las ideologías es una ideología, quizás la menos sofisticada de todas y por lo mismo una de las más populares.
Sin embargo, si bien nadie carece de una ideología, todavía es posible que haya momentos en que la vida humana no esté medida, limitada o impulsada por esta ineludible trampa intelectual.
Una semana después del terremoto de Haití la desesperación, la violencia y el caos hacían casi imposible la ayuda internacional. Haití ha vivido en los últimos tiempos de la caridad internacional -la mayor parte de su PIB eran donaciones-, y quienes han vivido y trabajado allí saben lo difícil que era ya antes de la catástrofe. Cuando insistí en algunas radios y diarios que no era el momento de perder el tiempo con discusiones ideológicas, no me refería a que algún país o algún político no estuviesen aprovechándose del momento para ejercitar su deporte favorito. Todo lo contrario. Sea de izquierda o de derecha, sea el imperio o los autoproclamados antiimperialistas, muchos sacaron de forma directa o indirecta partido de la desgracia ajena. Pocos líderes mundiales están libres de culpa en esto, no obstante no pocos arrojaron la primera piedra.
El pedido de suspender la discusión ideológica ante una de las catástrofes naturales más graves de la historia humana asumía que sí hay momentos en que es posible moverse según otros impulsos aparte de la acción y la reacción ideológica.
¿Qué le importa a alguien que está sepultado entre los escombros si la mano que lo rescata es de la cruz Roja, un soldado de la ONU o un marine del imperio? Lo único que puede importarle es que esa mano llegue de una vez.
Pero como en la teología medieval y en las telenovelas latinoamericanas, solo hay ángeles o demonios, buenos o malos. Los buenos nunca pueden hacer algo mal; los malos nunca son capaces de algo bueno. A excepción de Michael Jackson, si alguien es negro no puede ser blanco. Esta percepción, que no llega a ser una ideología, ha sido desde siempre el principal arma de los mejores políticos y de los peores religiosos: simplificadores profesionales que demonizan cualquier problematización, cualquier posibilidad de que los malos puedan hacer algo bueno o que los buenos sean capaces de algún pecado.
Mientras discutimos si Estados Unidos provocó el terremoto en Haití o si su presencia es ayuda o invasión, las victimas y los inocentes siguen muriendo, algunos aplastados esperando una grúa que lo saque debajo de una pared o alguien le alcance un vaso de agua.
Todos tenemos una ideología, toda institución, todo gobierno la tiene. Pero quizás no siempre, quizás no todo es ideología.
Esa mano, ese vaso de agua, por ejemplo.
Ahora lo urgente es lo importante. Ya tendremos tiempo de discutir todo lo demás. Miles no tendrán la misma suerte.

Jorge Majfud
24 de enero de 2010

Jorge Majfud es escritor uruguayo. Estudió arquitectura graduándose en la Universidad de la República. Es profesor de Literatura Latinoamericana en The University of Georgia, Estados Unidos. Autor de destacadas novelas y ensayos críticos que aparecen con regularidad en prestigiosos medios de prensa de todo el mundo. Es colaborador habitual de El País y La República de Montevideo, Milenio de México, La Vanguardia de Barcelona, Tiempos del Mundo de Washington, Monthly Review y Political Affairs de Nueva York, Jornada de La Paz, Página/12 de Buenos Aires, entre otros. Es miembro del Comité Científico de la revista Araucaria de España y de The Honor Society of Phi Kappa Phi de Estados Unidos, organización que selecciona los universitarios más destacados del país. Obttiene su Master y PhD grado en la Universidad de Georgia. Actualmente es profesor de Lincoln University. Majfud ha recibido varios premios en concursos literarios internacionales. Entre ellos, Mención Premio Casa de las Américas, La Habana, Cuba 2001, por la novela La Reina de América; Excellence in Research Award, University of Georgia 2006. Sus obras han sido traducidas al inglés, francés, portugués, alemán, griego e italiano. Jorge Majfud ha cedido gentilmente este artículo a la Red Pensar de Nuevo.
Categorías : Contexto | Universidad
Otras recomendaciones relacionadas:
  • PESIMISTA Vs. OPTIMISTA Y AMBOS Vs. REALISTA
  • Naturaleza global
  • Génesis del actual cambio de época
  • Reventar de silencio
  • Un comentario para “La ideología de un vaso de agua”

    Simple.Perfecto en su concepción.Un ser humano que sufre y al que le tendemos la mano…Cualquier otra disquisición carece de sentido.
    Si hay que hecer una crítica es hacia aquellos gobiernos,estados u organismos de gran poderío económico que no ayudan lo suficiente.
    El que grita bajo los escombros necesita ayuda YA.También los desnutridos y los heridos.Para ellos sólo cuenta el hoy…

    Escribe un comentario

    Security Code:


    Cerrar
    Enviar por Correo