Humildad del voluntario social

Por José Carlos García Fajardo, desde España

Son muchas las formas de ejercer la solidaridad si en las personas subyace una actitud de apertura al otro. El voluntariado es una de esas formas.

Sin embargo, no podemos deslumbrarnos por los efectos mediáticos del voluntariado social. Los voluntarios tenemos buena prensa, aparecemos en programas de televisión como modelos sociales, abanderamos en buena medida el movimiento solidario. Es una manera importante de producirse como persona íntegra que ejerce su responsabilidad social. Pero no nos dejemos seducir por este éxito de imagen.
Como actividad subsidiaria, la eficacia del voluntariado dependerá de su coordinación con trabajadores sociales y profesionales multidisciplinares.
Por otro lado, sería un error lamentable oscurecer la labor solidaria tradicional de los vecinos, familiares o ciudadanos en general que, sin pertenecer a una organización, son movidos por un sentimiento que los conduce a ayudar informal y cordialmente allí donde hay una necesidad y atenúan con su labor muchos problemas sociales.
¡Cuánto más eficaz es el buen vecino de enfrente para una persona mayor sola que un voluntario que debe desplazarse una vez a la semana desde la otra esquina de la ciudad! El voluntariado social ha crecido tanto en las grandes ciudades porque allí se han deteriorado con mayor intensidad las relaciones sociales. En ambientes rurales es mucho más difícil encontrar personas abandonadas o solas.
Aunque la Ley de Voluntariado deja fuera de su cobertura las acciones de beneficencia individual, no queda por encima de otras formas de ayuda; se trata de una simple distinción jurídica entre actividades complementarias. El voluntariado no sólo no compite con las fórmulas profesionales o espontáneas de la solidaridad, sino que, muy al contrario, las alienta para que existan redes fuertes de apoyo a los más débiles.
En otro sentido, el trabajo del voluntario individual es imprescindible y la responsabilidad que él ejerza o el bien que haga, quedarán sin hacer si él no lo se pone manos a la obra. Pero todo voluntario debe considerarse como parte de una red porque la solidaridad no puede quedar sujeta a un ser contingente como lo somos cualquier voluntario social que hoy estamos y mañana podemos no estar.

*Más información sobre José Carlos García Fajardo

*José Carlos García Fajardo es Doctor en Derecho por la Universidad Complutense, Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Salamanca. Bachiller en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana. Roma. Estudió Filosofía y Literatura en la Universidad de París. Relaciones Públicas en Henley College. Oxford. Estudios Iberoamericanos, por la Universidad de Rábida. Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS). Este artículo ha sido cedido por José Carlos García Fajardo para su publicación en la red www.pensardenuevo.org
Categorías : Contexto | Inclusividad | Involucramiento Social
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  • 3 comentarios para “Humildad del voluntario social”

    Josefina Enero 20, 2009

    El voluntariado social tiene mucha prensa en todos lados y hay gente que lo ejerce con compromiso social como usted señor José Carlos García Fajardo. Lo que me causa duda es si las empresas deben hacer promoción de sus actividades de ayuda con tantos medios. Es adecuado promocionar cuando uno ayuda? Si lo es en muchos casos eso no lo dudo, pero hay otros en los que considero que definitivamente no lo es. Ley de Voluntariado social de la que habla y otras normas deberían abordar el tema más profundamente.

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