El fin del fútbol en la forma como lo conocíamos

Por José de Souza Silva, desde Brasil

El Fútbol es hoy el  zombi de un deporte sin alma. Vaga a  la deriva  sin  rumbo claro a  seguir ni puerto seguro a donde llegar. En  la forma como lo conocíamos, el fútbol es hoy un fuego fatuo que se esfuma en  la  imaginación de  las generaciones  remanentes del  siglo XX. Murió el  fútbol-espectáculo. En el  camino oscuro del  voraz  capitalismo de hambre  insaciable,  todo  lo  sólido  se desvanece en el aire y todo lo sagrado es profanado. Ha llegado la hora del fútbol. Tras penetrar los santuarios de los mundos natural y humano, el capitalismo se apropió del fútbol como espacio de acumulación. Como principio rector del Fútbol Inc, el mercado amputó su espíritu para que se desempeñe para el lucro y no más para la alegría del pueblo. En Sudáfrica, que más parecía una Euro-Copa ampliada para incluir invitados especiales, hasta la emoción melódica de las hinchadas humanas fue reemplazada por el unísono sonido sintético de las irritantes vuvuzelas.

Ya no se juega el fútbol como antes. Lo que importa es el resultado, independiente de la forma para  lograrlo.  El  drible  ya  no  es  el  protagonista  de  un  partido;  el  número  de  faltas  supera  el número de bellas  jugadas.  La habilidad  ya no es el criterio para contratar a  los  jugadores, que ahora deben ser más altos y más fuertes para jugar el juego duro del fútbol-de-resultados. Pero la falta de espectáculo aumenta la violencia entre hinchadas insatisfechas. No vamos al estadio a apreciar el desempeño colectivo de nuestro equipo sino a ver estrellas solitarias de brillo efímero desfilar  en  el  campo  sin  vínculo  con  su  grupo.  Estas  estrellas  salen  del  campo  para  brillar  en anuncios publicitarios como Cannavaro de Italia que se desempeña mejor posando en calzoncillos para  anuncios  de  televisión.  En  Sudáfrica,  Cristiano Ronaldo  de  Portugal  encontró  tiempo  para mirarse en la pantalla del estadio, mientras corría perdido como si nunca hubiera jugado fútbol.

En el fútbol-arte, jugadores-artistas como Maradona y Pelé tenían un brillo auténtico e inagotable que los acompañó a lo largo de sus espectaculares carreras, cuando jugaban para la alegría del pueblo, como lo hacía Garrincha (”alegria do povo”) de Brasil, y no perdieron su aura después de su retiro. Hoy, las estrellas artificiales raramente logran brillar por varios años, y pierden su aura aún en plena carrera, como Ronaldinho de Brasil y David Beckham de Inglaterra. Bajo el peso de un  indecente  contrato multimillonario  y de un  injusto  salario estratosférico, el  jugador de brillo fugaz no juega bien por su país; su buen desempeño es una exclusividad reservada para su club-apátrida. En la Copa de Sudáfrica, estas estrellas volvieron a sus clubs sin brillar por sus países, como Cristiano Ronaldo, el segundo “mejor jugador” del mundo, y otros sin ni siquiera hacer un gol, como Kaká de Brasil, Rooney de  Inglaterra, Cannavaro de  Italia y Ribery de Francia,  todos ex-”mejores jugadores” del mundo, y hasta Messi de Argentina, el “mejor jugador” del mundo.

Perpleja, la humanidad asiste al ocaso del fútbol-arte como fenómeno deportivo sociocultural y al alborear del  fútbol  comercial. En  la Copa de  1970, el  fútbol-espectáculo  llegó al apogeo de  su linda historia marcada por el desempeño de equipos nacionales cuyos  resultados eran  logrados generalmente  con  la  gracia  de  dribles  individuales  y  jugadas  colectivas  propias  del  fútbol-de-equipo,  lo que  resultaba en el más bello espectáculo de este deporte. Aún cuando el  resultado era 0×0, las hinchadas salían, la mayoría de las veces, satisfechas. En Sudáfrica, el mejor partido no fue la final, donde lo que brilló fueron las doce tarjetas amarillas y una roja, y la jugada que se quedará en la memoria de los televidentes no incluye la presencia de la bola. Fue la  “patada voladora”  de  De  Jong  de  Holanda  contra  el  pecho  de  Xabi  Alonso  de  España,  replicando  el grotesco  espectáculo  brindado  por  Zindane  de  Francia  que,  en  el  2006,  sorprendió  al mundo cuando se despidió de su fútbol-arte con un patético cabezazo en el pecho del italiano Materazzi.

El brasileño João Avelange, Presidente de la FIFA por 24 años, fue el todo-poderoso estratega de la penetración del capitalismo en el fútbol, con el apoyo de contrapartes en países claves para el éxito de  la  iniciativa,  como en  Brasil donde  su  todo-poderoso ex-yerno, Ricardo  Teixeira, es el Presidente de la Federação Brasileira de Futebol (CBF) hace más de 20 años. La corrupción fue la estrategia usada para minar el fútbol-espectáculo y parir el fútbol-comercial, el Fútbol Inc. Desde los años 1980, el  fútbol-espectáculo  fue  sistemática  y deliberadamente  corrompido  y destruido, mientras  el  fútbol-eficiencia  fue  fría  y  cuidadosamente  cultivado  como  un  negocio  planetario. Paulatinamente, la fuente de motivación para los nuevos talentos dejó de ser su sociedad; ahora es el contrato en Dólares y, principalmente, en Euros. En Brasil, llegar a la selección brasileña ya no es el sueño máximo de los jóvenes talentos, sino ser contratados fuera del país.

El Fútbol Inc fue instituido a través de procesos de transnacionalización, bajo la racionalidad de la mercancía  y  la  inevitable desnacionalización del  fútbol. Unos  transnacionalizaron sus  jugadores, como Argentina y Brasil, que venden  jugadores-apátridas,  y otros  transnacionalizaron su  fútbol, como  España  e  Italia,  que  descontextualizaron  y  des-historializaron  su  fútbol-eficiencia.  Estos países  asisten  a  la  decadencia  de  su  selección  nacional;  aún  cuando  cuentan  con  ‘estrellas’ individuales, como Brasil en la Copa del 2006, porque no logran conformar una constelación. En Sudáfrica,  favoritas al  título,  como Francia e  Italia,  volvieron a  casa  sin ni  siquiera desempacar sus maletas.  Cuando  juegan  en  su  selección,  las  estrellas  del  fútbol-eficiencia  juegan  para  ser vistos por los dirigentes y accionistas de sus clubs, y no por las hinchadas de sus sociedades.

El Fútbol S.A. es viabilizado por el jugador-mercancía que es premiado por su individualismo y no por contribuir al desempeño del equipo. De eso resulta el individualismo egoísta. Frente a varios adversarios,  muchos  prefieren  perder  la  bola  intentando  un  gol  imposible  que  pasarla  a  otro mejor ubicado. Obsesionado más  con  su  contribución  individual al  resultado del partido que al desempeño del equipo, el  jugador-apátrida privilegia  la  falta-sobre el drible-para asegurar un buen resultado para su club y no para su equipo. Si el jugador-mercancía avanza con la bola pero le falta habilidad para driblar un adversario, lo derrumba; si un adversario avanza con la bola y el jugador-mercancía no tiene habilidad para quitársela, lo derrumba y, a veces, lo pisa, como hizo Felipe Melo de Brasil con Arjen Robben de Holanda. Por eso, en Sudáfrica, ante  la ausencia de bellas  jugadas,  lo único que  la  televisión mostró  repetidamente-como espectáculo-fue  la  falta como protagonista en  la mayoría de  los partidos, usando el efecto especial de  la  cámara  lenta para “naturalizar”, banalizar e instituir la supremacía de la fuerza sobre la habilidad.

En los países que transnacionalizaron sus jugadores, como en Brasil, la selección es formada por jugadores-mercancía de clubs-apátridas, y por candidatos a jugadores-mercancía que desean ser contratados en el extranjero. No conforman un equipo. Compiten entre sí. Brasil no les emociona como fuente de motivación; es el contrato en Euros  la fuente de pesadillas de  los antiguos que no pueden perderlo, y de sueños de los novatos que anhelan lograrlo. Si forman sus selecciones con jugadores-apátridas, los países del fútbol-arte no volverán a ser campeones del mundo, aún con Maradona como técnico, como Argentina, ni cuando sean anfitriones de la Copa, como Brasil no lo será en el 2014, a menos que (re)nacionalicen su fútbol y sus jugadores. En Sudáfrica, 19 brasileños naturalizados en otros países, uno en los EUA, jugaron sin la camisa verde-amarela.

El  fútbol-eurocéntrico-jamás  volverá a ser el mismo. Cambiadas por  la FIFA, que patrocina el fútbol-comercial, las Copas serán entre corporaciones y no entre naciones, como en la Fórmula-1, donde  la competencia es entre  las escuderías-comerciales y no entre los pilotos-mercancía, que no representan a sus países sino a sus propietarios. En el pasado, imperios europeos colonizaron África,  América  Latina  y  Asia  para  aumentar  su  riqueza material  saqueando  tesoros  locales.  El proceso continúa. Los clubs europeos son  imperios futbolísticos que saquean talentos locales en las mismas regiones. Así como Occidente no conquistó el mundo por su “superioridad natural”, la superioridad del fútbol europeo tampoco es “natural”. En la Euro-Copa, se asiste al fútbol en y no al  fútbol  de  Europa.  Reflejando  el  proceso  de  europeinización  del  fútbol-fuerza-eficiencia,  las primeras Copas del siglo XXI anticiparon para el mundo cómo será el fútbol del futuro. El campo ya no será el teatro del espectáculo brindado por equipos que encantan al mundo con el arte de su fútbol. El campo será una arena comercial ocupada por gladiadores sin escrúpulos y estrellas sin encanto que denigran el deporte con faltas sin sentido. ¿Hasta cuándo? ¿A qué costo?

*José de Souza Silva es brasileño con Ph.D. en Sociología de la Ciencia y la Tecnología. Es filósofo del desarrollo, sociólogo de la tecnociencia y estratega de la innovación institucional. Fue Gerente de la Secretaría de Gestión y Estrategia (SGE) de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (EMBRAPA). Actualmente es investigador de EMBRAPA para las relaciones ciencia-tecnología-sociedad-innovación (CTSI) y líder de la Red Nuevo Paradigma para la innovación institucional en América Latina. José de Souza Silva ha cedido este material para su publicación en www.pensardenuevo.org
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  • Un comentario para “El fin del fútbol en la forma como lo conocíamos”

    Rodolfo Sotz Agosto 11, 2010

    E X C E L E N T E ! !

    Estimado José; en breves y correctas palabras describió los sentimientos y opiniones que tengo del fútbol actual.!.

    Nada de “jogo bonito”, todo especulación y “bussiness”. En Argentina se ve en los dirigentes y dueños de jugadores ricos, y clubes pobres y fundidos.

    Seguramente que su próximo artículo vinculará esta situación con la violencia que vive el fútbol.
    Saludos,
    Rodolfo

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