Dinámicas de identidades

Por Pablo Ariznabarreta, desde Argentina

Los tres pilares

Quienes participamos en la discusión y la gestión de lo turístico estamos acostumbrados a oír y pronunciar términos como sustentabilidad y desarrollo turístico, muchas veces sin tener más que una idea difusa de lo que significamos por ambos términos y por consiguiente, sin concebirlos de idéntica manera que nuestros pares u otros interlocutores. Esto obedece, creo yo, a que nos encontramos en un momento histórico en el qué Sustentabilidad es algo que está siendo definido en el imaginario cultural por múltiples actores, cada uno con sus particulares cosmovisiones e intereses.

En cualquier caso, se ha ido construyendo una suerte de consenso referido a lo que es la sustentabilidad turística de un destino. El mismo sostiene que ésta se da por la capacidad de un destino de reproducir su oferta en el tiempo sin afectar por ello la calidad y disponibilidad de los recursos que la posibilitan, algo que implicaría necesariamente el respeto por la capacidad de carga de los atractivos y por los ciclos de regeneración de los recursos afectados y que los beneficios de la actividad se distribuyan entre los actores de la comunidad receptora. Desde lo conceptual, a los efectos de hacer posible la sustentabilidad, el beneficio económico queda como subsidiario de aspectos que tienen que ver con el bienestar social y la integridad del ecosistema en el que se inserta la actividad. O lo que es lo mismo, si se tiene por norte la sustentabilidad turística entonces la rentabilidad no será el objetivo, sino uno de los tres pilares irremediablemente necesarios para edificar el proyecto sustentable. Sin rentabilidad, bajo impacto ambiental y distribución de los beneficios, el edificio de la sustentabilidad se desploma y el destino turístico se corrompe.

En función de los tres pilares mencionados, me interesa abordar el impacto que la distribución de los beneficios entre los individuos que componen el entramado social de un destino turístico tiene en las identidades individuales y del grupo, no sin advertir al lector que desde la perspectiva adoptada dichos beneficios no se reducen a un incremento de la renta que perciben los miembros de la comunidad, sino que se refiere a todo tipo de bienes, incluyendo a los intangibles y a los relacionados con status, el reconocimiento y el sentido de pertenencia a un grupo. Pero antes, porque los bienes son tales en cuanto son percibidos como deseables por los individuos y los grupos sociales, analizaremos qué factores determinan e intervienen en dicha propensión a desear determinados bienes por sobre otros.

La naturaleza de la necesidad de la distribución de los beneficios

Quiénes somos determina nuestros valores, nuestros fines y consecuentemente qué bienes deseamos. Por lo tanto importará saber qué define quienes somos para saber qué deseamos y así vislumbrar cómo deberán ser distribuidos los beneficios de la actividad turística. Paul Ricoeur sostiene que la identidad es algo que se construye constantemente a través de un relato que el individuo va armando con elementos que le proporciona su memoria. Aclara inmediatamente que la memoria no es una simple recopilación de hechos cronológicos. Por el contrario, hay una intencionalidad en la selección, discriminación y jerarquización de los hechos recordados, que le confiere a la memoria una manifiesta complejidad. La intencionalidad que signe los recuerdos estará en función de la legitimación de algo, y consecuentemente, cada relato desestimará consciente o inconscientemente aspectos o hechos de la realidad perjudiciales para la realidad legitimada. Buscando ilustrar lo dicho podríamos imaginarnos a un actor que en el contexto de un gran crecimiento de la actividad turística de la villa en la cual vive, al quedar excluido de los beneficios económicos, es más propenso a percibir el impacto negativo de dicho crecimiento. Consecuentemente, en su relato, los tiempos anteriores al crecimiento turístico habrán sido percibidos como los tiempos dorados, de respeto a la tradición y, solapada e inconscientemente, de mayor respeto al status que dicho individuo cree merecer. Puede ocurrir que elija no percibir que, si bien él ha quedado fuera del reparto de la renta, la cohesión social se ha incrementado o que las oportunidades de obtener beneficios de actores nacionales como Ministerios o Secretarías, otrora ajenos o indiferentes a la problemática local, son ahora mayores. Puede que tampoco valore las mejoras en infraestructura hospitalaria o de conectividad con otros destinos logradas o que las subestime. También es probable que perciba que el precio para obtenerlas fue la degradación de su propia importancia en el ámbito de la comunidad y que por ello las resienta. Si ese mismo actor, por un giro en un momento dado pasa a ser reconocido y parte activa en el proceso de decisiones que involucran a la gestión de la actividad, probablemente vuelva a “reescribir” su relato, considerando ahora al crecimiento turístico no como algo malo, sino como algo bueno de lo cual más vale seguir formando parte.

Dinámicas identitarias y cohesión social

La identidad se construye, es dinámica y se configura en función de valores que son percibidos como los horizontes perseguidos. Charles Taylor sostiene que el Yo es un objeto de estudio atípico, ya que es una identidad que como tal se mueve en un marco de referencia: lo que soy como un yo, mi identidad, está esencialmente definido por la manera en que las cosas son significativas para mí. El hecho de que para un sujeto sea un bien primigenio la pertenencia a lo vigente, puede derivar en algún caso en un intenso deseo por disponer de tecnología de punta y detentar bienes que respondan a la última tendencia. Puede también conducirle a tener afinidad por grupos cosmopolitas y por las prácticas y el sentido de la estética originarios de los centros de poder del mundo, desprecio por la vida rural o propia de comunidades pequeñas y aisladas, estimación por la auto dependencia y el confort, y una propensión a querer ser reconocido por aquellos sujetos que considera como referentes de “lo vigente”. Por el contrario, aquellos sujetos que tengan como bien primigenio lo legado por las generaciones precedentes probablemente guarden un respeto pronunciado por las manifestaciones artísticas de la comunidad, resistan al cambio y practiquen la apología de aspectos tradicionales y relacionados con lo telúrico y folclórico. Es probable que tengan bien visto el amor por el grupo de pertenencia, que sean patrióticos y consecuentemente la voluntad de “grupo” pese por sobre las voluntades individuales.

Estos ejemplos estereotipados de identidades no se expresan jamás sin contradicciones internas y profundas tensiones, razón por la que decimos que son dinámicas. Además, una identidad es también propensa al cambio por el hecho de que los sujetos son permeables a los sucesos a los que se enfrentan. Taylor lo expresa diciendo que “…mi identidad se define por los compromisos e identificaciones que proporcionan el marco u horizonte dentro del cual yo intento determinar, caso a caso, lo que es bueno, valioso, lo que se debe hacer, lo que apruebo o a lo que me opongo.” Por lo tanto, el sujeto va a actuar de acuerdo a en qué posición se percibe en función de sus valores y los objetivos que se propone en un contexto determinado. Si se percibe próximo a los mismos, se sentirá realizado. En cambio, si se siente muy lejos de poder satisfacer su necesidad de percibirse cercano a los valores importantes para él, seguramente se sentirá insatisfecho, frustrado con el actual estado de situación, inconforme con la forma en que la sociedad hace el reparto de premios y castigos y con cómo distribuye el prestigio u otros beneficios.
¿Por qué es importante una distribución equitativa de los beneficios que arroja la actividad turística? Una de las respuestas es la que el lector ya anticipa: para evitar el descontento entre una porción relativamente importante de los miembros la comunidad del destino turístico en cuestión que derive en la no sustentabilidad del proyecto turístico del mismo. Y el proyecto de un destino turístico sustentable es deseable por cuanto significa que la comunidad adquiera una alta calidad de vida a un bajo costo. Alta calidad de vida por cuanto los beneficios llegan a todos y a un bajo costo porque permite la regeneración de los recursos que la posibilitan, razón por la cual no sería incorrecto hablar de calidad de vida autogestionada o calidad autosuficiente, con todas las salvedades del caso.

Otra respuesta al interrogante formulado, otra razón por la cual la exclusión de una porción de la comunidad no es deseable, tiene que ver con la identidad de la comunidad. La visita de turistas que llegan a un destino con una idea preconcebida del carácter social de la comunidad a la que visitan significa un elemento que puede ser asimilado de forma positiva o de forma negativa por la sociedad receptora. Por ejemplo, el que los turistas que visitan un destino lo hagan convencidos de que su gente es solidaria puede estimular en la comunidad receptora el incremento de prácticas de esa índole o por el contrario, puede generar descontento, aireadas críticas y voluntad de denunciar la ausencia de bases sólidas en las cuales se fundan esos prejuicios. Ello es así porque los turistas que visitan un destino cumplen la función de un espejo a los ojos de quienes los reciben. Sus dichos e impresiones confirmarán lo ya supuesto o denunciarán aspectos no identificados del carácter social de la comunidad receptora. Otro ejemplo estaría dado por que en algún caso los turistas se quejasen de lo descuidadas que se encuentran las fachadas de las edificaciones, de la suciedad en las calles o de lo apática que es la población. Sus declaraciones pueden confirmar lo supuesto o generar sorpresa y gran malestar. En casos como éste, es el turista el que cuestiona aspectos de la identidad de la comunidad receptora y lo hace a través de la evaluación y adjetivización de las manifestaciones éticas y estéticas de la comunidad receptora.

El riesgo consiste en que una reacción lógica ante la devolución de una imagen desagradable del espejo es la de la mueca de asco, desprecio e incluso el golpe al cristal. Los individuos que sienten que son excluidos del cuerpo social a consecuencia de un fenómeno tangible y fácilmente identificable como el turismo puede que reaccionen violentamente o tomen represalias precisamente frente a quienes son percibidos como la causa de sus males y frustraciones. En consecuencia, no es ilógico pensar que los jóvenes de un barrio relegado en los suburbios de un destino, con dificultades para insertarse en el exitoso proyecto turístico que ese destino dice ser y tratados manifiestamente como los residentes del “lugar no deseado” del destino (y por asociación, los habitantes no deseados del mismo) sean proclives a manifestar su malestar de forma violenta, tomando represalias sobre la porción de su propia comunidad que los excluye o sobre la causa de dicha exclusión, los turistas.

Escribir y relatar la historia del éxito común

Si se tiene por objetivo que la actividad turística de un destino sea sustentable, los organismos públicos que se ocupen de gestionar recursos para hacerlo posible deberán atender una gran cantidad de indicadores. La política turística implementada tendrá que ocuparse atinadamente de aspectos económicos, medioambientales y sociales. Entre estos últimos, y a los efectos de lo hasta aquí desarrollado, hay dos aspectos que contribuirán a que la comunidad del destino en cuestión favorezca la sustentabilidad turística. Los organismos públicos de turismo tienen que velar por la efectiva distribución de los beneficios de la actividad entre todos los miembros de la comunidad. En consecuencia, deben utilizar los recursos a su disposición para lograr la distribución que a los efectos del fin perseguido es lo mismo que decir lograr la inclusión. Pero además, deberán relatar la inclusión, pues, simultáneamente, deben procurar los medios para erigirse en una de las voces que en sus comunidades contribuyan a relatar la identidad local, esforzándose en escoger hitos que evidencien una mejora global de las oportunidades y beneficios y que además estimulen a velar por la protección y el respeto de los recursos. Un discurso que tenga por fin generar cohesión en función del proyecto turístico local sustentable debe ser una de los instrumentos estratégicos de los cuáles los organismos turísticos públicos deben hacerse para lograr el objetivo planteado.

Pablo Ariznabarreta es Licenciado en Relaciones Internacionales, en la actualidad se está maestreando en Desarrollo de Turismo Sustentable en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Es auditor de líder de certificación de la Norma ISO 9001:2000. Pablo Ariznabarreta es integrante de la Red Pensar de Nuevo y miembro del Consejo Editorial de la misma.
Categorías : Otras | Planificación
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  • 3 comentarios para “Dinámicas de identidades”

    Eduardo Rodriguez Febrero 23, 2009

    Preciso, agil, enfocado, un artículo que remite a una realidad tangible que puede ser modificada con disparadores que nos lleven a “penar de nuevo”.
    Felicitaciones Pablo.

    Martín Febrero 24, 2009

    Pablo bien, quiero leer mas de turismo y sí pueden también de otras actividades económicas

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