Descolonizando la dicotomía del superior-inferior en la “idea de desarrollo” De lo universal, mecánico y neutral a lo contextual, interactivo y ético

Por José de Souza Silva, desde Brasil

Introducción

¿Qué desarrollo es posible en América Latina, si todos los modelos de desarrollo han fracasado en la región desde 1492?. Una forma de contestar a esta pregunta es haciendo una descolonización de la “idea de desarrollo”. Dicho esfuerzo requiere pensar histórica y filosóficamente las razones comunes del fracaso de los “modelos” que nos han sido impuestos históricamente, sin caer en la trampa estéril de discutir los adjetivos - integral, endógeno, alternativo, sostenible, deliberativo, local, territorial, humano - más  apropiados para el desarrollo. La relevancia-o irrelevancia-de lo que hoy llamamos “desarrollo” es construida por los significados culturalmente atribuidos a su naturaleza y por las relaciones políticamente establecidas para su dinámica, y no por sus adjetivos.

Inspirados en el modo clásico de innovación de la ciencia moderna creada en Europa occidental, en los siglos XVI y XVII, los “modelos fracasados” tienen, entre otros rasgos comunes, la pretensión de ser universales en su aplicación, concebir la realidad como una máquina y reivindicar neutralidad para sus impactos (De Souza Silva et al. 2006). Por causa de la experiencia colonial de América Latina, es imperativo responder a algunas preguntas tan críticas como obvias: ¿quiénes crearon dichos modelos, desde qué realidad, a partir de cuáles premisas y para lograr qué agenda? Rehenes de la lógica de la modernidad /colonialidad europea, dichos modelos fueron concebidos siempre en ciertos idiomas, creados siempre por ciertos actores y nos llegaron siempre desde ciertos lugares, que nunca coinciden con nuestros idiomas, actores y lugares (Mignolo 2000). Por lo tanto, dichos modelos fueron concebidos lejos de nuestro contexto y sin compromiso con nuestro futuro.

Para contestar a la pregunta ¿qué desarrollo es posible?, nosotros (i) exploramos la penetración de la dicotomía del superior-inferior en la “idea de desarrollo”, a través del modo clásico de innovación creado por la ciencia moderna de Europa occidental; (ii) sintetizamos el fenómeno del cambio de época en marcha y sus implicaciones para el futuro del desarrollo; y (iii) proponemos que ha llegado la hora de innovar nuestra forma de innovar, un cambio paradigmático para la cuestión del desarrollo, de lo universal, mecánico y neutral a lo contextual, interactivo y ético.

La “dicotomía del superior-inferior” en la “idea de desarrollo”

“Género original: blanco; Primera raza: muy rubio (Europeos) de frío húmedo; Segunda raza: rojo cobrizo (Americanos), de frío seco; Tercera raza: negra (Africanos) de calor seco; Cuarta raza: amarillo olivo (Indios [Asia]) de calor seco…En los países cálidos el ser humano madura antes…pero no alcanza la perfección de las zonas templadas. La humanidad existe en su mayor perfección en la raza blanca. Los negros son inferiores, pero los más inferiores son parte de los pueblos americanos. Los indios [de India] amarillos son los que tienen una cantidad menor de talento.” (Immanuel Kant, On the varieties of the different races of man, en Eze 2001:231)

“La globalización en curso es…la culminación de un proceso que comenzó con la constitución de América y la del capitalismo colonial/moderno y eurocentrado como un nuevo patrón de poder mundial; uno de los ejes fundamentales de este patrón de poder es la clasificación social de la población mundial sobre la idea de raza, una construcción mental que expresa la experiencia…de la dominación colonial y que…permea las dimensiones más importantes del poder mundial, incluyendo su racionalidad específica, el eurocentrismo” (Aníbal Quijano, Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina, en Lander 2000:201)

“El problema del ‘modo clásico’…no es…su origen europeo sino…que, siendo una concepción particular, desarrollada desde cierto lugar, por ciertos actores y en ciertos idiomas, haya sido impuesto…como el único modo posible de ‘innovación para el desarrollo’. Su ‘noble’ misión de reorientar la realidad global a la medida del orden social que interesaba a la realidad europea era una misión imposible: imponía la falsa premisa de que la realidad global era homogénea…La misma estrategia está en curso desde…cuando Estados Unidos emergieron como potencia hegemónica. Su liderazgo epistémico-ideológico no ha cambiado la lógica de la superioridad de unos…-desarrollados-sobre otros-subdesarrollados” (Arturo Escobar, Prefacio: Por qué innovar nuestra forma de innovar; en De Souza Silva et al. 2005:19).

Históricamente, el más fuerte inventa una falsa dicotomía que nos clasifica, divide y jerarquiza en superiores (los más fuertes) e inferiores (los más débiles). Pero anuncia su ‘ayuda’ como un imperativo moral para promover al más débil a su estado superior de civilización o desarrollo, que es un ‘derecho’ del más débil. Eso se deriva de la ‘modernidad’ de Europa occidental, que fue un proyecto de emancipación realizado a través de la Razón. Fueron constitutivos del proyecto de modernidad europea el capitalismo emergente, la Ilustración francesa, el Renacimiento italiano, la Reforma alemana y la Revolución Francesa, cuyos efectos combinados viabilizaron la Revolución Industrial iniciada en Inglaterra a mediados del siglo XVIII y consolidada en el siglo XIX.

La Europa moderna quería su independencia de Dios, de la naturaleza, de la tradición y del modo de producción feudal. El hombre racional-blanco, varón, anglosajón, cristiano de clima templado-reinaría único, estableciendo la dictadura de la Razón (Dussel 2000, 2001). La ‘idea de modernidad’ es, por lo tanto, “una construcción eurocéntrica que piensa y organiza a la totalidadel tiempo y del espacio, a toda la humanidad, a partir de su propia experiencia, colocando su especificidad histórico-cultural como patrón preferencial superior y universal” (Lander 2000:23).

La supuesta superioridad del modo de ser, sentir, pensar, hacer y hablar ‘moderno’ fue construida a partir del criterio de racismo jerarquizando a los grupos humanos en superiores e inferiores. La superioridad del blanco anglosajón-racismo-justificó la conquista territorial-colonialismo-y la práctica de la esclavitud. La supuesta superioridad del saber-universalismo-de Europa occidental fue construida a partir de la premisa de la universalidad de la visión de mundo europea para conquistar a la totalidad de los pueblos, tiempo y espacio como parte de la ‘normalización’-organización colonial/imperial-del mundo (Quijano 2000).

En síntesis, una concepción de realidad de una sociedad particular es impuesta como la concepción ‘superior’-racismo-y ‘normal’-universalismo-a ser adoptada a lo largo y ancho del imperio europeo en expansión. Por lo tanto, racismo y universalismo se han transformado en elementos constitutivos de la ‘idea de desarrollo’, a través de la innovación epistémico-ideológica de la dicotomía superior-inferior (De Souza Silva 2006). Este otro lado-oscuro-de la modernidad creó el colonialismo y la esclavitud (Mignolo 2000b), y es denominado de colonialidad (Lander 2000) por el grupo del Programa Latinoamericano de Investigación sobre Modernidad/Colonialidad (ver Escobar 2002).

Siendo constitutiva de la modernidad/colonialidad europea, la ‘idea de desarrollo’ incorpora su criterio de racismo y su premisa del universalismo, ambos legitimando la ‘‘dicotomía superior-inferior”. El criterio de racismo implicó el uso de cadenas metálicas para unos (los esclavos), y la premisa del universalismo impuso cadenas mentales para otros; las primeras a través de la colonización territorial y las últimas a través de la colonización cultural. De España a Inglaterra, y de Inglaterra a los Estados Unidos, la intención de dominación para la explotación continúa la misma, y la ‘dicotomía superior-inferior’ continua inalterable.

Los Estados Unidos sólo hicieron una innovación semántica, reemplazando el binomio ‘civilizado-primitivo’ por ‘desarrollado-subdesarrollado’, y así como los imperios europeos anunciaron durante la época de las conquistas su noble deber de ‘civilizar’ a los primitivos a través de la colonización, los Estados Unidos también anunciaron después de la Segunda Guerra Mundial su obligación moral de ‘desarrollar’ a los subdesarrollados a través de la modernización y ahora de la globalización. Por lo tanto, todas las evidencias históricas apuntan hacia el ‘sesgo eurocéntrico’ del ‘modo clásico’ de ‘innovación para el desarrollo’, que refleja y reproduce la ‘dicotomía superior-inferior’. Para facilitar la implementación de dicha dicotomía, los imperios crearon la “idea de desarrollo”.

Para fines de dominación, la ‘idea de desarrollo’ ha sido disfrazada con varios nombres (progreso, modernización), oculta bajo muchos rostros (civilización, desarrollo), adornada con lindas promesas (paz, bienestar), ofertada de distintas formas (ayuda, cooperación), bajo un enfoque evolucionista (fases, etapas), a través de diseños globales (colonización, globalización), que aseguran resolver problemas sociales mundiales (hambre, pobreza), usando fuerzas neutrales (ciencia, tecnología), además de reglas globales (leyes internacionales, tratados de libre comercio-TLCs) e instituciones de control (ejércitos, agencias multilaterales) para legitimar sus consecuencias (desigualdad, injusticia), mientras lo que promueve es el crecimiento económico a cualquier costo, bajo la lógica expansionista del capitalismo cuyo objetivo es apenas acumular .

En los últimos 500 años, la ‘idea de desarrollo’ estuvo asociada al desarrollo del capitalismo tanto de mercado como de Estado. La ‘innovación para el desarrollo’ ha sido históricamente rehén de la racionalidad expansionista del capitalismo y de las crisis que son inherentes a sus contradicciones internas. Por lo tanto, las incontables iniciativas de innovación están dirigidas-principalmente-tanto a la expansión del sistema como a la superación de sus crisis recurrentes.

En síntesis, para facilitar la dominación para la explotación, los imperios inventaron la dicotomía del superior-inferior, con el criterio del racismo para jerarquizar a todos los grupos humanos, y la premisa del universalismo para “naturalizar” la colonización cultural que establece para el inferior el pensamiento subordinado al conocimiento autorizado por el superior. Por eso, la humanidad fue dividida en civilizados-primitivos a partir de 1492, y en desarrollados-subdesarrollados a partir de la Segunda Guerra Mundial. Bajo la racionalidad política del derecho del más fuerte, que concede al superior el derecho a la dominación y transfiere al inferior la obligación de la obediencia, ellos generan, ellos transfieren y nosotros adoptamos. Pero la implementación de la dicotomía del superior-inferior exige la existencia de una mayoría de inocentes útiles, que deben participar, sin percibir, del proceso de su colonización cultural.

Para facilitar nuestra formación como meros receptores de ideas, creencias, conceptos, teorías y paradigmas euro-céntricos, nuestros sistemas de comunicación y educación han sido “diseñados” bajo la pedagogía de la respuesta que forja a “seguidores de caminos”. La “normalidad” creada por dichos sistemas de comunicación y educación nos induce a:

(a) Memorizar las respuestas ya existentes para las preguntas relevantes del superior.

(b) Aceptar nuestra inferioridad y la superioridad del más fuerte como “natural”, para creer que unos pocos grupos nacen favorecidos-los superiores-y muchos otros nacen desfavorecidos-los inferiores. Convencidos de que los pobres nacen no se hacen, nosotros aceptamos el proceso histórico, global y desigual, que muchos llaman “desarrollo”, a través del cual ocurre la creación y apropiación de la riqueza. Así, nosotros asumimos que para superar al fenómeno de la pobreza basta trabajar con sus síntomas, los pobres, sin cuestionar el proceso de formación de la riqueza ni intentar superar las relaciones asimétricas intrínsecas al fenómeno estructural de acumulación de capital.

(c) Transformar el cierre de las brechas económicas y tecnológicas con relación a los parámetros del superior en un fin que equivale a la búsqueda de la felicidad.

(d) Aspirar y competir por la cooperación del poderoso generoso que desea compartir con nosotros los secretos de sus éxitos.

(e) Aprender por imitación con los “casos exitosos” y “mejores prácticas” del superior.

(f) Percibir el crecimiento económico logrado con las contribuciones de la ciencia y la tecnología modernas del superior como sinónimo de bienestar para todos.

(g) Asumir el papel de sociedades agradecidas que, en cambio por la generosidad-cooperación-del superior, facilitan su acceso a mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes obedientes y cuerpos disciplinados.

(h) Permitir el “derecho del más fuerte” en las relaciones internacionales: el superior tiene el derecho a la dominación y el inferior la obligación de la obediencia.

(i) Aceptar el uso de la mentira como filosofía de negociación pública para legitimar la agenda oculta del superior detrás de sus invasiones e interferencias no invitadas.

(j) Asumir la visión de mundo-régimen de verdades-del superior como la única fuente válida de conocimiento sobre qué es la realidad y cómo esta funciona.

(k) Sentirnos como “anormales” innecesarios, inconvenientes o peligrosos siempre que no estemos de acuerdo con cualquiera de las situaciones anteriores.

Siguiendo a Rousseau, quien dijo que el más fuerte institucionaliza relaciones asimétricas en su intercambio con el más débil, para implementar la dicotomía del superior-inferior, los imperios crean un sistema de ideas para interpretar la realidad, sistema de técnicas para transformar la realidad y sistema de poder (reglas políticas, roles epistemológicos y arreglos institucionales) para controlar la realidad, que prevalecen sobre otros sistemas de ideas, técnicas y poder que condicionan la naturaleza de las relaciones de producción, relaciones de poder, modos de vida y cultura durante un periodo de tiempo llamado época histórica.

La humanidad empezó con la época del extractivismo, cuando dependía de la naturaleza para su existencia, optó por el agrarianismo cuando inventó la agricultura para su sobrevivencia en el neolítico, e inició el industrialismo con la Revolución Industrial a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Sin embargo, desde la década de 60, la humanidad está experimentando otro cambio de época histórica. El industrialismo y su sociedad industrial están en crisis.

El cambio de época y la farsa del desarrollo sostenible

Las épocas históricas coexisten, pero la del industrialismo está en crisis. Su sociedad industrial tiene una coherencia que no está en correspondencia con las posibilidades y limites del planeta. La humanidad experimenta un cambio de época, y no una época de cambios. Los cambios globales en marcha no responden a los estímulos del paradigma del industrialismo sino que están creando otra época histórica, con otras visiones de mundo, paradigmas de desarrollo y modos de innovación. Por eso estamos vulnerables, en búsqueda de sostenibilidad. Por eso, el “modelo” de desarrollo-desarrollo sostenible-ha sido propuesto en Rio de Janeiro en 1992.

Aceptando la hegemonía epistémica del superior, nosotros hemos inventado nuevos adjetivos para legitimar un “modelo” que, otra vez, ha sido concebido por otros actores, en otros idiomas y desde otras realidades. Para ser sostenible, el desarrollo ahora debe ser “local”, “territorial”, “humano”, “endógeno”. Sin embargo, muchas iniciativas oficiales de desarrollo sostenible en América Latina fracasarán, independiente del adjetivo que vengan a adoptar. Publicado en la forma de libro, Nuestro Futuro Común, el mismo Informe Brundtland que institucionalizó dicho “modelo” revela que lo hizo para viabilizar “una nueva era de crecimiento económico”.

Para los sospechosos de siempre, los co-autores del Informe Brundtland, el desarrollo sostenible no pasa de crecimiento económico que se sostiene en el tiempo, así como “desarrollo local” significa crecimiento económico local, “desarrollo territorial” no pasa de crecimiento económico que toma en cuenta el territorio, “desarrollo humano” significa darle un rostro humano al crecimiento económico, y “desarrollo endógeno” no pasa de crecimiento económico desde adentro. Dicho Informe ha sido formulado para proponer que todo cambia para que nada cambie. Su agenda oculta fue asegurar el protagonismo del crecimiento económico, la estrategia histórica, cuantitativa e inmutable de “desarrollo” para la acumulación en el sistema capitalista.

El desarrollo sostenible ha sido oficialmente concebido con las mismas características de los modelos que han fracasado en la región desde 1492. Por incluir grupos humanos y sociales (con diferentes valores, creencias, historias y aspiraciones en distintos contextos), el desarrollo no se somete a “modelos”. Para ser exitosos, modelos universales asumen la realidad como homogénea; son creados como diseños globales que ignoran los contextos y saberes locales. Pero el “desarrollo” emerge de una trama de relaciones y significados entre diferentes formas y modos de vida. Su complejidad y dinámica no se encajan en la lógica mecánico-lineal bajo la cual unos generan, otros transfieren y muchos adoptan un cierto modelo que será exitoso en todos los lugares. Un “modelo” es un marco cerrado cuyo éxito y beneficios dependen de que el mismo sea integralmente adoptado. Como las fórmulas y las recetas, los “modelos” existen solamente para reproducir-replicar-productos idénticos cuyo desempeño no depende de la historia ni del contexto.

¿Qué desarrollo es posible?

Nosotros podemos explorar algunas respuestas para esta pregunta en la forma de premisas. Para aumentar su relevancia, una concepción de desarrollo debe asumir que:

(a) El desarrollo no es universal sino contextual. Un “modelo” exitoso en un lugar no será exitoso si es replicado en otros lugares. La realidad no es homogénea. El desarrollo es específico, es singular en diferentes contextos.

(b) Todos siempre fuimos, somos y seremos apenas diferentes. Nunca hubo, no hay y nunca existirán civilizados-primitivos o desarrollados-subdesarrollados. Estas son falsas dicotomías ideológico-epistémicas creadas para fines de dominación. La dicotomía del “superior-inferior” facilita la dominación para la explotación. Para ser relevantes para nuestras sociedades, los sistemas de comunicación y educación de la región deben abandonar la reproducción de dicha dicotomía. Lo que significa ser “civilizado” y “desarrollado” ha dependido históricamente de los parámetros del más fuerte, que los impone para efectos de comparaciones donde él siempre emerge como superior y los demás como inferiores. Como la civilización occidental es la civilización del tener y no la civilización del ser, dichos parámetros-cuantitativos-son de naturaleza material y tecnológica, para que existan siempre “brechas” cuantitativas a ser superadas.

(c) No se puede transformar la realidad con respuestas sino con preguntas. Los educadores latinoamericanos deben adoptar la pedagogía de la pregunta que forma “constructores de caminos”, porque no se aprende con la respuesta ya existente sino con la pregunta localmente relevante que desafía el talento de los interesados. Los adultos no se comprometen con la respuesta que escuchan sino con aquella de la cual participan de su construcción. Para la relevancia de los esfuerzos de desarrollo es más apropiada la pedagogía de la pregunta de Paulo Freire, que permite problematizar el mundo desde nuestro contexto, formando constructores de caminos que todavía no existen, que la pedagogía de la respuesta de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, que nos lleva a un mimetismo que forja seguidores de caminos ya existentes.

(d) El enfoque del “desarrollo de” prevalece sobre el enfoque del “desarrollo en”. El “desarrollo en” un país es un esfuerzo realizado en un lugar geográfico para explotar sus ventajas ecoambientales, socioculturales o de otra naturaleza. El “desarrollo de” incluye necesariamente el desarrollo humano y social de la gente de dicho país, y es realizado desde y con la gente, tomando en cuenta su complejidad, diversidad y diferencias. Por eso, en el “desarrollo en” prevalece la filosofía del “modo clásico” de innovación de cambiar las cosas para cambiar las personas, mientras en el “desarrollo de” prevalece la filosofía del “modo contextual” de innovación de cambiar las personas que cambian las cosas. No por accidente, el 75% de los procesos de transformación institucional que fracasa en el mundo tiene como fuente de inspiración el “modo clásico” de innovación.

(e) Debemos aprender inventando desde lo local para no perecer imitando desde lo global. Los modelos universales no son malos porque son foráneos sino porque, concebidos desde una realidad particular, son impuestos a otras realidades donde resultan irrelevantes por ignorar los valores, creencias, experiencias, historias, saberes, necesidades y aspiraciones locales. Para ser relevante localmente, el desarrollo “posible” debe movilizar la imaginación, capacidad y compromiso de los actores localmente interesados en influenciar ciertos aspectos de su futuro.

(f) Sin emoción no hay pasión, y sin pasión no hay compromiso. Para ser relevante, el desarrollo “posible” en distintos contextos debe ser capaz de emocionar para apasionar, y apasionar para comprometer a los actores sociales e institucionales localmente interesados en participar de la construcción del futuro que tendrá impacto en su existencia y en la existencia de otras formas y modos de vida. Eso implica imaginar sueños colectivos para crear fuentes de emoción colectiva. Como decía Dom Hélder Cámara, el Obispo ya fallecido de la ciudad de Olinda, estado de Pernambuco, Nordeste de Brasil: “cuando uno sueña solo, es apenas un sueño; cuando muchos comparten el mismo sueño, es el inicio de la realidad. Como la complejidad de la realidad hace interdependientes a todas las formas y modos de vida involucrados, la construcción de la sostenibilidad nos transforma en ángeles con apenas un ala, que no logran volar si no lo hacen abrazados.

(g) La cooperación ética no entrega el “pescado” ni transfiere el “anzuelo” sino comparte el “arte de hacer anzuelos”. El enfoque que entrega el pescado atiende a la agenda oculta del superior diseñada para crear dependencia absoluta entre los inferiores. El enfoque que transfiere el anzuelo atiende a la agenda oculta diseñada para definir los peces que el inferior tendrá acceso, a través del control de la forma y tamaño del anzuelo (modelo) previamente fabricado. El enfoque que comparte el arte de hacer anzuelos es el único que permite a los “talentos humanos” locales, que conocen a sus aguas y a sus peces, desarrollar su capacidad para construir anzuelos en las formas y tamaños que sus realidades, necesidades y aspiraciones requieren.

Por lo tanto, no todo lo que es posible es necesariamente relevante. Para ilustrar, la clonación humana es científicamente posible, pero éticamente no todos están de acuerdo que se deben “fabricar” clones humanos “diseñados” para crear seres humanos perfectos o replicar ciertos individuos. Desde la ética de la existencia, los científicos no tienen el derecho de decidir solos lo que debe ser clonado apenas porque saben cómo hacer la clonación. Cuando las condiciones, relaciones y significados que generan y sostienen la vida están en cuestión, la relevancia de lo qué debe ser hecho debe emerger de procesos de interacción social con la participación de diferentes grupos de actores sociales e institucionales de la sociedad, y no apenas de las decisiones de científicos y/o de actores poderosos que los financian. La expresión “otro mundo es posible” de los movimientos sociales debe ser reemplazada por “otro mundo relevante es posible”.

No queremos otro mundo apenas porque el mismo sería “posible”. Nosotros queremos que sea posible otro mundo “relevante” para todas las formas y modos de vida. Por lo tanto, contestando a la pregunta inicial, no existe uno sino múltiples desarrollos posibles. Si el desarrollo no se somete a “modelos”, y si no siempre el desarrollo posible significa desarrollo relevante, no existe “una” sino múltiples posibilidades de esfuerzos localmente relevantes de lo que venga a ser localmente negociado como “desarrollo” en diferentes contextos. Eso implica liberarse de lo universal, mecánico y neutral, del “modo clásico” de innovación, y asumir el contexto como referencia, la interacción como estrategia y la ética como el garante de la sostenibilidad de un desarrollo relevante, donde quepan todos.

Conclusión

En el marco de la normalidad neoliberal de la globalización que hizo de América Latina la región más desigual del mundo, ciertos agentes internacionales de los cambios nacionales, como el Banco Mundial (BM), Fondo Monetario Internacional (FMI), Organización Mundial del Comercio (OMC), Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y Agencia Internacional de Desarrollo de los Estados Unidos (USAID), entre otros, imponen un cierto “modelo” de desarrollo como posible y benéfico para todos. Crean cadenas mentales que definen “lo relevante” como algo siempre inventado en otros idiomas, creado por otros actores y que nos llega desde otros lugares con su “cooperación”. Eso facilita el acceso de los superiores a los mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes dóciles y cuerpos disciplinados de los inferiores. Este tipo de desarrollo ha sido siempre posible pero nunca relevante para los grupos sociales más vulnerables.

El nuevo “modelo” usa conceptos precedidos de la palabra “capital”, como “capital social”, para promover la metáfora del mundo-mercado en la época histórica emergente, en reemplazo a la metáfora del mundo-máquina del industrialismo, y para evitar la metáfora del mundo-ágora de los movimientos sociales. Bajo el régimen de verdades neoliberales de la globalización corporativa, todo lo que antes era “recurso” (natural, humano) es reducido a “capital” (natural, humano). En el mundo-mercado, todo se compra, desde principios hasta la naturaleza, y todo se vende, desde escrúpulos hasta la vida.

Con la pérdida de parte de la soberanía del Estado-nación, está emergiendo una especie de gobierno mundial, sin Presidente ni elecciones, donde los que deciden no son electos y los que son electos no deciden. La democracia representativa ya no logra representar a la mayoría; es una democracia de un día, el día del voto. El auto-proclamado “superior”, está haciendo una gran inversión financiera y manipulando a muchos actores multilaterales para crear nuevas reglas políticas, roles epistemológicos y arreglos institucionales favorables al “modelo” de desarrollo que le interesa, lejos del escrutinio público y de la participación ciudadana. Su estrategia es sencilla y ha sido muy exitosa: domesticar nuestra voluntad de cambiar al mundo, incluyendo la participación activa de nosotros como inocentes útiles en el proceso de nuestra misma domesticación. ¿Hasta cuándo? ¿A qué costo?

*José de Souza Silva es brasileño con Ph.D. en Sociología de la Ciencia y la Tecnología. Es filósofo del desarrollo, sociólogo de la tecnociencia y estratega de la innovación institucional. Fue Gerente de la Secretaría de Gestión y Estrategia (SGE) de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (EMBRAPA). Actualmente es investigador de EMBRAPA para las relaciones ciencia-tecnología-sociedad-innovación (CTSI) y líder de la Red Nuevo Paradigma para la innovación institucional en América Latina. José de Souza Silva ha cedido este material para su publicación en www.pensardenuevo.org
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  • 3 comentarios para “Descolonizando la dicotomía del superior-inferior en la “idea de desarrollo” De lo universal, mecánico y neutral a lo contextual, interactivo y ético”

    Mirta Rodriguez Albornoz Febrero 5, 2009

    José me permito tutearte porque soy mayor, cuando se llega a cierta edad una tiende a querer tener otra forma de comunicarse con los demás.
    He leído este tu trabajo dos veces, la primera por curiosidad ya que no había leído nada tuyo antes, y la segunda para volver a repetir esa sensación increíble que me dejan tus pensamientos. Dios permita que nuestra querida Latinoamérica fortalezca su dignidad para comprender que maravilloso podría ser valorar y aprovechar nuestro saber y cultura, que no es necesario copiarnos de nuestros hermanos del norte ni de nuestros hermanos europeos que desde aquí puede surgir un desarrollo que sobre todo será nuestro. La ética sin dudas es lo que tenemos que cultivar en nuestros corazones para que todo esto pueda darse.

    Cariños una “vieja” maestra que mira con optimismo el futuro cuando descubre personas como vos.

    Mirta Rodriguez Albornoz

    Cecilia Scarafoni Febrero 6, 2009

    Si no mencionamos la palabra desarrollo para referirnos a un cambio, podríamos utilizar el término evolución al referirnos al cambio que debe sufrir la sociedad para pasar a otra época pensando en conjunto desde la contextualidad?

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