Crisis financiera, una crisis de valores
Por Piedad Rojas, desde Colombia
La crisis financiera que asola a buena parte del planeta y el desplome de las pirámides financieras o captadoras de dinero en Colombia demuestran la inviabilidad de un modelo capitalista entregado al dogmatismo de la autorregulación: no basta con que la empresa cree valor de carácter endógeno. Y la crisis acaba de llegar, pero los problemas no son tan nuevos. Hace años que estamos asistiendo a numerosos escándalos en la gobernanza de las empresas, al derrumbe de compañías otrora ejemplares en sus resultados. La actual crisis económica global es la consecuencia sistémica de ese dogmatismo. El New York Times ha planteado editorialmente: “La crisis podría haber sido evitada si los reguladores hubieran aplicado las reglas, y si los funcionarios gubernamentales hubieran cuestionado los préstamos riesgosos y otras prácticas dudosas”..
Hoy, el mercado está exigiendo una visión sistémica del negocio y unos mínimos éticos que van más allá de los que establece los “contratos sociales” de cada país y sus legislaciones vigentes. Están en auge valores supra nacionales como la solidaridad, la transparencia, la confianza, determinantes para los consumidores, clientes, empleados, potenciales socios comerciales y estratégicos. Y el resultado es el incremento de organismos internacionales que exhortan a las empresas a comprometerse con principios y valores asociados a la Responsabilidad Corporativa y la sostenibilidad. Las empresas que seguramente saldrán avanti de la crisis financiera son las que tienen fortalecido su capital reputacional, relacional y humano. Son estos activos intangibles los que terminarán marcando la diferencia en términos de competitividad.
Si bien la empresa privada es el agente más activo en la Responsabilidad Corporativa, también juegan un rol determinante los gobiernos y la sociedad civil. Los gobiernos dando ejemplo a través de su accionar socialmente responsable, creando un ambiente de negocios competitivo que facilite a las empresas desarrollar sus actividades, así como con el diseño e implementación de políticas públicas e incentivos tendientes a impulsar y fomentar prácticas empresariales responsables. La sociedad civil, interactuando como agente imparcial de las empresas y el gobierno, dándole a conocer sus necesidades y expectativas y estableciendo con ellos flujos de comunicación constructivos en una labor de promoción, seguimiento y control. El óptimo para la efectividad de la Responsabilidad Corporativa sería la articulación de los esfuerzos entre estos tres actores sociales.
