¿Cambia Estados Unidos?
Por Elías González, desde España
Como expresó el presidente mexicano Felipe Calderón en la cena ofrecida en el Museo de Antropología al presidente Barack Obama, millones de personas en todo el mundo han depositado sus esperanzas en el buen hacer del mandatario norteamericano. La gira de Obama por Europa evidenció su realismo, su sencillez y su deseo de establecer una gobernanza mundial multipolar, lo que no significa que el presidente norteamericano renuncie a liderar el mundo, sino que se compromete a actuar como primus inter pares, como primero entre iguales. También es de destacar su correcta actuación en la Cumbre de las Américas, que sacó adelante con inteligencia, sensibilidad y prudencia.
Estados Unidos ya no es el demiurgo, sino que es un eslabón más, aunque de capital importancia, en la cadena de cooperación necesaria para el desarrollo, el progreso y la paz de todas las naciones, un cambio de rumbo en torno a la gobernanza mundial que tiende a transformar a su vez la retórica de otros líderes políticos, dejando a todas luces obsoletas las estrategias de acompañamiento servil, de aprovechamiento oportuno o de confrontación ideadas como respuesta a la pretendida y fallida unipolaridad de la pasada administración.
Muchos analistas tienen clara la personalidad del presidente Obama y el impacto de su visión global. Me parecen significativos los enunciados del presidente norteamericano, en especial aquellos que reflejan su decidida apuesta por una visión ética de la política, su rechazo a los remedios de las ideologías y su interés por construir un mundo más justo. Frente a los problemas de Estados Unidos y la situación global, los principios y la forma de actuar del presidente Obama me parecen realistas, y también coherentes con respecto de la meta de más hondo calado que anunció durante su campaña electoral: reestablecer el liderazgo moral de Estados Unidos en el mundo.
Pero si es posible que los problemas éticos de Estados Unidos, a partir de un determinado momento, no residan en la intencionalidad gubernamental, será preciso observar si ese cambio tiene el impacto suficiente para transformar las contradicciones éticas de la propia sociedad norteamericana. Y esto resulta fundamental, porque nos encaminamos a un mundo en el que la gobernanza mundial, en términos prácticos, se va trasladando, cada vez con más notoriedad, de los gobiernos e instituciones internacionales, a las corporaciones privadas de ámbito global.
* Este texto fue Editorial en el sitio www.eticaglobal.net
