ARGENTINA: CREER EN SUPERAR LAS DIVISIONES…
Por Rodolfo Garritano Araujo, desde Argentina
Creer en superar las divisiones no se trata solamente de una actitud mental. Se vincula, en verdad, con una pasión difícil de soslayar y que se corresponde con una corriente de ideas y de toma de conciencia que nace con el país, crece con su rica historia en hombres y hechos y se afianza en las generaciones que ven más allá de las dificultades inmediatas.
Nosotros hemos elegido, desde siempre, creer. Porque lo fácil es lo otro: la indiferencia, la falta de compromiso y hasta el desamor. Puede decirse que así como una dicotomía argentina, de orden político, signa nuestros procesos desde la Colonia, también en medio de las corrientes simultáneas de mutua oposición hay una alternativa de encauzamiento en la unidad y en la armonía de propósitos.
Las heridas del pasado, aún latentes, no construyen ni sirven para el fin que se han propuesto los que no aceptan vivir en pugna por pasiones que una nación moderna, con aspiración a una dinámica democrática, a una forma de vida civilizada y amplia, no puede tener en su seno.
Ahora, racional y emocionalmente, debemos creer. Pero creer fundamentalmente en nosotros mismos, en nuestra propia capacidad de trascender la inmediatez y ver más allá de la coyuntura, tantas veces crítica como polémica. Porque tenemos todas las posibilidades que un mundo en convulsión niega a otros pueblos y oscurece su horizonte. Tenemos riquezas, mal explotadas e inexploradas. Tenemos una generación culta de dirigentes, en pluralidad de clases y de proyectos. Tenemos un pueblo dispuesto a creer siempre, a esperar y a dar donación de sí. Hay una veta humana y material de primer orden. Hay un país vivo y potencialmente rico. Un país que está aguardando alcanzar su posición de privilegio en el mundo.
Esto supone una participación decisiva y franca, un rechazo del miedo y de la ofensa, de los valores secundarios que maneja desordenadamente, los que han elegido otra cosa: el estancamiento y la soledad. Más allá de esa carencia espiritual de pocos, somos muchos los que nos enrolamos en la paz, en voluntad de hacer y de ser.
Por eso, simplemente, hemos elegido creer. Creer en quienes nos representan y que el pueblo con aciertos y errores los ha elegido.
Ahora nos preguntamos ¿No somos capaces de revisar nuestras propias carencias y surgir fortalecidos en la intención de alcanzar otras metas más altas, menos estentóreas y menos altisonantes? Sí, somos capaces porque muchas veces hemos empezado a hacerlo. Con la fe de un conjunto humano del mejor nivel de conocimientos. Con la sabiduría de una historia que también dejó ejemplos de energía creadora y capacidad de decisión.
