Aprender inventando desde “lo local” o perecer imitando desde “lo global”

Por José de Souza Silva, desde Brasil

El lema “pensar globalmente y actuar localmente” es deletéreo para la sostenibilidad[1]. Influenciando el imaginario social de muchos inocentes útiles (actores ingenuos que intentan emular el más fuerte), este lema desvincula el pensar del nivel del actuar, promoviendo el pensamiento único universal que nos hace vulnerables, y silenciando el pensamiento crítico local que nos hace sostenibles. El desafío es pensar lo global, lo regional, lo nacional, etc., desde “lo local”, y actuar donde sea “relevante y posible”.

Nuestra vulnerabilidad existe a partir de la visión de mundo del dominador, que impone su concepción universal de realidad sobre las visiones locales de los grupos subalternos. Como revelan los científicos del Programa Latinoamericano de Investigación sobre Modernidad/Colonialidad, esta “colonialidad del poder” crea una división de trabajo en el proceso de generación, acceso y uso de conocimiento-geopolítica  del conocimiento-que nos transforma en meros receptores de valores, conceptos y paradigmas generados lejos de nuestro contexto y sin compromiso con nuestro futuro. Por lo tanto, debemos romper este mapa del “saber universal” donde, no por coincidencia sino para fines de dominación, “lo relevante” existe solamente en “ciertos idiomas”, es generado apenas por “ciertos actores” y llega solo de “ciertos lugares”.

En América Latina, desde 1492, fue introducido el pensamiento subordinado al conocimiento autorizado por el más fuerte. Eso implica la práctica del mimetismo, donde el apoyo existe más para la adopción de diseños globales que para la creatividad en iniciativas locales. Sin embargo, 500 años después, en 1992, Humberto Maturana y Francisco Varela demostraron en El Árbol del Conocimiento que la característica común a todos los seres vivos es la capacidad de aprender en interacción con su contexto (dominio de su existencia). De ahí se pueden deducir algunas premisas para comprender los problemas contemporáneos:

1.        Vivir es aprender, aprender es cambiar, y cambiar es vivir aprendiendo en interacción con el contexto. Lo coherente es “existo luego pienso”, no “pienso luego existo”, como propuso equivocadamente Descartes. Para pensar primero hay que estar vivo, y para seguir viviendo hay que seguir aprendiendo. El que deja de aprender es un candidato a la extinción, porque pierde la sabiduría imprescindible para su sostenibilidad, que depende de la coherencia de su forma de vivir y del grado de su correspondencia con el contexto-lugar-donde vivimos, del cual dependemos, el cual cambiamos y donde somos (o no) relevantes. Bajo esta premisa, la sostenibilidad y el aprendizaje son fenómenos contextuales e interdependientes.

2. En el mundo del “desarrollo”, no existen problemas ni soluciones universales. Por incluir seres humanos, los problemas de desarrollo no son resueltos; son problemas cambiantes a ser interpretados contextualmente y manejados localmente. Los actores sociales tienen historias locales condicionadas por su formación pasada, desafíos presentes y aspiraciones futuras. Por eso, el desarrollo no se somete a modelos universales, que no son malos sino irrelevantes localmente. Para “diferentes” grupos, las condiciones de bienestar socialmente relevantes, culturalmente aceptables, económicamente viables y éticamente defendibles emergen de “diferentes” esfuerzos de innovación contextualizados a partir de sus historias locales.

3. El enfoque contextual implica innovar desde las historias locales. La innovación relevante para un cierto grupo de actores emerge de procesos de interacción social que incluyen su participación, lo que implica generar conocimiento significativo en el contexto de su aplicación e implicaciones. Asociado necesariamente a las aspiraciones locales, “lo relevante” no emerge de diseños globales cuyo universalismo subalterniza el contextualismo imprescindible de las experiencias y saberes locales. La imitación bajo la dictadura de la razón universal puede ser fatal, como en el caso de la civilización occidental que nos impone un modelo universal de producción y consumo que no está en correspondencia con los límites del planeta.

4. La universalidad de la “idea de desarrollo” facilita la dominación. Para fines de dominación, esta idea ha sido disfrazada en varios nombres (progreso, modernización), oculta bajo muchos rostros (civilización, desarrollo), adornada con lindas promesas (paz, bienestar), ofertada hipócritamente (ayuda, cooperación), bajo un enfoque evolucionista (fases, etapas), a través de diseños globales (colonización, globalización), usando reglas universales (leyes/políticas internacionales, tratados de libre comercio) e instituciones de control (ejércitos, organismos multilaterales), asegurando resolver problemas universales (hambre, pobreza), para institucionalizar y legitimar sus consecuencias (desigualdad, injusticia), mientras busca-a cualquier costo-exclusivamente el objetivo del crecimiento económico para el beneficio del más fuerte.

¿Qué es la globalización? Usando la mentira como filosofía de negociación pública y el miedo como estrategia de control, el más fuerte define nuestras reglas nacionales como barreras a derrumbar para el éxito de las reglas transnacionales del nuevo orden corporativo mundial del capitalismo global. El más fuerte crea las nuevas “reglas del juego del desarrollo” lejos del escrutinio público y de la participación ciudadana, transformando la democracia representativa en “el arte de engañar al pueblo”, reduciéndola a una democracia de un día-el día del voto-. Ahora practicada como farsa, la democracia abre paso para un gobierno mundial, sin Presidente ni elecciones, donde los que deciden no son electos y los electos no deciden. Sometidos al poder de corporaciones e inversionistas transnacionales, ciertos gobiernos no ratifican acuerdos multilaterales que promueven la relevancia de lo humano, lo social, lo ecológico y lo ético, redefiniendo estos aspectos como “obstáculos al desarrollo”; es decir, barreras a la mercantilización de la naturaleza y de la experiencia humana. La no-ratificación facilita el acceso irresponsable a materia prima abundante, mano de obra barata, mentes obedientes y cuerpos disciplinados.

Sin compromiso con el bienestar de las familias, comunidades y sociedades, el debate sobre globalización y desarrollo no avanza de forma relevante, y sufre también de indigencia epistémica ya que el climaterio intelectual de los economistas neoliberales no les permite crear más allá de lo que les dicta el mercado. Un futuro mejor y sostenible para la humanidad empieza con la negociación de sus aspectos humanos, sociales, ecológicos y éticos. En caso de conflicto, el “principio del bienestar inclusivo” decide a favor de la propuesta que beneficia el mayor número de individuos, grupos sociales, comunidades, sociedades y/o formas de vida. Tratemos primero de la sostenibilidad de “modos de vida”, no de la sostenibilidad del crecimiento económico, de la agricultura, de los recursos naturales, etc., como un fin en si mismos.

Cuestionemos una globalización creada por “desarrollados” y promovida a través de un diseño global, donde el comercio es “vendido” como el único puente válido hacia el imposible “milagro del desarrollo” y el inalcanzable “diploma de desarrollado”. Además de ser falsa, esta premisa nos presiona otra vez a cambiar apenas las “cosas” (leyes, políticas, instituciones, etc.), sin la participación de las “personas” que cambian las cosas, siguiendo la racionalidad del modo clásico de innovación, donde solo unos generan, otros transfieren y el resto adopta el conocimiento generado. Sin embargo, nosotros debemos innovar el modo de innovar, centrando los esfuerzos de cambio primero en la transformación de las “personas” que cambian las cosas. Eso implica un cambio conceptual que transforma las formas de ser, sentir, pensar y actuar de los que deben superar la vulnerabilidad de sus modos de vida, construyendo su sostenibilidad. Si la vulnerabilidad es constituida por problemas antropogénicos-creados por la acción humana-, la sostenibilidad solo emergerá de la interacción humana. Este proceso es dependiente de la solidaridad, no de la indiferencia y mucho menos del egoísmo explícito del neo-mercantilismo neoliberal que asume la existencia como una lucha por la sobrevivencia a través de la competencia. Sin solidaridad, construiremos el mundo del cada uno por sí, Dios por nadie y el Diablo contra todos. Sin embargo, en la construcción de la sostenibilidad, somos todos ángeles de un ala, que no logran volar si no lo hacen abrazados.

Es cierto que todo cambia. Sin embargo, siguiendo la canción Todo Cambia, magistralmente interpretada por Mercedes Sosa, encontramos que “…todo cambia; solo no cambia mi amor…ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente”. Para las organizaciones, eso implica cambiar modos de interpretación e intervención, pero no su compromiso con los sueños colectivos locales. Un sueño compartido por muchos es una fuente de emoción esencial para movilizar imaginación, capacidad y compromiso, porque sin emoción no hay pasión, y sin pasión no hay compromiso. No aceptemos el neoliberalismo-la ideología de la explotación con exclusión-que promueve la globalización de forma oculta también en la “idea” de desarrollo, cuando la presenta disfrazada de desarrollo sostenible, o adornada con promesas universales que nunca serán cumplidas, como los pomposamente anunciados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs). Aceptar la globalización neoliberal implica perecer imitando desde los diseños globales, cuando deberíamos aprender inventando desde las historias locales. ¿Hasta cuándo? ¿A qué costo?


[1] La sostenibilidad implica cultivar-de forma coherente y continuada-las condiciones que generan y perpetúan la vida, evitando la erosión de la biodiversidad, de la diversidad cultural y de las relaciones que aseguran la existencia-con bienestar-de todos los modos de vida en el planeta, lo que varía con el contexto eco-ambiental, etno-socio-cultural, económico, político, etc.
*José de Souza Silva es brasileño con Ph.D. en Sociología de la Ciencia y la Tecnología. Es filósofo del desarrollo, sociólogo de la tecnociencia y estratega de la innovación institucional. Fue Gerente de la Secretaría de Gestión y Estrategia (SGE) de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (EMBRAPA). Actualmente es investigador de EMBRAPA para las relaciones ciencia-tecnología-sociedad-innovación (CTSI) y líder de la Red Nuevo Paradigma para la innovación institucional en América Latina. José de Souza Silva ha cedido este material para su publicación en www.pensardenuevo.org
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  • 3 comentarios para “Aprender inventando desde “lo local” o perecer imitando desde “lo global””

    Dario Linar Diciembre 14, 2008

    Es un planteo tan complementario con la realidad latina y con los aires que vienen desde hace año llamando a otro planteo. Espero màs articulos de usted.

    Carlos Palenzuela Mayo 9, 2009

    Gracias Souza como siempre, que te oigo o leo, disfruto de tus análisis y propuestas, ya sea en Cuba, o desde la red en cualquier parte del mundo. En tu análisis sobre el lema “pensar globalmente y actuar localmente” no me queda claro en mi manera de razonar que este desvincule el pensar del nivel del actuar, yo no haría esa aseveración, creo que si exite ese vínculo, y como tú planteas, por ello es que es justamente impositivo y promueve el pensamiento único universal que nos hace vulnerables. En cuanto a las demás propuestas no tengo nada que objetar, las comparto.

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