Ante la crisis del olivar, agrupaciones integradas
Por Juan Molina, desde España
Hay cuestiones en la agricultura que son culturales, y afectan al medio ambiente tanto o más que una guerra. Me refiero a la falta de formación en el sector, unas veces debido a la desidia, y otras al casticismo. Pudiera parecer que el haber nacido en ambiente agrario marca conocimientos vía cromosómica; o, por otra parte el haber sacado una oposición hace más de un cuarto de siglo nos hiciera inmunes a la innovación o saber escuchar y tratar a los ciudadanos que individualmente o por medio de una organización presentan a las autoridades su aportación en forma de informes, alertas u observaciones.
Las autoridades agrarias tienen una gran dificultad para hacerse entender por los sectores implicados: las guías de buenas prácticas, o las recomendaciones en otros sectores como crear agrupaciones no son atendidas por los productores en un gran porcentaje. Interesan las subvenciones, y el modo de conseguirlas, ahí se va mucha parte del esfuerzo de organizaciones agrarias, y entidades locales. Pero la formación, sigue siendo la cenicienta del sistema. Por no formarse no forman ni los propios ayuntamientos a los funcionarios en los que se deposita la responsabilidad de estimular y facilitar las prácticas respetuosas para la biodiversidad en los municipios, me refiero a las AGENDAS21 locales.
La imagen es la de un administrativo de ayuntamiento, con una mesa plagada de carpetas con doscientos mil asuntos, que carece de tiempo para dedicar a los cometidos de AGENDA21.
Mientras los campos se colmatan de sales minerales y esclerocios de los tratamientos agrícolas, y los hongos patógenos que se han hecho fuertes como consecuencia de unas malas prácticas agrarias.
Mitos, y más mitos circulan entre informes y orientaciones que desde determinadas administraciones agrarias se dan a los olivareros desconcertados por la seca de sus olivos, y el bajo precio del aceite. Plante usted frantoios y arranque usted los picuales…eche usted más cobre en forma de círculo mágico entorno al tronco…
El gran productor se plantea ante la bajada de precios del aceite en origen, y la subida de insumos si tratar el olivar, o dejarlo a su suerte con la amenzante vecería que empieza a intuirse. Suelos desnutridos con gran pérdida de suelo fértil, y abundantes micelios de malos hongos atacando plantaciones millonarias pero inmunodeficientes.
Si miramos a nuestro alrededor encontramos unas estructuras densas de agricultores donde cada cuál se siente solo. Desconfianza, incertidumbre y falta de formación.
En este ambiente cualquier iniciativa innovadora y respetuosos con el medio ambiente corre el peligro de frustrarse, pues a los investigadores agrarios que se dedican a la formulación, y producción de nuevos nutrientes no hay quien los oiga. En ese ambiente, el olivar español que no se adapte a las agrupaciones de producción integrada se va a desintegrar.
El productor samurai con su cuba, tractor, vibrador, sistema de riego sin equipos de autocontrol, cuadrillas de recolección, y de poda, ése…se va al traste si no aprende a llevar libros de campo, asesorarse en técnicas de eficiencia energética o riego, y no se decide a unirse a sus iguales en crear agrupaciones de producción integrada.
Sí, se dirá que el aceite de oliva es una grandísima fuente de salud para las personas, pero la realidad es que el olivar empieza a enfermar ¿a qué país vamos a vender un aceite que se produce en un ambiente deficitario?
Sin agrupaciones de producción integrada no es posible el control de calidad. Éstas podrán hacer viable una política de respeto con la biodiversidad, y la mejora en calidad y comercialización del aceite.
Estamos ante un grave problema cultural, las Administraciones solas no pueden transferir información a los sectores implicados, si no cuentan con otros agentes privados: asociaciones y empresas.
