III. Memoria y secreto
Rafael Concuerdo contigo en que es más correcto definir al término secreto como algo que se instaura en el interfaz de lo que en una sociedad se considera como privado y público, siendo estas categorías de segundo orden, es decir que no son propiedades de algo (un texto, una foto, un evento de cualquier tipo) sino algo que se les atribuye en un juego social. La diferencia entre lo privado y lo secreto hace relación a algo que se quiere activamente impedir que otros tengan noticia. En un sentido todavía más estricto podríamos añadir que la razón de mantener algo secreto es que su conocimiento por terceras partes puede ser de daño (directa o indirectamente) para quien lo custodia. Además podríamos distinguir tipos de secretos de acuerdo a su contenido y el estatuto de la persona o el grupo que lo custodia, como ser por ejemplo el secreto de estado. Finalmente habría que analizar no sólo la relación entre secreto y lenguaje sino también la atribución de la característica de secreto a todo tipo de objetos y de relaciones entre los mismos. Todo un cosmos que ensancha lo que se suele llamar criptología, un término que relaciona lo oculto (kryptós) con el lenguaje (lógos) y alude a las técnicas para ocultarlo.
El campo semántico del idioma griego ofrece términos muy cargados de historia como el de misterio (mystérion) y místico (mystikós) que alude a algo que se cierra, como por ejemplo cerrar los ojos, así como al silencio (sigé) relacionado con cerrar la boca (muán), así como con el silencio (hesychía) y ek abstenerse de juicio (epoché), siendo estos términos utilizados en su mayoría en un contexto místico o mítico (Mortley 1986). Lo oculto o ‘no-abierto’ (ádelos) es un término relacionado con el de verdad (alétheia) en ek sentido de lo ‘des-velado’. Lo indecible (árreta) está relacionado con lo obsceno (apórreta) así también como con lo que no se debe decir antes de tiempo (aprórreta). (Ver el comentario de (Panno 2005, 73) al texto de Platón (Leg. 968e) así como el de (Mortley 1986, 15) al texto de Platón (Soph. 238 C) sobre la imposibilidad de decir (árretos) lo que no es (me ónta).
El latín tiene términos como occultus, abditus, reconditus, tectus, latens, arcanus, secretus, clandestinus, furtivus, tacitus, mysterium, silentium. La red semántica tiene a su vez diversas connotaciones de acuerdo al ámbito en la que se la ubica, como ser el ámbito político, religioso, económico o el de las relaciones personales y, mas específicamente, sexuales. Con esto entramos en el campo de la vergüenza y del pudor es decir de lo que los griegos llamaban aidós que abarca desde lo sexual hasta lo religioso mostrando su relación y tensión.
En alemán el adjetivo geheim, de donde se deriva el sustantivo Geheimnis, un término que se usa tanto en el sentido de secreto como de misterio, tiene su raíz en el sustantivo Heim que significa hogar, es decir un lugar conocido y en el que uno tiene confianza. De ahí el título (antiguo) de Geheimrat o “consejero de confianza” así como el significado de algo que es “de mucha confianza” o secreto, siendo el “secretario” - en alemán se usa este término (Sekretär) desde el siglo XV, derivado del latín de la Roma imperial - alguien encargado de la correspondencia (de un príncipe) sobre la que debe guardar discreción (consiliarius intimus o consejero privado). También se utiliza en alemán el término Sekret (secreción) como terminus technicus en medicina en el sentido de una sustancia que es separada o segregada del organismo por una glándula o una herida.
En un artículo sobre “los límites del mostrar público” el filósofo alemán Wolfgang Wunden indica que el primer gran tratado sobre el tema de la protección del secreto fue escrito por Domingo de Soto (1494-1560) un domínico nacido en Segovia, confesor de Carlos V, teólogo en el concilio de Trento y profesor en Salamanca, titulado “De ratione tegendi et detegendi secretum” (”Acerca de las razones para proteger y hacer público un secreto”) (Salamanca 1541) (Wunden 1995. Para Domingo de Soto es un pecado mortal violar un secreto de una persona sin causa justificada pero es un pecado menor que matar y cometer adulterio pero mayor que robar. Desde este perspectiva Soto pone al secreto por encima del respeto a la propiedad material lo que, según Wunden, se puede explicar teniendo en cuenta la situación social de una época en que se vivía en lugares limitados con la posibilidad de control mutuo. Soto trata en especial el tema del secretum commissum o sea de algo que ha sido encomendado como secreto siendo así que en determinadas circunstancias la promesa de guardarlo puede y debe ser violada, como por ejemplo en caso que dicha información no dañara el buen nombre de terceros o cuando fuee un deber moral el violar dicho secreto como por ejemplo cuando alguien que aspira a un puesto público para el que se requieren cualidades morales excepcionales da la impresión de ser “limpia” sin serlo. De acuerdo a Wunden el secretum commissum se contrapone al secretum naturale el cual está relacionado a la protección del buen nombre y del honor. Para guardar este secreto no es necesario contar con la promesa de otra persona. El deber de respetarlo se basa en que nadie debe daño a otra persona si razón.
De acuerdo a Wunden la concepción del derecho a un ámbito personal secreto o a lo que hoy llamamos la esfera privada es de carácter reciente, pero también un predecesor en la obra del cardenal jesuita Juan de Lugo (1583-1660) “De justitia et jure” (1642). Para Lugo los secretos privados son un bien a proteger fundado en los mandamientos de no dar falso testimonio y no robar. Es Dios mismo quien los resguarda incluso de los ángeles. El secreto es visto como un bien en si mismo y una propiedad. Si robar algo material es pecado, cuanto más robar algo espiritual. Según Wunden, es esta la primera vez que se fundamenta una concepción de la protección del secreto independientemente de si éste causa un daño o no. Lugo menciona dos tipos de secretos. En primer lugar cuando las personas dan mucha importancia a guardar para sí mismas conocimientos de cosas de gran importancia y en segundo lugar cuando dan mucha importancia a conservar conocimientos para sí mismos que otros nos tienen. Sobre el tema de la “mucha importancia” se refiere Lugo cuando trata del secreto postal. ¿Se puede violar dicho secreto? Lugo trata dos casos en que es moralmente permitido: primero cuando se tiene conocimiento de algo malo y oculto sobre otra persona, siendo obtenido de forma correcta y en segundo lugar cuando no se lo obtiene de forma correcta por ejemplo abriendo una carta. En este último caso las razones para violar el secreto deben ser mucho mayores. En otras palabras, Lugo, por primera vez en la historia del pensamiento occidental da un valor eminente al secreto en el marco del respeto a la dignidad humana, algo que, según Wunden, se ha perdido de vista en la sociedad de los medios actual (Wunden 1994, p. 178). Esta concepción de un ámbito privado perteneciente al núcleo interno del ser humano es cuestionada por Michael Nagenborg en su estudio sobre el concepto de privacidad (Nagenborg 2005). De acuerdo a Nagenborg el derecho a la privacidad, que él ubica dentro de una “cultura de lo privado”, tiene lugar sólo cuando se pueden dar razones fundadas para mantener la distancia de terceros. Privacidad significa “la posibilidad de retirarse de la sociedad por un cierto tiempo. Esto sólo es posible cuando existe la libertad para hacerlo” (Nagenborg 2005, 205).
En el libro al que haces alusión, Derrida opone “el principio de archivo” - un término que proviene del griego arché es decir principio o fundamento - a lo que Freud llama el “Todestrieb” o “la pulsión de muerte’. El archivo es, por un lado, algo que niega la muerte y el olvido. Los archivos son instrumentos de recuerdo, lo que los griegos llamaban hympomnema (Thiel 1993), un término relacionado con “recuerdo” (anamnesis) en el sentido de un remedio (pharmakon) contra el olvido. Hympomnema es algo que sostiene al recuerdo, un signo casi insignificante. Platón sueña, como lo indica Detlef Thiel (1993, 201), con una memoria sin signos, es decir sin suplementos materiales como algo opuesto a ese otro sueño filosófico que seria el de una memoria materializada absoluta. La sociedad de la información digital actual tiende hacia el segundo tipo de sueño en el momento mismo en que diluye a la escritura permanente basada en la técnica de Gutenberg en una escritura virtual y, más aún, en una conjunción con la oralidad digital en la sociedad de los mensajes digitales, como si el mito egipcio del dios Theut, el inventor de la escritura como lo relata Platón en el “Phedro”, se identificara finalmente con su pendant griego, Hermes, el mensajero de los dioses. Los archivos son instrumentos de memoria, pero también, como lo indica Derrida, la muerte es un ángel anárquico que destruye tanto al mensaje como a su archivo. La muerte es “el mal de archivo”. De acuerdo a Derrida, el concepto clásico de ciencia (epistéme, theoría) no estaba relacionado al de archivo, sino que esta conexión resulta de la tecno-ciencia moderna la que inventa constantemente nuevos medios de archivo, pero cada uno de ellos determina la estructura de lo que es archivable y con ello también de lo que puede guardarse como secreto.
Tu dices que el secreto es “un dispositivo de exclusión” y concuerdo contigo si tomamos esta definición con toda la ambigüedad del término exclusión. En Europa y en especial en Alemania existe una legislación muy estricta en todo lo que se relacione a la protección de la privacidad de los datos personales, a su ‘exclusividad’ por así decirlo, algo que justamente va perdiendo su sentido en el momento en que dichos datos son digitalizados, archivados y accesibles en la red digital. Este derecho a la privacidad informacional incluye tanto la parte activa de disponer libremente sobre qué datos personales quiero comunicar a otros o no, como la parte pasiva de tener conocimiento sobre qué datos los otros, y en particular el estado, obtiene y archiva sobre mí, excluyéndome de dicho conocimiento. El fundamento ético de este derecho a lo que podríamos llamar la exclusividad informacional es la autonomía del individuo tal como la concibe la filosofía occidental especialmente desde la Ilustración pero con raíces en la metafísica griega del sujeto como sustancia (hypokéimenon) y espíritu (nous) y la tradición judeo-cristiana del alma inmortal.
No es fácil encontrar un lugar común que acoja a esta visión del ser humano que afirma la dimensión invaluable, es decir la dignidad del ser humano individual, junto a, por ejemplo, la tradición buddista de la ‘negación del sujeto’ (Rafael Capurro 2005) o tradiciones africanas con la primacía del grupo sobre el individuo (Rafael Capurro 2007). Recién la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” surgida luego de los horrores de la Segunda Guerra Mundial ofrece un marco semi-legal para poder discutir teórica- y prácticamente sobre lo que significa e implica el respeto mutuo en relación a una dimensión que es en cierto sentido secreta o no-decible plenamente y las que tú te referías aludiendo a la frase de Wittgenstein “De lo que no se puede hablar, sobre eso se debe callar” (”Wovon man nicht sprechen kann, darüber muß man schweigen”) (Wittgenstein 1984, 7) haciendo una diferencia implícita entre un “hablar de” (”sprechen von”), o sea un hablar no-objetivante sobre aquello que queda oculto por no ser desvelable sino indirectamente, y un “hablar sobre” (”sprechen über”) a la que alude también, pero esta vez explícitamente, Heidegger (Rafael Capurro 2006a). El lenguaje de la ética no menos que el lenguaje del amor es esencialmente un lenguaje indirecto que roza lo secreto usando máscaras o metáforas. San Juan de la Cruz escribe en la “Noche oscura” cuando el alma sale en busca del amado:
“a oscuras, y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras, y en celada,
estando ya mi casa sosegada” (Juan de la Cruz 1993, 28)
Con lo cual nos encontramos, por así decirlo, en el otro extremo semántico del tema del secreto comparado a su contexto social y político.
Te propongo hacer una distinción conceptual entre ‘sociedad de la información’ y ‘sociedad del secreto’. Llamo ‘sociedad de la información’ aquella que está estructurada con una tendencia horizontal o democrática, mientras que la ‘sociedad del secreto’ tiende a esquemas jerárquicos o verticales, como es el caso de sociedades fascistas del siglo pasado, la del Ancien Régime francés así como las sociedades medievales y las de la antigüedad con excepción (relativa) de la democracia griega y sus sucesoras, en especial las democracias modernas. En las sociedades del secreto tiende a eliminarse el dominio privado o este vale sólo para una persona, un partido, una casta… que guarda secreto su saber sobre el resto de la sociedad, no permitiendo que nadie tenga un lugar no accesible a su poder. Estamos en el esquema panóptico descrito por Michel Foucault (Foucault 1975).
Las sociedades democráticas se caracterizan por tener un dispositivo para descubrir algo (supuestamente) ilegal que alguien intenta ocultar - este es el sentido de la libertad de prensa como un cuarto poder político - y otro dispositivo, el de la protección de datos personales, que impide que el estado o grupos sociales, se sirven de informaciones ilegalmente o sin el consentimiento adecuado. A fines del siglo XX la libertad de prensa tiende a abusar de su poder no sólo como instrumento político sino también sobrepasando los límites de la privacidad en busca de escándalos que le procuren un mayor rendimiento económico. El estado, a su vez, se sirve cada vez más de la red digital mundial y de todo tipo de instrumentos de observación y control, para, en los mejores casos, aumentar la seguridad social al costo de las libertades individuales. Esta tendencia se acelera sobre todo después de los acontecimientos del 11 de setiembre de 2001 en Estados Unidos y la consecuente lucha contra el terrorismo. Pasamos entonces de la democracia basada en la libertad de prensa y la abolición de la censura, sobre todo en relación a los libros y demás productos de la era de Gutenburg, por la mediocracia del siglo XX hasta llegar a la ‘netocracia’ (netocracy), o poder de la red, de fines del siglo pasado y comienzos del siglo XXI. Lo curioso es que la pérdida del sentido de lo privado no sólo no es vista a menudo como algo negativo, sino que gran número de personas ponen libremente en la red aquello que antes se consideraba como privado y en muchos casos, sobre todo en el plano sexual, como secreto o íntimo. El exhibicionismo pasa a ser un valor social y la red digital se transforma cada vez más un medio de exhibicionismo.
Pienso que toda sociedad humana funciona con el código desvelar/ocultar y que dicho código es un “concepto de la reflexión” (”Reflexionsbegriff”) como los llama Kant, en contraposición a conceptos que expresan cualidades de objetos. Los conceptos de la reflexión se refieren a relaciones entre las representaciones y ellas (las relaciones) son objeto de comparaciones y juicios. Kant llama “amfibolía” (literalmente: colocarse en dos lados) al falso uso empírico de dichos conceptos, como si ellos se refieran a cualidades de las cosas (sensibles), siendo así que son de carácter “transcendental” o inteligible, dandose una equivocación de niveles. En otras palabras, la oposición entre lo público y lo privado, o entre lo abierto y lo oculto o secreto, se refiere a modos de ver y enjuiciar relaciones y dispositivos sociales en el lenguaje. La base sobre la que descansa este código desvelar/ocultar es la memoria, tanto individual como colectiva. La cual a su vez se sirve del dispositivo del olvido y del recuerdo para frenar y reprimir o para acelerar, como catalizador, los cambios sociales y en especial las reglas morales vigentes. Vista así, la ética, como la concibe Michel Foucault en sus clases sobre la parrhesía citadas anteriormente, es un dispositivo catalizador o un síntoma del desacuerdo entre una interpretación fija, en el sentido de “cualidad de objeto”, de lo que se ve como moralmente permitido de ser ocultado o descubierto. En muchos casos se produce un efecto social “amfibólico” del cual se sirven abundamente los medios de masas en tanto que actúan como altoparlantes de la moral vigente o de lo que se considera como ‘políticamente correcto’.
Una tarea esencial de la ética de la información en un mundo globalizado digitalmente es justamente la de ‘descubrir’ o cuestionar dichas amfibolías y crear un espacio abierto de reflexión donde se pueda debatir sobre los límites entre secreto y desvelamiento, teniendo en cuenta que en la interpretación y aplicación de este código se juega algo especificamente humano. Una sociedad sin posibilidad de secreto es, vista así, tan inhumana como una sociedad donde todos creen que pueden, e incluso que deben, decir todo a todos. Esto es otra forma de expresar la tensión entre memoria y olvido teniendo en cuenta tanto la base biológica de estos fenómenos como también, como lo indicábamos anteriormente, lo que Jan Assmann llama la “memoria cultural” de una sociedad, es decir los procesos de selección y retención objetivada o mediática que permiten que una sociedad cree su identidad y la modifique.
Recientemente los biólogos han encontrado - tratando a ratas con electroshocks - que existe un mecanismo a nivel molecular para almacenar recuerdos individuales siendo posible borrarlos con una sustancia química (Eichinger 2007), ¿un sueño y una pesadilla, no? Ya los egipcios pensaban que borrando la cartucha de un faraón se borraba su memoria y con ella su existencia misma. Para los egipcios ser era sinónimo a aparecer, siendo esencial entonces inventar dispositivos que hicieran posible un aparecer casi sempiterno en un mundo oculto, divino y celestial. La sociedad secular en la que vivimos quiere decir, comunicar y conservar todo en la esfera digital viéndose sorprendida por las paradojas de este proyecto. Yo llamo a este proyecto que absolutiza la perspectiva digital como la única válida para interpretar al ser de los entes metafísica digital y la distingo de una ontología digital (Rafael Capurro 2006b). Esta relativización de la perspectiva digital haciendo referencia a las diferencias cualitativas de los otros medios la expreso con una fórmula en latín: “totum sed non totaliter”. Es decir, en cada medio se puede decir todo pero no desde todas las perspectivas mediáticas al mismo tiempo, debido a sus diferencias cualitativas ineludibles (Rafael Capurro 2006).
Los blogs y los wikis así como otros tipos de foros digitales de intercambio en todos los campos imaginables y abarcando tanto a grandes comunidades de millones de clientes hasta grupos selectos son índices de un cambio de las categorías de secreto y desvelamiento que cuestionan muchas delimitaciones y reglas morales y legales vigentes en comunidades, culturas y estructuras políticas así como complejos mediáticos de difusión vertical de mensajes, cuyas consecuencias positivas y negativas a distintos niveles recién empezamos a percibir y a pensar.
Raquel Casi me quedaría callada después de tu excelente desarrollo pero en el mail que me dirigías acompañando este texto pasó algo que me parece importante hacer público. Me escribes que leíste en el último número del Magazine littéraire (Geffroy 2007) dedicado a “les ecritures du moi, autobiographie, journal intime, autofiction” una expresión paradójica “journal extime”. Esa expresión operó como una llave, una clave olvidada. ¿Cómo no había recordado ese término central que inventa Lacan para designar el estatuto particular que cobra a veces el decir o el hacer público?
Voy a situar ese término para luego responder a esa pregunta. En su seminario sobre “La ética del psicoanálisis” (1960) Lacan se encuentra hablando del arte, en particular de las anamorfosis, y alude a las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira: esa cueva en donde sorprendentes imágenes fueron dejadas allí como pruebas objetivas del ejercicio artístico en un pasado remoto, pero pruebas subjetivas también pues a través del tiempo nosotros, al contemplarlas, somos puestos a prueba en ese encuentro. Ellas nos remiten al ejercicio de creación que se organiza en torno a un vacío, delimitado, el de una pared, el de una página en blanco, el de una pantalla. Ese lugar vacío, presentificado por la caverna (de Altamira, de Platón, de nuestras pantallas) opera, según Lacan como lugar central desde donde opera la creación a la que califica como “esa exterioridad íntima, extimidad, que es la Cosa” (1960) en cuya cercanía algo se produce.
La Cosa, con acentos kantianos, remite a Freud cuando en sus primeros escritos, que Lacan trabajaba en ese año, describe, en las experiencias iniciales del encuentro con el prójimo, la presencia de dos componentes, aquel que se ofrece al discernimiento y el que permanece como Cosa que escapa al sujeto, “das Ding”, dice Freud.
En 1969, Lacan retoma el término, “éxtimo” y precisa, “lo que nos está más próximo, siéndonos a la vez exterior” (”ce qui nous est le plus prochain tout en nous étant extérieur”. El espacio de la exterioridad-interioridad que la caverna abriga, la extimidad, muestra que la topología para pensar la relación del sujeto con el campo del Otro no puede recurrir ya a la simplificación de un adentro y un afuera. De ahí todas las búsquedas en esta dirección efectuadas por Lacan a partir de esos años.
Retornando al e-mail que me enviaste: al leerlo en mi pantalla una palabra resonó y despertó lo mío que necesitaba ese recorrido éxtimo para reaparecer. Reconocerlo, en este caso era fácil, no siempre lo es, y hacer con ello algo nuevo. Este pasaje por el campo del Otro permite encontrar lo que ya no merece ser llamado “propio”, pero que permite al sujeto subjetivarse allí.
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