II. Olvido, censura y secreto
Rafael Con respecto a lo que indicas al final sobre el “decir verdadero” como lo plantea Michel Foucault en su curso sobre la parrhesía (Foucault 1983), creo que es importante ver este tema tomando como contraste la tradición oriental, y en especial la de la China clásica, del “decir indirecto” como lo investiga François Julien (1995) haciendo especial referencia al sabio taoista Dshuang Dsi (365-290 AC). En otra ocasión he tratado de mostrar la relevancia de esta contraposición entre “decir directo” y “decir indirecto” para la configuración de distintos tipos de sociedades de la información (Rafael Capurro 2006). Lo que dice Lacan sobre la relación entre la mano y el agua del río expresa la relación taoista con la naturaleza como un proceso (”dao”) en el que estamos inmersos y que “alimenta la vida” como dice Jullien (Jullien 2005). El “vacío central” es justamente lo que no podemos decir directamente, y que como tal queda secreto pero manifiestándose al mismo tiempo en experiencias aparentemente tan contradictorias como el goce y la angustia. El “decir indirecto” corresponde a lo que aludes al comienzo cuando hablas de la “polifonía semántica” como algo específico del hablar humano.
Los distintos tipos de rigidez y de variabilidad en el caso de la codificación computacional o en las estructuras genéticas es un tema en el creo que recién estamos entrando cuando intentamos por ejemplo interpretar los procesos biológicos con categorías de comunicación de mensajes o de trasmisión de información codificada. La variabilidad semántica del lenguaje humano es evidentemente de otro carácter que la que tiene lugar a niveles de procesos biológicos o en el caso de animales no humanos. Es como si en el caso humano la evolución hubiera dado un salto genético habriendo un vacío en el proceso de codificación y de-codificación el cual paradójicamente no es decible con el código que lo posibilita. Si no existiera este vacío no nos sería posible hablar sobre dicho código atribuyendo a signos aparentemente fijos un sentido ‘loco’.
Como tú dices, es importante hacer una diferencia entre lo que no se puede decir y permanece secreto pero que va pasando por los diversos significantes o en la manera del “decir indirecto” y el concepto de secreto asociado a la censura. Además está también el concepto de privacidad tanto en el sentido de poder disponer libremente sobre lo que quiero decir a otros como el de impedir a que otros entren en el espacio privado. Cuando los filósofos de la ilustración hablan de libertad de censura y en el siglo XIX de libertad de prensa se refieren, como tú dices, al concepto de secreto como algo impuesto por un poder que me obliga a no poder comunicar algo que querría que otros supieran. La necesidad social de poder comunicar todo a todos surge como utopía informacional en este contexto. Pero al mismo tiempo hay límites de este deseo social que se manifiestan por ejemplo en la necesidad de mantener secretos diversos tipos de conocimientos como los llamados secretos de estado o también los secretos de una empresa que protege su saber frente a la posibilidad de que sus productos sean copiados por los competidores.
En estos y otros casos ubicamos el concepto de secreto en el ámbito de poder el cual también pone límites (variables) a la utopía del poder comunicar todo a todos. Creo que estos límites no son sólo un problema de censura sino también que están dados por el carácter esencialmente limitado de la comunicación humana. Traducido en términos de la teoría de sistemas del sociólogo Niklas Luhmann esto quiere decir que todo sistema psíquico o social es necesariamente limitado en cuando hace una diferencia entre un mensaje como oferta de sentido (”Mitteilung”), la selección de sentido que tiene lugar (”Information”) y el intergrar dicha selección en la comprensión del sistema (”Verstehen”). Estos tres momentos constituyen, según Luhmann, el concepto de comunicación. Todo sistema opera entonces en base a un saber que sólo le es posible comunicar en forma limitada, habiendo siempre un desequilibrio entre la oferta de sentido y la selección. En el contexto que discutimos ahora podríamos decir que toda información entendida como selección de sentidos posibles de un mensaje implica una relación a lo que queda como no elegido y por tanto oculto o secreto aunque potencialmente capaz de ser comunicado en la medida en que el proceso continúe, naturalmente sin posibilidad de una comunicación de todo a todos.
Por otro lado el desarrollo actual de la red muestra la inmensa atracción de esa máxima ética: ‘¡Comunica todo a todos!’ que se transforma en un imperativo moral y conduce al desarrollo de los movimientos sociales en la red discutidos hoy bajo el término de Web 2.0. Dichos movimientos que comenzaron con listas de mensajes y chats se transforman ahora en grupos de todo tipo en el que los integrantes se reúnen en torno a un interés común, intercambiando todo tipo de mensajes multimediales en torno a un blog, construyendo un wiki, o intercambiando videos en YouTube. Esto se expresa también en el campo de movimientos políticos de todo tipo y color asi como grupos al margen o en contra de la legalidad como son por ejemplo los de pornografía infantil.
Creo que tendríamos que profundizar la relación entre secreto y memoria tomando como hilo conductor los tres sentidos de secreto que vamos elaborando, es decir:
1) secreto como dimensión de lo decible sólo indirectamente,
2) secreto como lo reprimido por procesos de censura y
3) secreto como lo que pertenece al campo privado.
Esta diferenciación tiene tal vez la desventaja de ensanchar demasiado el contenido intencional del concepto de secreto, sobre todo en el caso de la tercera definición que tiene relación con lo íntimo y confidencial. En Alemania se discute actualmente el caso de un periodista que hizo público un escándalo valiéndose de informaciones secretas en el sentido legal de secreto de estado ¿Tiene el estado derecho a obligar al periodista a denunciar a su informante? La Corte Constitucional Alemana (”Bundesverfassungsgericht”) se pronunció a favor del periodista impidiendo que al estado le sea permitido allanar el escritorio del periodista u obligarlo a delatar a su informante. La posibilidad de allanamiento se da sólo en caso que haya hechos específicos que indiquen que la persona que tiene conocimiento de dichos secretos haya voluntariamente querido hacerlos públicos. Naturalmente que el juicio de si se da esta situación o no queda a su vez a cargo de un juez. Pero en principio lo confidencial permanece confidencial posibilitando que algo secreto pero de interés público se haga público. La libertad de prensa no es menos esencial a la democracia que la protección de los secretos de estado. Ambos derechos se condicionan y limitan mutuamente. Este ejemplo muestra también lo que puede suceder cuando el estado guarda sus secretos de tal modo que un decir verdadero como el de Edda Fabbri sólo sale a la luz cuando el poder estatal es limitado.
En este punto sería interesante introducir una reflexión sobre la diferencia entre memoria individual, memoria colectiva y memoria cultural como lo ha trabajado Aleida Assmann (A. Assmann 1999) y su esposo el egiptólogo Jan Asmann quien ha hecho estudios profundos sobre lo que podríamos llamar la sociedad de la información en el Egipto faraónico (J. Assmann 1991). La memoria individual la describe Aleida Assmann como abarcando la memoria episódica, la semántica y la motórica. La memoria colectiva se refiere a experiencias de una comunidad. Esta última fue analizada extensamente por Maurice Halbwachs (1925/1985). Una diferencia interesante es la que introducen Aleida y Jan Assmann con el concepto de memoria cultural la cual está basada no en el proceso limitado de recuerdo de una comunidad y una generación sino que se extiende a largos períodos y se sostiene en base a medios e instituciones, especialmente en forma de ritos, edificios, monumentos dándose tanto en culturas orales como escritas, cuyo estudio Régis Debray llama “mediología” (Debray 2000). Naturalmente que el proceso de memoria va unido al del olvido ya que, como lo veíamos en el caso del concepto de comunicación elaborado por la teoría luhmanniana, toda memoria es producto de una selección de acuerdo a criterios del presente. En el caso que dicha selección se base en una censura debido a una supuesta culpa relacionada con lo acontecido, hablamos de represión (”Verdrängung”) (A. Assmann 1999).
El conservar un secreto (”Geheimhaltung”) es, como lo indica Hemma Boneberg (1999) una estrategia de la evolución en el sentido de una máscara o un camuflaje que impide que los competidores en el campo de la alimentación o la reproducción puedan sacar provecho del otro. En el humano se produce un proceso de segundo grado para conservar un secreto en base a signos que representan lo ausente en lo presente, haciéndolo al mismo tiempo patente. En otras palabras un signo secreto patente está codificado en forma doble. Bomberg nombra a las siguientes estrategias para conservar un secreto en forma ‘esotérica’ y ‘exotérica’ las cuales provocan la curiosidad y el deseo de quienes están excluídos, dando lugar a un proceso de des- y encubrimiento:
* la doble codificación semántica en palabra e imagen la cual hace posible dividir a la realidad entre una realidad visible y una invisible
* las iniciaciones e introducciones
* los soportes informacionales no controlables tales como sueños, visiones, oráculos y todo el campo del ocultismo y lo esotérico
* historias no comprobables
* rituales mágicos
* cultos secretos
* estructuras jerárquicas
* transformación de lo desconocido a innombrado como “secreto”
* autoreferencias
Boneberg contrapone a estas formas un tipo autoreflexivo de mantener secreto que “sabe lo que hace” en tanto transpone el proceso de ocultamiento y desocultamiento al plano individual (Boneberg 1999, 462). Estamos en el campo del saber y querer callarse en determinadas situaciones. Lo cual nos lleva una vez más a las pregunta de ¿quién dice o no que cosa a quien, en qué situación, con que razones etc.? De acuerdo a Jan Assmann, la sociedad de la información en el Egipto antiguo vivía bajo el “horror de olvidar” o bajo el imperativo “¡tú no debes olvidar!” (Assmann 1991, 182, 193). Era la casta de los sacerdotes y la institución del templo como libro o memoria la que hacía posible la diferencia entre los incluídos y los excluídos. Podríamos discutir la tesis que secreto y memoria, vistos en esta perspectiva amplia semántica e histórica, son algo específicamente humano en tanto que en ellos se juega un proceso de velamiento y develamiento de segundo grado, es decir codificado y reflexionado linguísticamente.
Raquel Retomo algunas de tus incursiones: “es importante - dices - hacer una diferencia entre lo que no se puede decir y permanece secreto pero que va pasando por los diversos significantes o en la manera del “decir indirecto” y el concepto de secreto asociado a la censura”. Sí, acuerdo contigo y agrego una complejidad más: lo que permanece secreto es algo que se supone inscripto en algún sistema de escritura o codificación. Esto es a diferenciar de aquello que se experiencia y no tiene inscripción. Hay experiencias centrales que no pueden decirse, y no por ser secretas ni por estar reprimidas, sino porque no hay manera de inscribirlas: supongo que a ello alude Wittgenstein al final del “Tractatus”. Quedar mudos ante la muerte no es quedar con un secreto, ni ante algo reprimido sino ante la imposibilidad de decir. Todo lo que allí se diga no anulará ese vacío, el decir indirecto le hará borde pero no creo que pueda llamarse a eso que no se puede decir un secreto, salvo en forma metafórica. Creo que estamos, como decía Wittgenstein, dándonos de cabeza contra los muros del lenguaje. Esto da el marco del decir. Su límite.
Rescato contigo el valor del decir indirecto y recordé a propósito el libro de Leo Strauss sobre “La persecución y el arte de escribir”, en el que analiza los procedimientos alusivos de Maimónides para hacerse entender por quienes quería hacerse entender y quedar opaco para los demás (Strauss 1989). Quienes hemos vivido situaciones de persecución política sabemos que la alusión se vuelve en esas circunstancias un refinado método de astucias para hacer llegar un mensaje a ciertos destinatarios y no a otros.
El darle la palabra a un analizante, supone darle un lugar a una verdad que está ahí, sin que sepamos qué dice como algo “casi-inolvidable” (Allouch 1998) para que al fin pueda descansar en paz. Cuando Freud habla de la represión, fundamentalmente habla del retorno de lo reprimido, por ejemplo en los síntomas. Vale decir que en lo reprimido puja por hacerse saber, una cierta verdad del sujeto. En este sentido el retorno de lo reprimido indica algo que no puede olvidarse. Hay como un exceso. Los griegos, según Marcel Destienne, distinguían un buen olvido de un mal olvido. Un buen olvido, para calmarnos del dolor, “Lethé acompaña a Eros y al dulce placer de las mujeres” y un olvido tanático, olvido negro, mortífero.
El mensaje críptico a leer en sueños y síntomas no debiera instalarse como un imperativo de recordar ni de abolir el secreto, lo que sólo serían nuevas imposiciones superyoicas: “Hay que decirlo todo, recordarlo y confesarlo todo”. Si así ubica el analista la regla de juego, bien merece las críticas de Foucault cuando observa la puesta en funcionamiento en el siglo XIX del dispositivo de la sexualidad como dispositivo de confesión y cuando considera que el psicoanálisis sería su última producción. Pero si como psicoanalista hago mía la crítica foucaultiana, diré que se trata en la experiencia del análisis de esos juegos de verdad que el mismo Foucault señala y en parte toma de Wittgenstein. Esos juegos en el análisis tienen reglas, que no son de revelar lo secreto ni de ser sinceros, sino de decir las ocurrencias del momento. Ese juego, señala Jean Allouch (1998), abre también la puerta al engaño, a la imaginación, a los recuerdos, etc.
Creo que recortamos así una pregunta acerca del estatuto del secreto, ya sea individual, familiar, político, militar, industrial, etc. Hay archivos secretos. Aquellos a los que no se llega fácil (Derrida 1995). También los archivos se depositan allí donde la memoria falla. Estos no exigen el secreto. Lo secreto es activamente puesto aparte por alguien. Es un dispositivo de exclusión. Cuando alguien habla y se le hace presente un secreto que no quiere decir, lo que ocurre a menudo es que enmudece, pues todo su flujo asociativo queda enlazado a ese secreto. Por eso en un análisis el secreto trampea la regla de juego. “Diga lo que se le ocurra”.
Ahora y con estos rodeos llego a tu propuesta: “Creo que tendríamos que profundizar la relación entre secreto y memoria tomando como hilo conductor los tres sentidos de secreto que vamos elaborando, es decir:
1) secreto como dimensión de lo decible sólo indirectamente,
2) secreto como lo reprimido por procesos de censura y
3) secreto como lo que pertenece al campo privado.”
Esta diferenciación tiene tal vez la desventaja de ensanchar demasiado el contenido intencional del concepto de secreto, sobre todo en el caso de la tercera definición que tiene relación con lo íntimo y confidencial”.
Y llego a la conclusión que está 1. el decir indirecto; 2. el retorno de lo reprimido 3. y el secreto que se instaura en la esfera pública o privada. Como verás me inclino a no seguirte en esa ampliación del concepto de secreto.
Quisiera detenerme por último en la censura tal como se instaura en la esfera pública, por ejemplo, la censura de lo que se escribe. La censura aparece como un movimiento de tachadura que deja ver aunque más no sea por los blancos que instaura en los periódicos como señalaba Freud, una operación en la que algo es puesto afuera. Freud no identifica censura y represión.
Respecto al meollo del asunto quiero enfatizar desde el punto de vista en que estoy colocada 1. la riqueza y complejidad de las relaciones del hablante a la lengua que lo habita y el riesgo de reducir esa complejidad.
2. Una forma de incurrir en ese riesgo sería alimentar la utopía de que todo puede decirse en la red, y en los encuentros virtuales. Rescatar pues el decir de los cuerpos vivos y presentes que disponen también de esta vía para entrar en comunicación.
3. Respecto a la relación memoria secreto: creo que acentuaría su estrecha conexión con los poderes en juego cada vez, que se traman con los saberes de la época. Los historiadores están concernidos en forma particular por esta cuestión de lo que se selecciona y se silencia al hacer historia, así como cada persona cuando historiza tramos de su vida. Pero lo que se silencia no necesariamente se convierte en secreto.
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