Conclusión.
Rafael Un hermoso ejemplo de memoria a través del otro y también a través de la pantalla digital y global que llamamos internet. La red digital mundial es algo así como un modo óntico del “ser-en-el-mundo” (M. Heidegger) en un medio que nos abarca pero sin ser una transcendencia metafísica. Se trata de “das Ding” o de una “cosa” que escapa exteriormente al sujeto y que sólo podemos observar desde ángulos determinados. La red digital es al mismo tiempo olvido y memoria. Una búsqueda banal con Google nos muestra claramente el alcance y los límites de lo que podemos recuperar y olvidar en base a los programas de búsqueda cuyos algoritmos, en su mayoría secretos, se basan en reglas de ex- e inclusión, sin ser necesariamente instrumentos de censura, pero si de selección. Buscando los tres términos “secreto, sociedad, información” Google encuentra unos 1,2 millones de hits. El subjetivarse en y a través de la red en las diversas formas posibilitades por los nuevos dispositivos del Web 2.0 y su intersección con los móbiles celulares así como con todo tipo de comunicación digital que enreda al cuerpo humano individual con su entorno social, político y ecológico, implica entrar en este juego de memoria y olvido digital con todas las ambigüedades, promesas, desilusiones, y peligros totalitarios que este medio hace posible siendo muchas veces difícil trazar la línea entre un estado democrático que intenta proteger a sus ciudadanos reduciendo su privacidad y opacidad en base a técnicas digitales de observación y control que pueden desembocar casi si percibirlo en una sociedad de control.
Visto así, el tema del secreto entendido como algo que el sujeto no desea que llegue a ser un conocimiento público, se vuelve paradójicamente un asunto de capital importancia para una sociedad democrática. El derecho a la privacidad se puede entender entonces no sólo como el derecho a impedir que el estado entre en el recinto del sujeto, sino también en el sentido de que el sujeto tiene derecho a decidir que información que le incumbe, a distintos niveles y en relación a distintas prácticas, va a ser abierta al público con su consentimiento. En Alemania existe este derecho bajo el término de la “autodeterminación informacional” (”informationelle Selbstbestimmung”) (Rafael Capurro 2005). Dos recientes informes, uno de la UNESCO con el titulo “Ethical Implications of Emerging Technologies: A Survey” (Rundle/Conley 2007) y el otro de la Royal Academy of Engineering “Dilemmas of Privacy and Surveillance. Challenges of Technological Change” (The Royal Academy of Engineering 2007) analizan en forma muy detallada esta temática.
Recordemos también que es justamente la red digital mundial la que provoca la crisis de aquellos regímenes modernos como son las patentes y el derecho de autor que fueron creados justamente para evitar los conocimientos secretos, proporcionando la protección legal a los inventores, autores y creadores artisticos. Tanto la ciencia como la economía modernas no pueden avanzar si no se comunican públicamente los conocimientos. Pero, al mismo tiempo, dicha comunicación no es ni absoluta ni está desprovista de dispositivos de seguridad con los cuales se crean diversas formas de privacidad y límites de acceso. Ninguna empresa, no menos que el estado, pueden prescindir de plantearse la pregunta por el límite entre lo público y lo privado incluyendo lo estrictamente confidencial o secreto. Son innumerables los casos en los que se pueden observar la ambigüedad de dichas delimitaciones, como ser por ejemplo el no publicar resultados negativos en el caso de una investigación científica cuyo conocimiento pueda llevar a cuestionar un proyecto o un producto, como tú lo indicabas ya al comienzo de este diálogo, así como también las innumerables formas de re-escribir el pasado de un país o de una empresa o de una persona… de tal manera que sólo se recuerde aquello que es conveniente a quienes detentan el poder.
Podemos decir entonces que la dimensión de lo secreto como límite de algo segregado, es inseparable de lo abierto o público de tal modo que el código secreto/público que se entrecruza con el de memoria/olvido es algo que caracteriza a toda sociedad humana en cuanto esta se constituye en el lenguaje. En este diálogo hemos intentado mostrar, de forma muy sintética y a menudo tangencial, cómo dichos códigos se juegan entrecruzándose a nivel del individuo en el psicoanálisis y a nivel de la sociedad en el medio digital. Tu indicabas al comienzo la ambivalencia del medio digital que paga sus posibilidades de comunicación global al costo de un empobrecimiento de las numerosas dimensiones de la comunicación humana. Pero también podemos decir que la red digital ofrece nuevas posibilidades de interacción social casi inimaginables hace, digamos, unos cincuenta años. Estas posibilidades implican también una reinterpretación de los códigos que mencionaba recién.
¿Qué significa vivir en una sociedad en la que la información no se caracteriza por su escasez sino por su sobreabundancia? ¿Cómo actuar frente a una cacofonía de mensajes que no vienen ya solamente desde los grandes centros de producción y distribución como lo fueron y lo son la televisión y la radio, sino potencialmente desde todas partes, ya que en principio todo receptor de la red digital es un emisor potencial y cada vez más uno real? ¿De qué forma va a influeciar esta constitución o construcción socio-digital del sujeto del siglo XXI en su inconsciente y por tanto en la práctica del psicoanálisis? ¿Cómo se va a crear una memoria cultural digital sostenible a nivel local (nacional, regional) y global? ¿Cuáles va a ser las formas positivas y negativas a nivel individual y social de la preservación de lo privado y de su forma mas estricta y ambigua, el secreto? Si definimos al secreto como “un dispositivo de exclusión” ¿cuáles van a ser los dispositivos que permitan una opción para el mantenimiento o la abolición de dicha exclusión?
Los dispositivos democráticos, tales como la libertad de prensa, son sobrepasados en cierta manera, por lo que se suele llamar la libertad de acceso a la red digital. Pero esta funciona, para decirlo en términos kantianos, como una idea regulativa o una utopía de un mundo en el que todos los seres humanos estén conectados creando algo así como una “noosfera” (Teilhard de Chardin) tecnológica. Estas y otras visiones abundan en un discurso que se autodefine a veces como “transhumano” y que parece llenar un hueco de lo real que hasta ahora era el ámbito de las religiones. Yo llamo a dichas visiones cybergnosis. En contraposición, estamos confrontados a un mundo cada vez más caótico y complejo, tanto en sus conflictos políticos, económicos e interculturales como en sus dimensiones ecológicas, frente a las cuales la red digital tiene que ser vista no como un lugar separado o independiente, en ese sentido también ‘secreto’, como se lo pensó a fines del siglo pasado, sino como un lugar ambigüo por estar entrecruzado por la estructura de lo abierto y lo cerrado tal como se manifiesta en el lenguaje y que es propia de lo humano. Podemos decir entonces, que dicha estructura determina y condiciona a la red digital mundial pero tambien viceversa, el sujeto de dicha determinación que se abre y al mismo tiempo busca la protección de su privacidad, se transforma y reinscribe en en la red digital, haciendo un nuevo juego de existencia.
Creo que podemos resumir el tema que hemos tratado constatando la ambigüedad del secreto como dispositivo de exclusión. Por un lado vemos claramente que a nivel político hay muchas veces grandes intereses de no desvelar un pasado relacionado por ejemplo con heridas provocadas por regímenes de dictadura. El secreto como dispositivo de represión en la memoria social tiene en este caso un carácter de censura y bloqueo de un proceso de recuperación de una identidad lesionada o de una herida abierta que no se quiere reconocer como tal. Pero por otro lado tenemos aspectos de la vida diaria que todos pensamos que deben ser protegidos y guardados en forma secreta dado que en caso contrario se produce una situación de peligro. Esto se ve claramente en la esfera digital cuando pensamos en datos de carácter personal y que afectan el fundamento de la vida como ser, por poner un ejemplo, la cuenta corriente o el número de una tarjeta de crédito. Los intentos de fraude digital en estos y otros campos son legión. A este tipo de estafas en la red se les llama en inglés scam y son también conocidas como estafa o timo nigeriano o timo 419 que hace alusión a un artículo del código penal de Nigeria desde donde se originaron los primeros intentos de estafas. Naturalmente que hay un anti-movimiento llamado “scam baiting” (”scam” significa estafa y “bait” significa cebo o carnada) que consiste en tratar de descubrir al estafador, es decir de evitar que permanezca secreto. Aquí vemos claramente la ambigüedad de la que recién hablábamos. Si tenemos en cuenta que los fraudes o “scams” se distribuyen sobre todo por correo electrónico como SPAM, o sea por un medio que forma parte del secreto postal, vemos nuevamente los problemas en que está ubicado hoy, en la sociedad de la información, el tema que tratamos. La constitución alemana (”Grundgesetz”) declara al secreto postal como un derecho fundamental y no menos lo hace la Declaración Universal de Derechos Humanos en el artículo 12 que dice:
“Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.”
Naturalmente que hay que ver este derecho en conjunción, por ejemplo, con la libertad de prensa. Está claro también que la protección de la correspondencia privada establece una relación de secreto frente a la inferencia del estado que no es igual, por ejemplo, a la del intento del estado a mantener secretos recuerdos sociales que puedan poner en peligro a poderes vigentes. Hay aquí una relación entre secreto y tiempo que sería importante profundizar en el marco de una antropología cultural y filosófica. Antes de terminar quisiera llamar la atención a otro campo que, junto con el campo económico de las tarjetas de crédito a las que hacía alusión, va probablemente a influenciar la vida de la sociedad de la información - sería mejor decir ‘sociedades de la información’ ya que toda sociedad humana se forma en torno a la trasmisión y la memoria del conocimiento en un sentido amplio de esta palabra, incluyendo maneras de pensar y concebir la realidad, ritos y valores, etc. - en el futuro a diversos niveles. Me refiero al genoma humano.
Una empresa norteamericana llamada 454 Life Sciences en Bradford, Connecticut (http://www.454.com) se ha propuesto secuenciar y publicar el genoma de determinados individuos, siendo el primero James Watson, co-descubridor del DNS y Premio Nobel de Medicina 1962. La pregunta que surge en caso de una divulgación generalizada de este proyecto es: ¿qué tipo de información genética pertenece a la esfera privada, es decir, que ha de ser considerada como digna de protección y por tanto no menos secreta, que, digamos, el código de una tarjeta de crédito o la cuenta bancaria? Una noticia publicada recientemente en la prensa alemana y que reproduce en forma sintética un artículo en la renombrada revista Science (Marshall 2007) se indica que Watson está de acuerdo con dicha publicación de su genoma a condición de que el gene ApoE, en el cual se puede identificar un riesgo de Alzheimer, sea borrado. Una razón importante para que esta información sea mantenida secreta es sin lugar a dudas la posible consecuencia negativa que ella tendría para los hijos de Watson en caso que se hiciera pública.
Lo que caracteriza a la problemática del secreto en la sociedad de la información digital es un cambio topológico del secreto como algo relacionado al individuo humano en su concreción corporal y psíquica, a algo relacionado con la exterioridad de su intimidad individual y/o social en aparatos de memoria digital como son el laptop y el celular. Los debates actuales sobre las posibles formas de observación e intrusión estatal secreta con la fundamentación de la seguridad pública frente a la amenaza del terrorismo son un indicio claro de este cambio topológico. En otras palabras, cuando hablamos de secreto y memoria en el contexto actual de la sociedad de la información digital abarcando desde los secretos individuales, pasando por los secretos empresariales hasta los secretos de estado, nos estamos refiriendo sobre todo a los aparatos digitales en los cuales dichos secretos están almacenados siendo protegidos por leyes fundamentales y específicas.
El debate que se abre es entonces el de determinar cuáles son los límites éticos y legales de dicha protección en circunstancias concretas, es decir, de determinar cuándo se pasa a borrar la diferencia entre los secreto y lo público de tal manera que el espejismo de una sociedad abierta que no admita ningún tipo de protección a la privacidad - el creer que todos pueden decir todo a todos y que todos pueden tener acceso a todo sin ningún tipo de respeto a, por ejemplo, los derechos de propiedad intelectual - no es sino el reverso de una sociedad fascista en la que sólo un grupo de personas se adjudica el derecho a hurgar en la memoria corporal y/o digital de los ciudadanos sin marco legal que los proteja tanto de la arbitrariedad estatal como del espionaje e intromisión sin su consentimiento. Pienso que la solución a este problema de la diferencia entre lo público y lo secreto (incluyendo lo privado) no ha de buscarse en un intento de creer que se pueda fijar definitivamente una línea de demarcación sino en mantener abierta la discusión política y académica que observe las razones por la cuales en determinadas situaciones sea conveniente mover la demarcación en uno u otro sentido. Lo básico en una sociedad democrática es que dicho debate sea público.
Raquel En estas contradicciones del mundo actual que justamente tu señalas no siempre es fácil navegar. Quiero evocar al respecto la figura de Alan Turing (1912-1954) que puede ser considerado uno de los padres de la Inteligencia Artificial y cuya vida se trama dramáticamente con el tema que nos convoca. Durante la segunda guerra mundial Turing formó parte del equipo de inteligencia que diseñó en Inglaterra una máquina llamada la ‘Bomba’ con la finalidad de explorar las combinaciones posibles generadas por la máquina codificadora alemana ‘Enigma’. Trabajó después en la Universidad de Manchester y en el programa MADAM (Manchester Automatic Digital Machine) que resultó ser el equipo de computación de mayor memoria construido hasta entonces. Pero su trabajo de descifrador de enigmas se acompañó después de la guerra de un descuido que le fue fatal. Turing denunció en la policía local un robo del que fue víctima, efectuado por un partenaire casual con el que había compartido la noche. Creyó que su homosexualidad podía ser pública y no midió las consecuencias sociales de sus declaraciones. Fue condenado a causa de su homosexualidad a un tratamiento o tortura, médico-farmacéutica equivalente a la castración. Turing se suicidó en 1954, comiendo una manzana envenenada. Se dice que la manzana de Apple lo recuerda con un guiño. Esto para acentuar que el juego de las contradicciones en las que vivimos es un juego que a veces se torna peligroso y no puede ser jugado de modo ingenuo. El otro punto con el que quiero terminar para abrir a un diálogo más amplio es el de subrayar que estar aquí reunidos para debatir sobre estos temas, marca como acontecimiento el límite de los espacios virtuales y el irremplazable lugar de encuentro de los cuerpo vivos que se regocijan en el hablar y el escucharse unos a otros.
Rafael Y también son claros los límites de los encuentros corporales sobre todo viendo las posibilidades del intercambio de información digital como lo hemos venido haciendo en este diálogo transatlántico. Creo que el ensamblaje entre los mensajes digitales y el encuentro faz a faz es algo que caracteriza a las sociedades de la información en este siglo. Es justamente este ensamblaje el que crea nuevos desafíos éticos con respecto a la delimitación entre informaciones públicas e informaciones secretas sobre todo si recordamos que el adjetivo ‘secreto’ no es algo inherente a una información sino una adjudicación a una relación siendo ‘información’ a su vez una categoría de segundo orden es decir dependiente del sujeto o sistema que la percibe como tal (Capurro / Hjørland 2003). Las diversas paradojas de la sociedad de la información a las que nos hemos referido podrían sintetizarse con el término de paradoja de Google: la buscadora quiere hacer accesible a todos, ella sola, toda la información digital manteniendo secreto su algoritmo.
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