Transformaciones globales en el contexto del cambio de época.

A partir de la percepción de dichas revoluciones, es fácil concluir, por un lado, que la crisis de legitimidad del paradigma del industrialismo que nos deja a todos vulnerables expresa la pérdida de vigencia de las ‘reglas del juego’ del desarrollo de la época histórica forjada bajo sus premisas. Por otro lado, la crisis de percepción que nos deja a todos perplejos es creada por la pérdida de vigencia del sistema de ideas de dicha época histórica. Los ‘artefactos intelectuales’ del paradigma que solía guiarnos en nuestras interpretaciones e intervenciones, forjando una visión de mundo con la cual percibíamos y manejábamos problemas y desafíos de dicha época, están obsoletos. La visión de mundo dominante ha caducado; otras compiten para reemplazarla. De esta competencia resultan turbulencias de distintos órdenes, que emergen de los cambios cualitativos y simultáneos que transforman la naturaleza y dinámica de las relaciones de producción, relaciones de poder, modos de vida y cultura dominantes durante el industrialismo (Filho et al. 2003a, 2003b, 2003c). Las implicaciones para las relaciones CTSI son profundas.
Cambios en las relaciones de producción

A pesar de que el sistema capitalista todavía persiste en la época emergente, con su nuevo sistema de técnicas (Gereffi y Korzeniewicz 1994) y su nuevo sistema de poder (Kovel 2002; Grupo ETC 2003), ya no será el mismo capitalismo. Tampoco será un capitalismo mejor. El capitalismo global estará bajo el control de unas pocas corporaciones transnacionales (Barnet y Cavanagh 1995; Korten 1996; Mander y Goldsmith 1996; Grupo ETC 2002; Bakan 2004). El nuevo régimen de acumulación de capital crea una economía inmaterial en torno a un factor intangible-información-cuya dinámica depende de la infraestructura de la comunicación. Esta economía funciona a través de redes virtuales que eclipsan la dimensión espacio-tiempo, y escapan al control de los gobiernos nacionales. En esta economía, los ricos no necesitan de los pobres; los que no participan de sus redes de poder son ignorados por ellas. Si hubieran tres mundos, estaría en formación el Cuarto Mundo, el mundo de los innecesarios: los desconectados de la era del acceso. Puesto que sin ingreso no hay acceso aún cuando hay exceso, el 80% de la humanidad está desconectada de políticas económicas y sociales, sin acceso a educación, salud, alimentación, empleo, esperanza, justicia (Dupas 2000; Rifkin 2000). El contrato social entre el capital y el trabajo se ha roto. Bajo el eufemismo de la ‘flexibilidad laboral’, la nueva economía demanda la movilidad global del capital y la vulnerabilidad local del trabajo. El capital vuela sólo y se posa en cualquier lugar para explotar mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes dóciles y cuerpos disciplinados. Globalmente, el capital es coordinado para acumular de forma descentralizada; localmente, el trabajo es desagregado en su desempeño, fragmentado en su organización, diversificado en su existencia y dividido en su acción colectiva.

Los capitalistas de la nueva economía son corporaciones transnacionales, cuyos intereses globales y ambición expansionista los transforman en actores apátridas, que no son leales ni siquiera a sus países de origen. La educación domesticada continúa su misión de reproducir antiguas y legitimar nuevas desigualdades, con un énfasis especial para la ‘brecha digital’ que nos divide en ‘conectados-desconectados’, para dar la impresión de que ahora la única diferencia entre las sociedades es que algunas son lentas y otras rápidas, reduciendo la complejidad de la problemática de la dominación a una mera cuestión de ‘velocidad’, que es una ‘cantidad’. Como consecuencia de las transformaciones en las relaciones de producción, la gestión de lo público está siendo afectada de forma negativa. Por ejemplo, la corrupción es usada como estrategia para lograr cambios en los marcos jurídicos nacionales para darle movilidad global al capital y vulnerabilidad local al trabajo. Las maestrías en negocios y administración transforman en un valor la “flexibilidad laboral” de la globalización neoliberal, mientras el “Estado-eurocéntrico-heredado” crea los dispositivos jurídicos que institucionalizan y “normalizan” el fin de los avances sociales logrados por los trabajadores. El deterioro de la cuestión laboral no sería posible sin la penetración de la corrupción en la dimensión legislativa y jurídica de esta estrategia planetaria.

Cambios en las relaciones de poder

Emergen nuevas asimetrías en las relaciones de poder bajo la presión del creciente control de corporaciones transnacionales sobre los recursos, servicios, condiciones y relaciones críticos para la sostenibilidad de la vida y su sentido en el planeta (Capra 2003; Bakan 2004). El régimen de acumulación de capital de la economía inmaterial emergente (Held y McGrew 2000) se organiza en torno a reglas transnacionales (Sklair 2001), para cuya dinámica las reglas nacionales de los Estados-naciones son una inconveniencia (Danaher 1994; Horsman y Marshall 1995), y son etiquetadas de ‘barreras’ cuyo significado negativo las hacen obstáculos que deben derrumbarse. Como consecuencia, la soberanía de los Estados-naciones es disminuida para funciones del régimen de acumulación de capital de la época del industrialismo, y fortalecida para funciones que legitiman las ‘reglas transnacionales’ del nuevo régimen de acumulación. Dichas reglas emergen no apenas de los ya abundantes tratados, acuerdos y leyes internacionales. Crece velozmente la creación de ‘estándares’ de variados tipos que integran la constitución corporativa global para manejar la economía lejos del escrutinio público y de la participación ciudadana (Busch 2000). Por eso, la democracia representativa está en crisis (De Sousa Santos 1998).

Con la formación de un Estado-red supranacional (Castells 1996), emerge un gobierno mundial-sin Presidente ni elecciones-que formula las políticas y toma las decisiones críticas para el futuro de la humanidad y del Planeta. La democracia representativa ya no representa a los intereses de las sociedades, y se ha transformado en el arte de engañar al pueblo: los que deciden no son electos para que los electos no decidan, y si deciden no deben contradecir los tratados, acuerdos, leyes y ‘estándares’ supranacionales ya ratificados por sus países. Los mismos ‘tratados de libre comercio’ (TLCs) no son tratados ni libres ni de comercio (Mora 2004). Los TLCs representan la constitución corporativa del planeta, ellos establecen reglas transnacionales homogeneas para crear un mundo institucionalmente unidimensional favorable a las corporaciones transnacionales con sus intereses globales y ambición expansionista (Wallach 1998; Grupo ETC 2002; GRAIN 2004). Sin embargo, los movimientos sociales reunidos en el Foro Social Mundial de Porto Alegre analizan dichas tendencias y proponen otra institucionalidad para reemplazar la institucionalidad global oficial actual (Sen et al. 2004), a pesar de que todavía no se vislumbra cómo eso sería posible. Las propuestas existentes van desde ignorar la actual institucionalidad hasta minarla, boicoteando sus “reglas del juego” y construyendo otras reglas, donde la sociedad prevalece sobre el Estado y el mercado (Mander y Goldsmith 1996). Por un lado, la gestión de lo público está siendo domesticada y corrompida para facilitar las nuevas relaciones de poder favorables a las corporaciones transnacionales. Por otro lado, la sociedad civil organizada está ampliando su capacidad de incidencia política para aumentar la transparencia en la gestión de lo público.

Cambios en los modos de vida

La experiencia humana está siendo profundamente transformada (Hinkelammert 1998; Rifkin 1999), y puede incluso ser extinguida (Kovel 2002), a menos que algo radicalmente diferente a la actual globalización neoliberal ocurra aún en esta primera mitad del siglo XXI (Wallerstein 1999). La experiencia humana emerge de relaciones entre los actores humanos, y entre estos y los actores no-humanos constitutivos de la misma naturaleza (Capra 1996). Dicha experiencia cambia con los avances en la cuestión de la equidad de género, sostenibilidad, participación de la sociedad civil, respeto a los derechos humanos, justicia étnica, pero muy lentamente. Está en rápido deterioro el concepto de familia, la heterosexualidad ya no es el único tipo de relación sexual aceptada, el Planeta ya emite señales de una crisis ecológica y la autoridad patriarcal ha sido cuestionada (Castells 1997). La lógica de la mercancía-donde todo se vende y todo se compra, hasta escrúpulos y principios-penetra todas las esferas de la existencia (Lander 2005), se intensifica la mercantilización de la naturaleza, se establece el mercado de la información genética, se avecinan las guerras por recursos naturales escasos, el agua (Shiva 2002)-que será la mercancía de exportación más cara de la historia de la humanidad-emerge como la principal fuente de conflictos internacionales. La genética molecular promete una vida más longeva y más sana pero no necesariamente más feliz (Rifkin 1999), los biólogos moleculares nos proponen tener hijos sin hacer el amor, la Sociobiología (Wilson 1975) promueve la discriminación genética peor que la discriminación racial (Naisbit et al. 1999) al asumir el comportamiento social a partir de la herencia genética, la humanidad sale de la dictadura reduccionista de la Física para la dictadura reduccionista de la Biología (Lewontin 1993), y el potencial para la obtención del clone humano desafía la dimensión ética del misterio de la vida.

El potencial de la biotecnología moderna es tan grande que en los Estados Unidos ya existen iniciativas que pueden derrumban la farsa del “desarrollo internacional” y el mito de las “alianzas estratégicas” que emergen como la panacea para la “cooperación” internacional y nacional:

“En el reconocimiento de la importancia de esta tecnología central [biotecnología] para el bienestar económico de la nación y para su seguridad nacional, el gobierno de Estados Unidos debería…ejercer vigorosamente prácticas comerciales injustas por medio de sus leyes comerciales y negociaciones bilaterales y multilaterales”

Edgardo Lander, Sociólogo Venezolano ha realizado un estudio para comprender el estado actual, patrones e implicaciones de La Ciencia Neoliberal (Lander 2005). Desde la perspectiva de la gestión de lo público, los resultados de su estudio son preocupantes, porque identifica corrupción hasta en el sagrado reducto de las publicaciones de los avances de la ciencia. Según Lander, crece de forma abierta la “influencia” de las corporaciones transnacionales farmacéuticas y biotecnológicas sobre las publicaciones de las investigaciones biomédicas:

“Una modalidad de control por parte de…empresas farmacéuticas sobre la publicación de los resultados de la investigación biomédica, que constituye…un fraude, consiste en la existencia de ‘agencias de escritura médica’, que con su propio personal, o mediante la contratación de ‘escritores fantasmas’ (ghost writers), escriben artículos favorables para los productos de sus clientes, que luego son presentados bajo la firma de investigadores…remunerados generosamente para que presten su prestigio” (Lander 2005:27; subrayado nuestro).

Cambios en la cultura

La facilidad de acceso a la información no encuentra parangón en la historia (Cebrián 1998). Pero nosotros vivimos la paradoja de estar ahogados en un mar de información y aún así no comprender el contexto cambiante, porque la información no es un sinónimo de conocimiento. Sin marcos interpretativos autóctonos no se puede construir comprensión a partir de la información disponible. Además, sólo el 6% de la humanidad tiene acceso a Internet, de los cuales el 80% de los accesos provienen de los 24 países más ricos (Rifkin 2000). La humanidad camina hacia la cultura de la realidad virtual (Harvey 1989). La penetración de la revolución digital en las diferentes formas de cultura abre posibilidades sin precedentes para la creación; pero las mega-fusiones entre los gigantes de la comunicación colocan dicha revolución a servicio de los intereses de actores globales con ambición expansionista, creando valores favorables al fenómeno de la corrupción necesaria para viabilizar la violación de lo humano, lo social, lo cultural, lo ecológico y lo ético, que son vistos como “barreras” a la acumulación. La ideología del mercado ya penetra y transforma la gestión de lo público; su lenguaje ya está entre nosotros y crece el número de prácticas que reflejan la lógica de la mercancía.

Está en formación la generación punto-com, a quien no importa la historia ni el contexto, pues el mundo es una pantalla donde la vida se presenta como espectáculo. Esta generación tendrá dificultad para distinguir entre la realidad real y la virtual, porque lo que no aparece en una pantalla no existe, no es verdad o no es relevante. Vivirá en un continente virtual donde se relacionará más con máquinas que con sus semejantes. Todo es resuelto por la tecnología de la información, que hace innecesarias las relaciones sociales e invisibles las relaciones políticas. Rehén de la lógica de la tecnología digital, la generación punto-com asumirá que no es necesario caminar para conocer el mundo y transformarlo, facilitando la dominación de los más poderosos, que ya no necesitarán enfrentar a las fuerzas vivas de la sociedad, sólo mensajes electrónicos, a los cuales no tienen la obligación de reaccionar. La comunicación es reinventada en este contexto sin referencia al pasado o futuro, creando imaginarios planificados para nuestra domesticación cultural, que nos forjará como internautas y consumidores cibernéticos (McChesnay et al. 1998).

Volver al Menú de este especial.

Escribe un comentario

Security Code:


Cerrar
Enviar por Correo