Transformaciones en las relaciones ciencia-tecnología-sociedad-innovación (CTSI).

“Para Descartes, como para Newton, el universo material es como una máquina en la que no hay vida, ni telos, ni mensaje moral de ningún tipo, sino tan sólo movimientos y ensamblajes que pueden explicarse de acuerdo con la disposición lógica de sus partes. No sólo la naturaleza física, sino también el hombre, las plantas, los animales, son vistos como meros autómatas, regidos por una lógica maquínica. Un hombre enfermo equivale simplemente a un reloj descompuesto, y el grito de un animal herido no significa más que el crujido de una rueda sin aceite” (Castro-Gómez 2007:82, 83)

Bajo el impacto del cambio de época histórica en curso, las transformaciones institucionales están afectando a las relaciones de la vida social organizada, incluyendo las relaciones (CTSI). Las relaciones CTSI asociadas a la ciencia para la sociedad de la época histórica del industrialismo están perdiendo (total o parcialmente) su brillo propio bajo el efecto de múltiples eclipses. Al mismo tiempo, nuevas relaciones CTSI asociadas a la ciencia de la sociedad ganan brillo propio a medida que su coherencia se legitima en correspondencia-sintonía-con la relevancia de las dimensiones humana, social, ecológica, cultural y ética de la existencia. A continuación, algunas de estas transformaciones en las relaciones CTSI son compartidas como ejemplos del ascenso de la relevancia de las ‘personas’ sobre las ‘cosas’-de lo contextual sobre lo universal, de lo interactivo sobre lo lineal, de lo ético sobre la indiferencia y el egoísmo-en la práctica científica (Capra 1996; Bentz y Shapiro 1998; Nowotny et al. 2001; De Souza Silva et al. 2006), lo que idealmente debería ser incorporado al imaginario social de las próximas generaciones.

El eclipse de la dicotomía ciencia y tecnología (CyT): tecnociencia

Históricamente, la tecnología surgió mucho antes de la ciencia, con la creación de herramientas de palo y piedra para la cacería, la pesca. Después, la ciencia nace y crea una trayectoria paralela a la de la tecnología, al punto de permitir que muchos inventos importantes ocurrieran sin su aporte teórico. Sin embargo, a partir de la Revolución Industrial, las trayectorias de ambas empiezan a converger, para luego fusionarse de forma irreversible. Ahora, la ciencia moderna ya no logra avanzar sin los aportes instrumentales de la tecnología moderna, ni la tecnología moderna avanza sin los aportes teóricos de la ciencia moderna; Bruno Latour llama tecnociencia a la fusión que hace inseparable a ambas. Antes la tecnología era percibida como la aplicación práctica del conocimiento científico. Ahora la fusión de ambas ya no permite esta separación, porque ambas se influencian cambiando la naturaleza y dinámica del proceso de su desarrollo.

Incluso, la separación entre investigación básica y aplicada ya no se sostiene, lo que transforma las relaciones CTSI. El antiguo proceso percibido como lineal, desde la ciencia hacia la tecnología, y desde la tecnología hacia la sociedad, emerge hoy como un proceso complejo sin división clara entre sus relaciones constituyentes. Sin la tecnología como intermediaria entre la ciencia y la sociedad, la investigación y su gestión están vinculadas al proceso de “desarrollo”, pero no más como factores exógenos sino como parte misma del conjunto de factores del proceso, influenciando y siendo influenciados en la interacción que construye el “desarrollo”. La práctica de la tecnociencia requiere de los científicos una dinámica radicalmente diferente de la dinámica lineal proveída por el modo clásico. Los gerentes del desarrollo no están exentos del impacto de estos cambios, porque sus enfoques han sido condicionados por el reduccionismo, linealidad, objetivismo, mecanicismo, mono-causalidad, instrumentalismo, que caracterizan el “modo clásico de generación de conocimiento”.

El eclipse de la investigación no-participativa: la presión de la interacción

Al eliminar la tecnología como intermediaria entre la ciencia y la sociedad, la tecnociencia no logra desarrollarse de forma relevante en ausencia de la interacción con los actores sociales del contexto donde aporta su contribución. Cuando se desarrollaba aislada de la tecnología, la ciencia era influenciada principalmente por la tradición filosófica del Positivismo, que también la aislaba de lo humano, lo político, lo cultural, lo espiritual, lo simbólico y lo ético, lo que igualmente se reflejaba en la comunicación del/para el desarrollo científico, tecnológico, económico. El método positivista exige la separación del investigador del “objeto” de la investigación, para evitar la “contaminación” de los resultados de la investigación con sus valores e intereses humanos. Separa también el “objeto” de la investigación del contexto de su existencia, para permitir el máximo control sobre las variables de la relación causa-efecto que se desea observar. Los problemas causados por esta doble separación son ahora visibles y poco aceptables; muchos grupos sociales presionan a los investigadores hacia una mayor interacción con los “sujetos” y el “contexto” de la investigación, para superar los límites de la investigación no-participativa y descontextualizada. Lo mismo se puede decir de la gestión, cuando se exige de la planificación gerencial la máxima objetividad, una misión imposible ya que ésta es una actividad humana impregnada de valores, intereses y compromisos. Así, los gerentes deberán interactuar con la mayor diversidad de actores sociales involucrados en un cierto proyecto o proceso, para considerar las distintas perspectivas involucradas, aun cuando tienen la obligación ética de hacer explícita su perspectiva, para que otros actores no sean manipulados por el discurso de la supuesta objetividad de las “decisiones gerenciales”. La interacción es la clave.

El eclipse de la neutralidad de la ciencia: la presión ética

La “neutralidad científica” es ahora percibida como un mito. La sociedad descubrió que la ciencia ha sido, históricamente, factor de desarrollo, desigualdad y vulnerabilidad. Después de experiencias como el Holocausto y Hiroshima, el discurso positivista de la neutralidad de la ciencia no convence a la sociedad, la cual empieza a percibir la práctica científica como una construcción social y, por lo tanto, está sujeta a la influencia de valores e intereses humanos. La gestión igualmente nunca ha sido neutral, porque esta práctica nos permite cambiar el futuro; todo lo que provoca cambios, tiene impactos, no es neutral. Muchos movimientos culturales de los años 60 cuestionaron la neutralidad científica al denunciar las consecuencias negativas del desarrollo practicado con la contribución de la ciencia moderna. La contribución de la ciencia al Holocausto, a la fabricación deliberada de la bomba atómica con fines de dominación, y al desastre causado por la Revolución Verde en la agricultura tropical bajo la premisa de que el conocimiento científico es universal y puede ser aplicado en cualquier contexto, revelan que las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad deben incluir siempre un alto contenido ético.

El eclipse del monopolio del conocimiento científico: la diversidad cognitiva

Para eclipsar otras formas de conocimiento, el Positivismo logró establecer el monopolio del conocimiento científico, a través de la premisa de que el método científico es la única forma apropiada para generar conocimiento válido. Logró así eliminar, por ejemplo, la influencia de la superstición, el poder del conocimiento generado por la religión y la relevancia del conocimiento tácito de los actores locales (ajenos a la práctica científica). Influenciada por los paradigmas de la ciencia eurocéntrica, la comunicación está condicionada por la misma doctrina positivista. En este contexto monopolista, la investigación-y su gestión-intervino en el “desarrollo” sin el aporte de los “saberes” de las sociedades locales. Junto con la supuesta neutralidad científica, la exclusividad del conocimiento científico ofrecía a los positivistas una licencia para reinar de manera absoluta en el mundo de los “expertos”. Sin embargo, el conocimiento científico no logró demostrar ser suficiente para resolver todos los problemas de “desarrollo” ni para satisfacer a todos los mortales en todas sus necesidades materiales, culturales, espirituales.

Se asiste a una (re)valorización de muchos de los “saberes” ignorados o descalificados por la ciencia positivista. La homeopatía, la acupuntura, la sabiduría de los chamanes y el conocimiento milenario de los pueblos indígenas y comunidades rurales (sobre las plantas medicinales, por ejemplo) cobran renovada importancia. Por la misma razón, las relaciones CTSI están bajo presión para incorporar el conocimiento tácito de los actores (locales), para aumentar la relevancia de los impactos del “desarrollo”, para mejorar la correspondencia entre los resultados de la investigación y el contexto de su aplicación e implicaciones. La gestión de las relaciones CTSI, con mucho más razón, debe también valorizar las historias y saberes locales. Existen saberes, porque todos aprenden y no solamente los científicos. Prevalece la diversidad cognitiva.

El eclipse de la ciencia de/para la certeza: el cambio como regla

La ciencia moderna creó la (falsa) impresión de que la realidad es relativamente estable; puede ser conocida con precisión y, por lo tanto, su funcionamiento puede ser previsto y controlado con un alto grado de certeza. Un mayor grado de control sobre la naturaleza pasó a simbolizar un mayor grado de certidumbre en cuanto a las posibilidades de la humanidad. La estabilidad era la regla y el cambio la excepción. La certidumbre basada en la estabilidad del contexto ha sido la premisa dominante para la planificación y la gestión, en la práctica científica y en otras prácticas sociales. Por eso, la mayoría de los gerentes se dedicó únicamente a la gerencia de la eficiencia (y los planificadores a la promoción de la eficiencia) ya que no necesitaban preocuparse por la historia ni por el contexto. Esto sucedió hasta que la invención de la estadística reveló que la certeza es un mito; podemos hablar de probabilidad o, en muchos casos, apenas de posibilidad.

El surgimiento de la estadística representó la confesión de la imposibilidad de la ciencia ofrecer certeza. En el presente, con el actual cambio de época, aumenta el número de los que ya asumen la incertidumbre como la premisa para la gerencia en la turbulencia. Ilya Prigogine anuncia el fin de la certidumbre, revelando que los sistemas vivos son sistemas dinámicos y, por lo tanto, con un comportamiento no-lineal es la principal característica de los sistemas complejos. Así, los científicos deben investigar conscientemente para reducir el grado de incertidumbre existente, pero nunca para revelar certezas que no existen. Los gerentes deben seguir el mismo camino. La gestión-y su planificación-deja de ser un instrumento de control para ser un esfuerzo retrospectivo y prospectivo para reducir la incertidumbre inevitable. Ya no se debe intentar predecir el futuro, ya que el futuro no es único y cierto, sino intentar comprender a los actores y a las relaciones que ellos articulan para moldear escenarios futuros, posibles pero ninguno asegurado por anticipado. En resumen, en la gestión, planificar ya no implica predecir para controlar, como ha sido el caso bajo el paradigma racionalista, sino comprender para transformar, como es el caso del paradigma constructivista emergente.

El eclipse de la ciencia benéfica para todos: poder asimétrico

Junto con la idea de “desarrollo” (progreso, modernización) se promovió también la idea de que todo lo desarrollado por la ciencia es necesariamente bueno para todos en cualquier sociedad. Asociada al mito de la neutralidad científica, esta idea tomó fuerza al punto de dejar ciega a la sociedad en cuanto a la asociación entre saber y poder y, por lo tanto, entre ciencia y poder. Ahora la sociedad entiende que, por su dependencia de financiamiento y por su poder transformador, la práctica científica es vulnerable a la influencia de los que la financian y al poder de los actores que son representados por los financistas del “desarrollo” y/o por los que tienen el poder de definir y/o influenciar la naturaleza y/o el rumbo de políticas y prioridades científicas, tecnológicas y de “desarrollo”. La gestión también ha sido promovida como necesariamente buena para todos los actores del contexto, como si su práctica no reprodujera los valores, intereses y compromisos de los que la controlan e influencian. Michel Foucault fue probablemente quien mejor explicó porqué las sociedades modernas son fracturadas por el ejercicio del poder que nos clasifica, compara y divide: buenos y malos, civilizados y primitivos, modernos y tradicionales, normales y anormales, ciudadanos y delincuentes, sanos y enfermos, pacifistas y terroristas, desarrollados y subdesarrollados. Esta fragmentación, creada por el más fuerte para la dominación de los más débiles, exige la legitimación del sistema de poder y control del comportamiento de la mayoría dominada. Ambas exigencias son incorporadas por los discursos públicos hegemónicos, que justifican la racionalidad de la forma desigual de organización social, económica, política e institucional de las relaciones dentro y entre sociedades, y que generan prácticas sociales que ocultan el uso-y abuso-del poder al mismo tiempo que aseguran sus efectos.

El discurso de la neutralidad científica-y de su gestión-muchas veces legitimó discursos hegemónicos, ayudando al poder a ocultarse en los propios mecanismos que genera. Las prácticas discursivas están impregnadas en procesos técnicos, instituciones, patrones que “normalizan” el comportamiento general, técnicas de planificación, formas de difusión, y formas pedagógicas que, al mismo tiempo, las imponen y sostienen. Como revela el sociólogo francés Bruno Latour, la ciencia se ha transformado en política por otros medios. Por lo tanto, así como la palabra de los políticos es una palabra siempre bajo sospecha, la palabra del científico ya nos es aceptada a priori sólo porque es una palabra avalada por la ciencia. Ninguna promesa oficial global anunciada en nombre del “desarrollo” en los últimos 50 años fue cumplida (Danaher 1994). Principalmente las del Banco Mundial que al inicio de los años 1970 prometió erradicar el hambre y la pobreza hasta el año 2000. La promesa hecha por el Presidente del Banco Mundial, Robert McNamara, el ex-maestro intelectual de la fracasada invasión de Vietnam, ha sido ahora disfrazada como Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODMs), que prometen lo mismo y mucho más hasta el 2015. Estas promesas nunca serán cumplidas sino recicladas para el 2030, después para el 2050, bajo la lógica de la hipocresía organizada por la “comunidad internacional” para legitimar y sustentar la decadente hegemonía de occidente en nombre del “desarrollo”.

El eclipse de la ciencia para el avance de la ciencia: la sociedad del riesgo

Bajo su supuesta neutralidad, la ciencia anunciaba que su esfuerzo era realizado para el avance del mismo conocimiento científico. La sociedad ya no tolera esta indiferencia hacia los problemas y desafíos emergentes. La sociedad de la época emergente es una sociedad del riesgo, consciente de que la ciencia así como resuelve también genera problemas. La gestión igualmente nos ha ayudado a resolver muchos problemas, pero también ha generado problemas muchas veces mayores y peores que los que resuelve. Eso significa que, si la gestión de las relaciones CTSI es para ayudar la sociedad a reducir riesgos, primero tendrá que transformarse en una gestión comprometida con la sostenibilidad de los diferentes modos de vida.

En la sociedad del riesgo a la que se refiere Ulrich Beck, la ciencia debe someterse a un mayor control social sobre la naturaleza, rumbo y prioridades de su desarrollo, así como debe generar contribuciones para ayudar a la sociedad a regular las actividades del “desarrollo”. Existe una mayor conciencia de que el futuro estará repleto de problemas, donde el riesgo pasa a ser la regla y no la excepción. Ya no es solo el pasado que condiciona el presente sino también la percepción de los riesgos futuros. Por lo tanto, gran parte del esfuerzo de investigación-y de su gestión en red-marcará el surgimiento de una ciencia regulatoria (Baldwin 2000; Watson 2000) para apoyar a la sociedad en su monitoreo y análisis de la formulación e implementación de políticas y de acciones de desarrollo de carácter estratégico.

Así, el análisis prospectivo-sobre el futuro-a partir de escenarios construidos para traer criterios desde el futuro y orientar la revisión y formulación de políticas, prioridades y estrategias en el presente, será la práctica más relevante en la época emergente. Pero gerentes de las relaciones CTSI no deben olvidar de realizar reconstrucciones históricas, para comprender cómo el presente ha sido construido, porque nuestra interpretación del pasado influencia el entendimiento sobre por qué somos como somos y por qué estamos como estamos, mientras amplía o limita nuestra imaginación en el momento de pensar, negociar, planificar, comunicar y construir nuestro futuro.

El eclipse de la relación causa-efecto: razón social

Los seres humanos tenemos razones-motivos-que la razón mecánica y la razón económica desconocen (Röling 2003). Como seres sociales, los seres humanos interactúan para construir posibilidades de vida social organizada bajo valores, creencias, intereses, experiencias, saberes, aspiraciones, compromisos y desafíos-contextualizados-que transcienden la racionalización obsesiva impuesta por la visión mecánica de mundo y el egoísmo utilitario impuesto por la visión mercadológica de mundo. Nuestras emociones emergen de la interacción entre nuestros valores, creencias, intereses, experiencias, saberes, aspiraciones, compromisos y desafíos que influencian nuestra forma de ser, sentir, observar, interpretar, intervenir y hablar. Como humanos, nosotros tenemos la capacidad de soñar. Los sueños individuales y colectivos son fuentes poderosas de emoción, pasión, inspiración y compromiso; su energía motivadora estimula nuestra imaginación y aspiraciones más allá de la lógica formal y de la utilidad económica. La expresión razón social traduce todos los motivos que constituyen la dimensión social de la dinámica de las sociedades.

Pero todo eso es ignorado por la ceguera social de la ‘ciencia moderna’, que se nutre apenas de la relación causa-efecto, bajo la influencia de la razón instrumental y de la razón de mercado, para explicar todos los tipos de fenómenos naturales y sociales. La ciencia moderna reivindica la existencia de “causas naturales” para los efectos y síntomas que necesita traducir en la forma de “leyes naturales”. Para establecer su hegemonía todavía precaria, la ciencia moderna hizo algunas concesiones a la Iglesia, admitiendo, por ejemplo, que la naturaleza revela la obra de Dios. Todo está escrito en el “libro de la naturaleza” en la forma de “leyes” a ser descubiertas para permitir la previsión y control sobre la naturaleza en nuestro beneficio. Así, los positivistas asumen la existencia de “leyes naturales” para el mundo natural, el mundo social y hasta para el mundo del mercado, como si este último fuera un mundo separado de la sociedad.

Los movimientos étnicos y sociales iniciados en los años 60, y cuyo número no para de crecer, cuestionan este “determinismo natural”, y reivindican motivos humanos, sociales, culturales, espirituales, ecológicos y éticos para explicar la experiencia humana y para influenciar el futuro de los seres humanos y de otras formas y modos de vida en el planeta (Röling 2003). Ahora, la sociedad civil exige la consolidación e institucionalización de una ciencia con consciencia, interactiva, para comprender los motivos humanos, sociales, culturales, espirituales, ecológicos y éticos que pueden ayudarnos a interpretar y superar los problemas antropogénicos que nosotros hemos generado y que hoy amenazan nuestra propia existencia y la de todo el planeta. La sociedad civil rechaza la naturaleza y dinámica de una ciencia para la sociedad, exigiendo una ciencia de la sociedad, sensible a la razón social para asegurar contribuciones relevantes para la felicidad de los seres humanos y la sostenibilidad de todas otras formas y modos de vida.

El eclipse del monopolio de la ciencia positivista: el ascenso de la vida y del contexto

El consenso positivista sobre la naturaleza de la ciencia y de la realidad ya no es el pilar esencial de la ciencia. La ciencia como creadora de verdades definitivas y de conocimiento absoluto, como lo querían los filósofos del Círculo de Viena, ha colapsado. Tampoco se sostiene la premisa de que el avance de la ciencia es progresivo, acumulativo e indefinido (Khun 1970), donde el nuevo conocimiento representa siempre una adición al conocimiento anterior, en un proceso lineal, semejante al de la construcción de un edificio, ladrillo sobre ladrillo, desde abajo hacia arriba, sin desviarse del plan original de su fundación (Capra (1996).

La ciencia positivista ha sido desafiada dentro de la misma comunidad científica, por autores como Karl Popper con su tesis del falsificacionismo, Thomas Khun con el ascenso y declinación de los paradigmas científicos, Paul Feyerabend con su problematización del método, Sandra Hardin y Donna Haraway con el desafío epistemológico desde una perspectiva feminista de la ciencia, y Bruno Latour demostrando que los hechos científicos son instrumentalmente construidos, y que los resultados científicos no emergen de forma natural sino son negociados en el proceso de la investigación, a través de prácticas discursivas de actores humanos influenciados por consideraciones económicas, políticas, etc., de su contexto, además de los aspectos científicos tradicionales. Los positivistas ya construyen paradigmas neo-positivistas, el neo-racionalismo (Anexo-2) y el neo-evolucionismo (Anexo-2), y ‘otros’ paradigmas no-positivistas emergen para orientar la generación de conocimiento, como, por ejemplo, el paradigma constructivista (Anexo-2) cuya sensibilidad social, política, ética, teórica, y metodológica consolida rápidamente su legitimidad entre actores de la comunidad científica y de fuera de ella.

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Un comentario para “Transformaciones en las relaciones ciencia-tecnología-sociedad-innovación (CTSI).”

H. Armando Llantoy Noviembre 11, 2010

Esta buensa las informaciones, gracias

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