La “idea de desarrollo” en la era de la dicotomía desarrollado-subdesarrollado.
“Por casi cincuenta años, en América Latina, Asia y África se ha predicado un peculiar evangelio con un fervor intenso: el ‘desarrollo’. Formulado…en Estados Unidos y Europa [después] de la Segunda Guerra Mundial y aceptado y mejorado por las elites y gobernantes del Tercer Mundo…el modelo de desarrollo contenía una propuesta inusitada: la transformación de las culturas y formaciones sociales de tres continentes de acuerdo con los dictados del llamado Primer Mundo. Se confiaba en que, casi por fiat tecnológico y económico, y gracias a algo llamado planificación, de la noche a la mañana milenarias y complejas culturas se convertirían en clones de los racionales occidentales de los países económicamente avanzados” (Escobar 1998:103).
“Nosotros debemos [iniciar] un programa osado para hacer disponibles los beneficios de nuestros avances científicos y de nuestro progreso industrial para la mejora y el crecimiento de las áreas subdesarrolladas [...] El viejo imperialismo-explotación para el lucro extranjero-no tiene lugar en nuestro plan [...] La mayor producción es la clave para la prosperidad y la paz [...] La clave para producir más es una aplicación más vigorosa del conocimiento técnico y científico moderno”
“Esta creciente división entre la riqueza y la pobreza, entre la oportunidad y la miseria, es tanto un desafío a nuestra compasión como una fuente de inestabilidad. Nosotros debemos incluir a cada africano, cada asiático, cada latinoamericano, cada musulmán, en un círculo creciente de desarrollo”
“Uno de los principales objetivos de nuestro gobierno es asegurar que los intereses económicos de los Estados Unidos se extiendan en una escala planetaria”
“Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del polo ártico hasta la Antártica, libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”
“Los esfuerzos masivos para desarrollar el Tercer Mundo…no fueron motivados por consideraciones…filantrópicas sino por la necesidad de traer el Tercer Mundo a la órbita del sistema comercial occidental para crear un mercado en continua expansión para nuestros [de Estados Unidos] bienes y servicios y como fuente de mano-de-obra barata y materia-prima para nuestra industria. Este fue [también] el objetivo del colonialismo especialmente en su última fase…Existe una continuidad impresionante entre la era colonial y la era del desarrollo, tanto en los métodos usados para lograr sus objetivos como en las consecuencias ecológicas y sociales de aplicarlos”
A partir de la Segunda Guerra Mundial, el discurso de un Estados Unidos superior a los países de África, Asia y América Latina incluye la “idea de desarrollo” como sinónimo de modernización y de globalización. Para justificar las desigualdades, violencias e injusticias del modernismo y del globalismo, el poderoso generoso definió modernizar y globalizar como sinónimos de desarrollar. Pero este fue el discurso público de la conveniencia. En su discurso oculto, el vencedor de la Guerra y sus aliados tienen claro que África, Asia y América Latina no pasan de lugares para su acceso inescrupuloso a mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes dóciles y cuerpos disciplinados. Para facilitar dicho acceso, la “idea de desarrollo” sigue la lógica evolucionista que asume la existencia de un camino natural hacia la perfección, con fases inevitables como ratificó Walter Rostov, en 1960, en La Etapas del Crecimiento Económico: Un manifiesto no-comunista.
La “idea de desarrollo”, que exige pensar como los desarrollados, para ser como Ellos, fue concebida lejos de nuestro contexto. Con distintos nombres (progreso, desarrollo), la idea tiene varios rostros (colonización, modernización, globalización), promete resolver problemas sociales estructurales (hambre, pobreza), a través de estrategias atractivas (préstamos, cooperación), pero no cumple las promesas (paz mundial, Objetivos de Desarrollo del Milenio-ODMs) hechas para legitimar sus consecuencias (desigualdad, violencia e injusticia).
La dicotomía desarrollado-subdesarrollado reemplaza la dicotomía civilizado-primitivo después de la Segunda Guerra Mundial con el discurso inaugural del Presidente Harry Truman el 20 de enero de 1949. La misma lógica fue usada para inventar el Tercer Mundo con el artículo científico del Demógrafo francés Alfred Sauvy, Trois Mondes, une planéte, publicado en L’Observateur de Francia, el 14 de agosto de 1952 (Rist 1997; Escobar 1998). Sin embargo, el refuerzo a los roles de la colonialidad del poder, del saber y del ser para favorecer al vencedor de la guerra y sus aliados empezó antes de 1949. Cuando Harry Truman hizo su discurso de posesión el 20 de enero de 1949, ya estaba creada la institucionalidad para la gestión de la hegemonía de los Estados Unidos. Del 1 al 22 de junio de 1944 hubo una conferencia en Bretton Woods, New Hampshire, EE.UU, para instituir una red de reglas, roles, arreglos y prácticas institucionales cuya misión es sostener los resultados de la Segunda Guerra Mundial a favor de su vencedor.
Lideran esta red el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Otra conferencia fue realizada en junio de 1945, en San Francisco, en la cual fue creada la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Con la sede de la ONU en Nueva York y del BM y FMI en Washington, no había duda sobre quién era la potencia hegemónica en comando del significado de la ‘idea de desarrollo’ y, por ende, del ‘desarrollo internacional’. Inicialmente, el FMI tenía su foco en los países más industrializados del Norte, el BM debía ocuparse de la reconstrucción de la Europa destruida por la Segunda Guerra Mundial, y la ONU se ocuparía de la consolidación de la paz, uniendo a las “naciones desunidas” con la promesa de desarrollo, si todas ellas aceptaban la ‘normalidad’-nuevo orden económico, político y militar mundial-definida por los vencedores de la guerra. Después, el BM, la ONU y el FMI cambiaron su foco hacia el Sur. La ‘agenda’ impuesta por los Estados Unidos fue la recolonización del Tercer Mundo por otros medios. En el continente americano, fue extinguida la Unión Panamericana, y fue creada la Organización de los Estados Americanos (OEA) para liderar una red institucional hemisférica que asegura la hegemonía de los Estados Unidos en el continente.
Eso ocurrió en el contexto del inicio de la llamada Guerra Fría. El ‘comunismo’ fue la etiqueta usada para construir una cultura del miedo ante el ‘enemigo público’ de la humanidad . Para contener la amenaza roja, fue creada la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En nuestro continente fue creado el Tratado Inter-Americano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la Escuela Inter-Americana de Defensa (EIAD), que llegaron a apoyar crueles dictaduras militares, bajo la estrategia de confundir nacionalismo con comunismo (Borón 2002). Estas organizaciones deberían también reproducir en sus prácticas discursivas, técnicas e institucionales el nuevo ‘credo del desarrollo’ derivado del discurso inaugural de Truman. Por ejemplo, la ONU publicó en 1951 un documento traduciendo la ‘idea de desarrollo’ como sinónimo de ‘desarrollo económico’, doloroso pero inevitable para el bien de todos.
“Hay un sentido en que el progreso económico acelerado es imposible sin ajustes dolorosos. Las filosofías ancestrales deben ser erradicadas; los lazos de casta, credo y raza deben romperse; y grandes masas de personas incapaces de seguir el ritmo del progreso deberán ver frustradas sus expectativas de una vida cómoda. Muy pocas comunidades están dispuestas a pagar el precio del progreso económico”
Esta concepción del “desarrollo” para camuflar el ‘propósito oculto’ del crecimiento económico a cualquier costo aún prevalece en la región. Por ejemplo, el 8 de mayo de 2005, Roberto Artavia, el Rector del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE), el brazo neoliberal de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard en América Latina, creado en Costa Rica con la misión de formar una generación de “gerentes gladiadores”-competitivos y egoístas-comprometidos con la visión de mundo del superior, afirmó, en el periódico La Nación de San José, Costa Rica:
“Desarrollo es una palabra que tuvimos que usar para disfrazar los cambios deseables y necesarios, pues es muy fácil resistirse al cambio, pero nadie se opone públicamente al desarrollo”
Habladas cándidamente por un representante de la comunidad internacional, estas palabras revelan que “desarrollo” sirve apenas para disfrazar la agenda oculta del superior. Permiten concluir también que Roberto Artavia ya no es latinoamericano. Él ya no habla como uno de los inferiores. Sólo un desarrollado puede ser Rector del INCAE. Roberto Artavia es uno de Ellos.
Para “ser como Ellos”-los “desarrollados”-hay que ser, sentir, pensar, hacer, hablar producir y consumir como Ellos. Sin embargo, para transformar los inferiores en superiores, el problema del neo-colonizador pasa a ser la ignorancia del subdesarrollado, razón por la cual no les queda más que imponerles, o corromperles, para hacerlos (sub)desarrollados agradecidos. Pero como la “agenda oculta” de los invasores modernos continúa siendo la acumulación de riqueza y poder, la corrupción es la estrategia preferencial en el actual imperialismo sin colonias, manteniendo antiguas y creando sofisticadas técnicas para el mismo fin. Entre las técnicas neo-coloniales para implementar e institucionalizar de la dicotomía desarrollado-subdesarrollado, se destacan:
• Espacios multilaterales. Han proliferado los espacios multilaterales cuya característica común más crítica es funcionar lejos del escrutinio público y sin la participación ciudadana. La creación de este tipo de espacio ganó notoriedad con el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT) hace varias décadas. Estos son espacios autoritarios que promueven la globalización neoliberal. Cuanto mayor es el número de espacios multilaterales menor es la autonomía de las sociedades para influenciar su propio futuro.
• Reglas transnacionales. Reglas transnacionales son definidas lejos de la realidad de los países vinculados a sus impactos y sin compromiso con el futuro de las sociedades afectadas. Los Tratados de Libre Comercio (TLCs) son un ejemplo emblemático. Los TLCs institucionalizan y homogenizan reglas transnacionales favorables a los intereses globales y ambición expansionista de las corporaciones transnacionales.
• Arreglos institucionales supranacionales. Por encima de los Estados-nación y sus constituciones, arreglos institucionales supranacionales son creados para institucionalizar reglas transnacionales definidas en espacios multilaterales. La Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) son dos ejemplos de este tipo de arreglo, que emerge dentro del esfuerzo de institucionalización internacional de la desigualdad como requisito del orden corporativo del siglo XXI.
• Agentes internacionales de los cambios nacionales. Ciertos actores institucionales son legitimados en la matriz institucional oficial global como “agentes internacionales de los cambios nacionales”, para implementar reglas transnacionales definidas en espacios multilaterales e institucionalizadas en arreglos institucionales supranacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Ejemplos regionales son la Organización de los Estados Americanos (OEA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuya agenda es promover y proteger la hegemonía del vencedor de la Segunda Guerra Mundial y sus aliados, para que estos sean los únicos beneficiarios de la guerra.
• Ajustes estructurales. Para disfrazar la “agenda oculta” de una (re)colonización por otros medios, crítica para el éxito del orden corporativo global creado por la globalización neoliberal, los agentes internacionales de los cambios nacionales se presentan como heraldos de cambios inevitables para viabilizar el “derecho al desarrollo” de todas las sociedades subdesarrolladas. Sin embargo, dichos cambios implican reestructurar las sociedades para servir al mercado global. La medida del desarrollo ya no es el grado de industrialización sino el grado de apertura comercial (Chile es el ejemplo a ser seguido en América Latina). De ahí salieron las “tendencias naturales” hacia la desregulación, liberalización, privatización, revisión/reducción del papel del Estado, modernización del sector público, tratados de libre comercio (TLCs), a partir de las décadas de 80 y 90.
No se necesita un análisis profundo de estas técnicas neo-coloniales de dominación para concluir que está en marcha la institucionalización de un gobierno mundial, sin Presidente ni elecciones, donde los que ahí deciden no son electos para que los electos no decidan. Esta es la estrategia que el vencedor de la Segunda Guerra Mundial y sus aliados usan para mantener los resultados de la guerra a su favor, confirmando la premisa de Michel Foucault de que la política es la continuación de la guerra por otros medios (Foucault 2002). En síntesis, la “descolonización” promovida por la comunidad internacional después de la Segunda Guerra Mundial no pasó de (re)colonización por otros medios (Borón 2002). El desarrollo es un mito (Attali et al. 1980)
La implementación e institucionalización de dicha estrategia ha sido apoyada por procesos de corrupción sin precedentes en la historia moderna. Sin embargo, la hegemonía no es un proceso de mano única, sin disidencia ni resistencia. El Movimiento de los Países No-Alineados es un ejemplo de desafío a la hegemonía de los Estados Unidos y sus aliados (Rist 1997). Hubo intentos de los países del “Tercer Mundo” de utilizar la ONU a su favor. En 1974, la Asamblea General de la ONU adoptó la Carta de los Derechos y Obligaciones Económicas de los Estados, un marco legal que establecía el derecho de los gobiernos a “regular y ejercer su autoridad sobre las inversiones extranjeras…regular y supervisar las actividades de las empresas multinacionales…y para nacionalizar, expropiar o transferir la propiedad de los inversionistas extranjeros” (Borón 2002:2). También se elaboró un Código de Conducta para las Empresas Transnacionales y se creó un Centro de Estudios de la Empresa Transnacional. La iniciativa fue condenada como ‘Tercermundismo’. Los Estados Unidos y el Reino Unido salieron de la UNESCO durante los Gobiernos de Reagan y Thatcher, el pago de las cuotas financieras de la ONU fue retenido, hubo recortes en los presupuestos de las Agencias de la ONU sospechosas de ‘Tercermundismo’, la Carta fue abolida, el Código fue sepultado y el Centro de estudios fue extinguido.
El nombre ‘Naciones Unidas’ es un eufemismo para su estructura no-democrática. Cinco países tienen el poder de veto en su Consejo de Seguridad, y se presentan como guardianes de la paz mientras sostienen una exitosa industria basada en la guerra, dejando para la ONU la misión imposible de unir naciones desunidas. Las funciones de las organizaciones ‘Tercermundistas’ han sido transferidas a las organizaciones de Bretton Woods (Borón 2002).
La erosión del Movimiento de los Países No-Alineados fue posible con una sofisticada estrategia de corrupción, dentro de los mismos países integrantes del movimiento, para desmoralizarlos desde adentro, amputando su espíritu para domesticar su voluntad de cambiar al mundo. Como consecuencia, la gestión de lo público en América Latina tuvo un deterioro sin precedentes en las dos últimas décadas del siglo XX. La región termina los años 90 como la más desigual del planeta (Banco Mundial 2004), con la peor distribución de ingresos y de tierras (Kliksberg 2005). Es triste concluir que “como el progreso, el desarrollo no tiene un punto de llegada. Su atracción reside en su promesa de alcanzar justicia sin redistribución [Sin embargo], la justicia implica cambiar los ricos, no los pobres” (Sachs 1999:38).
La opulencia y la miseria caminan juntas en América Latina. La región más desigual es también la que contribuye con el mayor número de nuevos multimillonarios. La corrupción estuvo presente en este proceso como uno de los más efectivos factores impulsores de la mayor desigualdad e injusticia. Con el final de la Guerra Fría, después de la desintegración de la Unión Soviética, los ideólogos del capitalismo y promotores de la globalización neoliberal desplegaron una estrategia planetaria para reemplazar la ideología del Estado por la ideología del mercado. Dicha estrategia “demanda” un esfuerzo de corrupción multidimensional sin precedentes en la historia moderna, que incluye hasta la “corrupción conceptual”. Funcionarios públicos han sido presionados a adoptar una visión mercadológica de mundo bajo la cual el Estado y sus instituciones públicas son manejados como si fueran empresas privadas. Es alto el número de empresarios actuando como Directores de entidades públicas, así como es alto el número de candidatos a puestos políticos (concejales, alcaldes, diputados), muchos de los cuales son “candidatos a corruptos”. Buscan la oportunidad para beneficiarse de la corrupción, estimulados por la impunidad-el premio máximo-que prevalece en el manejo del fenómeno en la región.
Todo eso ocurre en el contexto del fenómeno de un cambio de época histórica. El pensamiento occidental está en crisis. El paradigma del industrialismo ha colapsado como referencia para el desarrollo de las naciones del mundo. El modelo de producción y de consumo de la sociedad industrial no está en sintonía con los límites del planeta. El símbolo del “progreso/desarrollo” ya no es la chimenea humeante de las fábricas (hoy símbolo de polución) sino la computadora.
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Estuve investigando acerca de las declaraciones de Roberto Artavia del INCAE y busque en los archivos del periodico La Nacion y se lee claramente que esas declaraciones corresponde al Sr.George Cabot Lodge y no al Sr. Roberto Artavia como ud dice en este articulo. Adjunto la pagina en donde se confirma: http://www.nacion.com/ln_ee/2005/mayo/08/opinion6.html