Introducción. La dimensión institucional del orden social global
“…la geopolítica del conocimiento [...] La ‘historia’ del conocimiento está marcada geo-gráficamente y además tiene un valor y un lugar de origen [...] Los conocimientos que no se producen en una región del mundo [...] sobre todo aquel que se produce en África, Asia o América Latina no es conocimiento sostenible. El conocimiento, como la economía, está organizado mediante centros de poder y regiones subalternas [...] debemos dejar de pensar que lo que vale como conocimiento está en ciertas lenguas y viene de ciertos lugares. La geopolítica del conocimiento [impide] que el pensamiento se genere desde otras fuentes [...] El pensamiento crítico…deberá ser un proceso de descolonización intelectual [para] contribuir a la descolonización de otras áreas, ética, económica y política” (Mignolo 2003:1, 2, 3, 23; subrayado nuestro).
“…la colonialidad del saber, esto es, el carácter no sólo eurocéntrico sino articulado a formas de dominio colonial y neocolonial de los saberes de las ciencias sociales y las humanidades, no tiene que ver sólo con el pasado, con las ‘herencias coloniales” de las ciencias sociales, sino que juega igualmente un papel medular en el dominio imperial/neocolonial del presente [...] Estas transformaciones institucionales globales significan la extensión de la lógica del mercado, [hacia] una sociedad de mercado [...] mediante el establecimiento de barreras de separación que garanticen que los procesos democráticos no podrán generar mecanismo alguno de regulación o control del mercado, y [...] mediante la extensión de los ámbitos de la vida social en los cuales impera la lógica del mercado como principio organizador primario [...] La teoría política [negligencia] los asuntos crudos del poder [...] La sociología latinoamericana abandonó su tradición crítico-reflexiva [...] Es la economía que ocupa el lugar central en las ciencias sociales contemporáneas” (Lander 2000:53, 61, 63; subrayado nuestro).
“Los países pobres difieren de los países ricos…porque tienen menos conocimiento. La generación del conocimiento es muy cara, y este es él por qué la mayor parte del conocimiento es generado en los países industriales. El Informe del Desarrollo Mundial propone que miremos los problemas del desarrollo desde la perspectiva del conocimiento. Los países en desarrollo no necesitan reinventar la rueda. En vez de re-crear el conocimiento ya existente, los países más pobres tienen la opción de adquirir y adaptar…conocimiento ya disponible en los países más ricos. Adquirir conocimiento implica acceder y adaptar conocimiento disponible…a través de un régimen abierto para el comercio, inversión extranjera y [licensing agreements]…asegurando que el pobre tenga acceso. La distribución desigual de la información no puede jamás ser eliminada, pero puede ser mejorada” (World Bank 1999:1-14; subrayado nuestro).
Si el poderoso se presenta como generoso, compartiendo los secretos de su éxito y prometiendo “ayudarnos” a ser como Ellos, sospechemos. El Banco Mundial representa al vencedor de la Segunda Guerra Mundial y sus aliados, los desarrollados, que “ayudan” los subdesarrollados a ser como Ellos. Como ninguna promesa oficial hecha en nombre del “desarrollo” ha sido cumplida (Danaher 1994), así como los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs) tampoco serán cumplidos, verifiquemos las premisas que sostienen sus promesas. Si son falsas, las sospechas están confirmadas. Falsas premisas conllevan a falsas promesas y soluciones inadecuadas. Un esfuerzo combinado de etnografía institucional y descolonización epistemológica desentraña la trama de relaciones y significados que reproduce la geopolítica del conocimiento (Lander 2000b, Mignolo 2003) que nos presiona a pensar como Ellos…para ser como Ellos.
Desde 1492, el poder está con los que generan y usan su conocimiento científico (Bell 1995). Si a un mapa de las desigualdades socioeconómicas fuera sobrepuesto un mapa de la generación y uso de conocimiento científico propio, ambos coincidirían (Goonatilake 1984). El más fuerte ha usado su poder político, económico, militar y científico para la institucionalización internacional de la desigualdad que permite al dominador acceder de forma inescrupulosa a los mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes dóciles y cuerpos disciplinados de los dominados, violando lo humano, lo social, lo cultural, lo ecológico y lo ético. El Informe del Desarrollo Mundial de 1999, Conocimiento para el Desarrollo, Banco Mundial, citado en esta introducción, propone la continuidad de este orden “natural” de las cosas.
El Banco Mundial promueve la dicotomía superior-inferior (desarrollado-subdesarrollado), a partir de falsas premisas: (i) conocimiento es sinónimo de información; (ii) el conocimiento científico es universal y neutral; (iii) el conocimiento científico generado desde los países inferiores sería idéntico al generado desde los países superiores, razón por la cual estarían necesariamente reinventando la rueda; (iv) existen países superiores que generan conocimiento científico válido para todas las realidades, y países inferiores que son receptores de lo generado por los primeros; (v) la causa de todos los problemas complejos de los países inferiores es la falta de conocimiento científico; (vi) el conocimiento que necesitan los países inferiores-pobres-para ser como los países superiores-ricos-ha sido generado y está disponible en los países “desarrollados”; (vii) la forma práctica de los países inferiores acceder al conocimiento que necesitan es comprándolo a los países superiores; (viii) la distribución desigual de la información-conocimiento-jamás será eliminada, apenas mejorada (como si fuera un fenómeno “natural” que no se puede manejar). En síntesis, bajo la ideología del mercado, los ricos ya no ayudarán a los pobres, como recomendó la Rerum Novarum en 1891. Siguiendo la geopolítica del conocimiento, la lógica de la mercancía ha profanado el santuario intangible del pensamiento. Todo se compra todo se vende, hasta el saber (del rico). Para que la pobreza sea transformada en fuente de riqueza, el rico ha definido que, para ser como Ellos, el pobre debe ahora pagar para imitarlos.
Esta estrategia político-ideológico-epistémica condiciona el pensamiento dominante en América Latina desde 1492. Sin embargo, la humanidad experimenta un cambio de época histórica desde los años 60. El pensamiento occidental está en crisis. Rupturas paradigmáticas de diferentes ordenes fracturan la coherencia[1] institucional de organizaciones, empresas, programas, porque estos pierden correspondencia[2]-sintonía-con su contexto cambiante, donde las relaciones de producción, relaciones de poder, modos de vida y cultura dominantes durante la época histórica del industrialismo experimentan transformaciones veloces, profundas y simultáneas. La sociedad industrial ha construido para sí una coherencia simbólica, productiva y de consumo que no está en correspondencia con las potencialidades y límites del planeta. Otros paradigmas emergen con otra época, pero no todos son compatibles con un futuro relevante para la mayoría, como los asociados al pensamiento unidimensional de la globalización neoliberal. Es hora de romper con la colonialidad del poder (estructura global de poder creada a partir de la idea de raza), colonialidad del saber (geopolítica del conocimiento que instituye y hace prevalecer la visión de mundo del dominador) y colonialidad del ser (violencia física, conceptual y espiritual sobre los pueblos para destruir su identidad y abortar su voluntad de cambiar el mundo) establecidas históricamente.
El Banco Mundial aspira convencernos de su pensamiento, como si éste fuera “neutral”. No existe un modo de pensar neutral. El pensamiento de una comunidad de actores refleja un régimen de verdades sobre la realidad y su dinámica. Dichas verdades son establecidas en su imaginario a lo largo de su historia. Un modo de pensar traduce una cierta forma de ser y sentir y condiciona una cierta forma de hacer y hablar, porque articula símbolos, códigos y significados de los que han creado dicho pensamiento. Al adoptar un modo de pensar ajeno, nuestro imaginario es transformado a partir de la visión de mundo de sus creadores, y es probable que incorporemos sus valores, intereses y compromisos, junto con su concepción de realidad. Eso se manifiesta en el cotidiano de los actores sociales a través de un proceso culturalmente invisible pero altamente efectivo, donde se encuentran valores, procedimientos, estándares, técnicas, normas y prácticas institucionales. Sus impactos combinados condicionan el modo de vida de los grupos de actores sociales cuyo cotidiano depende de dichas reglas, que se transforman en “reglas de la vida”.
Imaginemos la cantidad de reglas de este tipo condicionando la vida de todas y todos los que son todavía dependientes de la “idea de progreso/desarrollo”. Sus valores, normas, estándares, técnicas, premisas, conceptos y prácticas institucionales establecieron un cierto orden social global conveniente al desarrollo del capitalismo desde 1492, con el poder del Estado moderno y el saber de la ciencia moderna, movilizados para implementar la dicotomía superior-inferior. Desde la perspectiva filosófico-metodológica de la etnografía institucional (Smith 1990, 2006), este proceso articula un discurso hegemónico (fuente de realidad), reglas políticas (fuente de poder), roles epistemológicos (fuente de verdad), arreglos institucionales (fuente de patrones de comportamiento), significados culturales (fuente de sentido) y prácticas sociales (fuente de cambio). Así, gerentes de procesos para la generación, apropiación, aplicación e implicaciones de conocimiento en la región necesitan entender las relaciones y significados ocultos en la dicotomía superior-inferior promovida por el Banco Mundial, legitimada por el paradigma clásico de la ciencia moderna, y reproducida por el Estado-eurocéntrico-heredado de Europa occidental.
Dichas relaciones y significados emergen de la interdependencia entre poder (política), saber (ciencia) y vida (ética), lo que exige la gestión de procesos vinculados a las relaciones ciencia-tecnología-sociedad-innovación (CTSI). De los impactos combinados de la política, la ciencia y la ética en la experiencia cotidiana de los individuos emergen procesos de cambios convergentes, divergentes y contradictorios con consecuencias para las relaciones CTSI. Dichas relaciones son vistas con una dinámica lineal: ciencia+tecnología=innovación=crecimiento económico=bienestar social. Pero esta ecuación es concebida desde falsas premisas. Primero, ciencia+tecnología resulta en innovaciones que también crean desigualdad y vulnerabilidad. Segundo, crecimiento económico no se traduce en bienestar social generalizado. En el capitalismo, la acumulación ocurre con concentración. Por ejemplo, en Brasil, el crecimiento económico ocurre con exclusión social; su competitividad ha costado al país la tercera peor distribución de ingreso del planeta. Finalmente, dicha ecuación asume como innecesaria la participación de la sociedad en la formulación de políticas, definición de prioridades y toma de decisiones asociadas a la naturaleza y rumbo del desarrollo científico y tecnológico, con la falsa disculpa de que este es el mundo de los expertos, el mundo de la razón. Históricamente, dicha ecuación integra el discurso hegemónico de occidente como parte de la estrategia institucional planetaria para crear un orden social amigable a la sostenibilidad del capitalismo global.
La labor de instituciones hegemónicas, como el Banco Mundial, es domesticar el comportamiento de la mayoría de tal forma que de eso resulte un determinado orden social conveniente al más fuerte para que éste ejerza su derecho a la dominación y exija de los subalternos la obligación de la obediencia, para que el primero establezca su acceso a los mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes dóciles y cuerpos disciplinados de los últimos, violando lo humano, lo social, lo cultural, lo ecológico y lo ético siempre que necesario. Cada época crea una institucionalidad que promueve y protege un cierto orden social. Es posible que guerras totales reconfiguren la geopolítica del poder, exigiendo la reconfiguración de la institucionalidad vigente sin necesariamente transformar su naturaleza y propósito, como ocurrió a partir de la Segunda Guerra Mundial. La institucionalidad formada a partir del Estado moderno y de la ciencia moderna para viabilizar el capitalismo en los últimos siglos no ha sido alterada en su naturaleza y propósito sino apenas en su dinámica a partir de la Segunda Guerra Mundial. Apenas el centro del poder y saber hegemónicos fue geográficamente reubicado de Europa occidental para los Estados Unidos, que continuó con la misma intención de dominación. Por eso, es imprescindible romper las cadenas mentales de la colonización cultural que en África, Asia y América Latina mantiene a los gerentes de procesos para generar conocimiento e innovaciones rehenes del pensamiento subordinado al conocimiento autorizado por el más fuerte. Para abrir paso a la liberación y movilización de la indignación, imaginación, capacidad y compromiso de los talentos gerenciales de la región, el documento construye y articula cinco marcos de referencia:
* Un marco conceptual construido a partir de la distinción entre datos, información, conocimiento y sabiduría.
* Un marco metodológico construido desde la perspectiva filosófico-metodológica de la etnografía institucional para identificar la génesis y seguir las huellas de la dicotomía superior-inferior que en el pasado nos clasificó en civilizados-primitivos y nos jerarquiza hoy en desarrollados-subdesarrollados, creando una geopolítica del conocimiento que nos hace receptores de ideas, conceptos, teorías, paradigmas y modelos concebidos lejos de nuestra realidad y sin compromiso con nuestro futuro.
* Un marco histórico construido a partir de la génesis del fenómeno del cambio de época histórica en curso que fractura antiguos y permite la emergencia de otros paradigmas para la generación de conocimiento e innovaciones, lo que está transformando la naturaleza y dinámica de las relaciones ciencia-tecnología-sociedad-innovación (CTSI).
* Un marco prospectivo construido a partir de paradigmas y escenarios emergentes, desde la premisa de que la humanidad experimenta su tercero cambio de época. Cada escenario crea opciones convergentes, divergentes y contradictorias para las relaciones CTSI y la generación de conocimiento e innovaciones.
* Un marco propositivo construido a partir de la desobediencia epistémica que emerge de la indignación ética con la colonización cultural que nos mantiene rehenes de las reglas de la vulnerabilidad del paradigma clásico de la ciencia moderna, constitutivo de la dicotomía superior-inferior. Este marco comparte premisas liberadoras del pensamiento, para contribuir a la generación de conocimiento significativo e innovaciones relevantes para la sostenibilidad de todas las formas y modos de vida.
La conclusión es una reflexión sobre la complejidad y contradicciones de la gestión de procesos para la generación de conocimiento y la construcción de innovaciones. El documento propone un epitafio para la “idea de desarrollo”, a partir de la premisa de que nunca hubo, no hay ni habrán civilizados-primitivos o desarrollados-subdesarrollados, porque siempre fuimos, somos y seremos “diferentes”. Se defiende un futuro donde quepan todos, argumentando por una concepción de realidad que asume el mundo como una trama de relaciones y significados entre distintas formas y modos de vida, y por la filosofía de innovación que propone cambiar las personas que cambian las cosas, y no cambiar las cosas para cambiar las personas. Si el paradigma clásico-universal, mecánico y neutral-de la ciencia moderna no ha construido un mundo relevante para todos, ha llegado la hora de innovar nuestra forma de innovar, con un paradigma contextual, interactivo y ético (Escobar 2005; De Souza Silva et al. 2006).
[1] El concepto de coherencia se refiere a la consistencia-grado de sintonía-interna entre los elementos constitutivos de un determinado conjunto o entre las relaciones y significados constitutivos de la naturaleza y dinámica de un cierto sistema. Cuanto más alto es el grado de coherencia interna de una organización, empresa, programa, más alto es su eficiencia en el manejo de sus recursos/medios abundantes o escasos.
[2] El concepto de correspondencia se refiere a la consistencia-grado de sintonía-externa entre los elementos de dos o más conjuntos diferentes, o entre las dinámicas de los conjuntos de relaciones y significados de dos o más sistemas distintos. Cuanto más alto es el grado de correspondencia externa de una organización.
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