Génesis del actual cambio de época
El cambio de época histórica no puede ser comprendido a partir de las “tendencias naturales” anunciadas por los promotores de la globalización neoliberal. Los temblores que crean el cambio de época que nos hace vulnerables tienen epicentros “antropogénicos”-creados por la acción humana. Dichos epicentros son tres, y se expresan a través de tres revoluciones: tecnológica, económica y cultural.
Revolución tecnológica: otro sistema de técnicas para transformar la realidad
Están en curso varias revoluciones como la robótica, biotecnología, nanotecnología, neurociencia, nuevos materiales y tecnología de la información (Grupo ETC 2002). Sin embargo, la revolución en torno a la tecnología de la información difiere críticamente de las otras, porque las demás dependen de ella para sus avances. Hasta el proyecto genoma (del mundo de la biología moderna) no sería posible sin los avances en la tecnología de la información. Además, su lógica digital penetra y transforma todos los medios y formas de comunicación. Cuando hablamos de “biochips”, redes electrónicas y cambios de naturaleza virtual, inmaterial y digital (Castells 1996; Cebrián 1998), nos referimos a cambios que no pertenecen al industrialismo sino que forjan ‘otra’ época histórica. Bajo su racionalidad instrumental, todo es reducido a procesos de acceso, consumo, procesamiento, producción, venta y compra de información.
Revolución económica: otro régimen de acumulación y otra institucionalidad para su gestión
La crisis económica iniciada a finales de la década de los 70 era un mero indicador de una crisis más profunda del régimen de acumulación de capital de la época del industrialismo. Lo que muchos llaman globalización no pasa del intento planetario de establecer un nuevo régimen de acumulación del capitalismo global, otra institucionalidad para su gestión y otro discurso-sistema de ideas-para legitimar sus correspondientes contradicciones e injusticias. Así, la liberalización, desregulación, privatización, ajuste estructural y tratados de libre comercio son cambios que no tienen sentido en el industrialismo sino que forjan otra época histórica. Bajo su racionalidad económica, el mercado, el sector privado y los países ricos-superiores-son la única fuente plausible de solución para todos los problemas de la humanidad y del planeta, mientras el Estado, el sector público y los países pobres-inferiores-son la única fuente de todos los problemas. Con el reemplazo de la ideología del Estado por la ideología del mercado, la lógica de la mercancía ya penetra todas las esferas de la existencia. Ahora, que hasta lo que antes era sagrado es profanado, como la esencia de la vida, la humanidad experimenta la mercantilización de la naturaleza y de la propia existencia (Shiva 1992; Kuttner 1998; Capra 2003; Bakan 2004).
Revolución cultural: la relevancia de lo humano, lo social, lo cultural, lo ecológico y lo ético
A partir de la década de 60, movimientos étnicos y sociales proliferaron desafiando premisas de la civilización occidental y valores de la sociedad industrial de consumo. En su conjunto, por ejemplo, el feminismo, ambientalismo, derechos humanos, cuestión indígena, participación de la sociedad civil, transparencia en la gestión de lo público, ellos están rescatando y promoviendo la relevancia de lo humano, lo social, lo cultural, lo ecológico y lo ético. Cada uno denuncia algún escándalo asociado a la humanidad o al planeta y propone su reconstrucción bajo valores, intereses y compromisos diferentes de aquellos que generaron los problemas a superar. Los cambios que privilegian lo humano, lo social, lo cultural, lo ecológico y lo ético no tienen sentido dentro del paradigma del industrialismo sino que forjan ‘otra’ época (Harvey 1989; Capra 2003).
Eso ocurre bajo una racionalidad comunicativa donde la solución de problemas antropogénicos requiere reflexión, interacción y negociación. Bajo esta racionalidad relacional , la sostenibilidad emerge de la interacción humana (Röling 2003); nuestra interdependencia nos transforma en ángeles con apenas una ala, que no logran volar si no lo hacen abrazados. Esta revolución es contraria a los intereses de los que usan la corrupción como estrategia para la acumulación de riqueza y poder, porque la corrupción es incompatible con la interdependencia que requiere solidaridad para la sostenibilidad. Los actores que lideran dicha revolución critican la naturaleza del orden corporativo global emergente que establece otro régimen de acumulación para el capitalismo global y crea otra institucionalidad para su gestión, que no son viables sin corrupción, porque no pasan de reglas, roles, arreglos y prácticas de dominación que renuevan y agudizan la institucionalización internacional de la desigualdad para la acumulación de riqueza y poder.
