Artículos técnicos y de opinión, seleccionados del mes:
Violencia duradera
Por Abdeslam Baraka, desde Marruecos
Lo que parecía tomar los colores de primavera, en aras de un renacer democrático y pacífico al sur del Mediterráneo, se esta transformando en un proceso sangriento y devastador, con consecuencias imprevisibles sobre la situación geopolítica y el futuro de los pueblos de la zona. Sin embargo, desde los primeros brotes de la revolución del Jazmín, que supo mantener el relativo carácter pacífico del movimiento, a pesar de su espontaneidad y ausencia de liderazgo, la mayoría de los observadores no dudaban en apostar por la teoría de los dominós, cuando no se arriesgaban a la imprudente comparación con la caída del muro de Berlín.65 años años después: Hitler y los alemanes
Por Hernán Dinamarca, desde Alemania
A quienes amamos la Historia nos sobrecoge observar hoy hechos que mañana serán hito, más aún cuando estos evocan con una nueva mirada un pasado con ecos intensos. Eso es lo que he vivido una fría y brumosa tarde en este enero berlines, al visitar la exposición “Hitler y los alemanes: comunidad y crímen” (1).
Desde el 15 de octubre recién pasado y hasta el 6 de febrero del 2011, en el Museo histórico de Alemania, en Berlin, por primera vez después de 65 años se exhibe una muestra de la compleja relación del pueblo alemán con su “conductor” (Führer). Casi siete décadas pasaron para que los alemanes rompieran un tabú. Se trata de un hecho histórico. Hasta hoy las evocaciones del ayer fueron siempre para mostrar el holocausto y el dolor causado por el tercer Reich. Ahora, sin soslayar ni olvidar el horror, esta exposición ha ido más allá, lo que en aras de la sanación de una comunidad es un paso nada trivial.
La muerte argentina
Por Osvaldo Bayer, desde
Se cumplen treinta y cinco años. Escribo esto para los jóvenes que no vivieron ese pasado. Es una síntesis para tener en cuenta. Sólo queda el recuerdo del dolor ante crímenes como nunca habían ocurrido antes en la Argentina. De militares que se creyeron dueños de la vida y de la muerte. Con una sociedad civil cómplice. Una dictadura de la quema de libros y de la “desaparición”. De campos de concentración, de torturas y robos de las pertenecias de las víctimas. De personajes uniformados que se creían omnipotentes. De sectores económicos, intelectuales y religiosos que apoyaron desembozadamente ese sistema para “pacificar el país”. Miles de exiliados. La Muerte con todo su rostro de cinismo.
Revoluciones, nuevas tecnologías y el factor etario
Por Jorge Majfud, desde Uruguay / EE.UU.
El común acuerdo en nuestros días es que la reciente revolución árabe se debe principalmente a las nuevas tecnologías. Sin embargo, revoluciones sociales han existido a lo largo de toda la Era Moderna (de hecho es uno de sus pilares fundamentales) mucho antes de Internet o las redes sociales.
Al igual que la imprenta de piezas móviles en el siglo XV o los periódicos en el siglo XVIII, las nuevas tecnologías de la información y de la difusión cultural han sido siempre factores de precipitación de un fenómeno, pero rara vez su primera causa. Por el contrario, la imprenta surge después de la maduración de la revolución humanista, iniciada un siglo antes. La reforma de Lutero (paradójicamente consecuencia de la revolución humanista y más tarde paradigma de los conservadores antihumanistas más radicales) y la no menos violenta contrarreforma, hicieron de casi todo el siglo XVI un siglo reaccionario en términos sociales.
Educación y agua como urgentes necesidades
Por José Carlos García Fajardo, desde España
La FAO y otras agencias e instituciones supranacionales llevan años priorizando el uso múltiple de los sistemas de agua para proporcionar a los usuarios más vulnerables servicios de bajo costo para agua de uso doméstico, agrícola (riego, secano), ganadero. También para el riego de jardines así como para mantener el hábitat de peces y otros recursos hídricos y prestar servicios a las pequeñas empresas rurales de abastecimiento de agua.
El agua es el indiscutible tesoro para la supervivencia de nuestro planeta, más que el oro, los hidrocarburos o las nucleares, pues el desarrollo de energías alternativas tiene que estar acompañado de la educación pública y gratuita para todos los seres humanos. De esta forma la explosión demográfica será contenida como sucede en los países en los que la mujer tiene acceso a la educación y a puestos de trabajo iguales a los de los hombres. Así se podrá desactivar esa arma de destrucción masiva que llevó a la población mundial de un millón doscientos mil seres humanos, en 1914, a seis mil millones en 1991. Actualmente, en menos de 20 años ya hemos alcanzado los siete mil millones de personas. Cualquier proyecto de prepararnos para la población que, a semejante ritmo, habría en 2050, sería una locura. Hay que invertir el problema y actuar sobre las causas de esta natalidad incontrolada, y esto sólo se consigue mediante la educación, la sanidad, la maternidad responsable y el cuidado de las riquezas naturales
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